Los Paraísos Artificiales



Los Paraísos Artificiales
Más allá de los estilos,la emoción y la retórica, a los peruanos los discursos del 28 les provocan flores y temblores.

Alan García Pérez : del mozallón al expropiador. Las metas se pulverizaron. Fernando Belaunde: dos períodos para un verbo encendido.

EL rito del discurso presidencial el 28 de Julio tiene múltiples expresiones en nuestra vida republicana. Pero siempre han sido claras, cuando menos dos tendencias.
Optimismo y esperanza en los primeros años de la administración entrante, fatiga y rechifla a la culminación de los gobiernos.
Con razón, la ciudadanía empezó a tenerle miedo a los discursos del 28, sea porque eran el gran manto oficial que negaba la realidad, o por ser el pretexto que permitía dar grandes "sorpresas", que en lugar de restaurar la popularidad perdida, ahondaba el foso de credibilidad que separaba a la opinión pública del debilitado gobierno en pos de gestos hercúleos para lograr un mínimo de respeto.
En el siglo XIX, los mensajes presidenciales eran piezas retóricas de lucimiento personal y de un tinglado de promesas.
No existían medios de comunicación que irradiaran esas piezas oratorias de inmediato, de modo que por largos días los diarios deshilachaban los pasajes memorables y le daban o le quitaban el beneficio de la duda, según se fuese leal seguidor u opositor hepático.

Juan Velasco Alvarado: el peor error, ya en plena caída, la expropiación de los medios de comunicación. El autoritarismo es el peor consejero.

Don Manuel Pardo inaugura en 1872 el primer gobierno civilista cuando ya los brillos dorados de la prosperidad guanera se habían esfumado. Se centra entonces en el propósito de concretar " una República práctica, una República de la Verdad".
El legendario Nicolás de Piérola en su breve mensaje al iniciar su segundo mandato el 8 de setiembre de 1895 habla de un Perú "harto de daño, con la voluntad omnipotente de un pueblo que quiere su salud".
A su turno, Augusto B. Leguía, al iniciar su gobierno provisional el 4 de julio de 1919, es el primer mandatario civil que no lee su mensaje ante el Congreso, pues al llegar abruptamente al poder lo disuelve.
73 años después, es decir, en 1992, año del autogolpe, el Presidente Alberto Fujimori daría su mensaje fuera del Congreso, pues había hecho lo mismo entre gallos y medianoche.
La "Patria Nueva" verá una sucesión de discursos dispares. Leguía habló de " una democracia efectiva" que olvidó con prontitud, recibió homenajes, sufrió severas críticas por sus anuncios de resolución de los diferendos con dos países vecinos -Chile y el Tratado de 1929 y Colombia y el recusado Tratado Salomón Lozano por el cual el Perú perdía Leticia- y se cegó con anuncios triunfalistas que la cruda realidad contradecía.

El anuncio de la toma de los diarios en 1974 provocó un estallido de violencia. Los detenidos fueron conducidos al Potao.

En su mensaje de 1939, Prado desencanta a sus electores, especialmente apristas, guardándose en el bolsillo su promesa de dar la amnistía política. En cambio, Bustamante concede la ley del perdón, y salen de las cárceles cientos de apristas y comunistas.
En su primer mensaje como presidente constitucional, Odría anunció, entre otras cosas: "La mano firme de mi gobierno, con la colaboración de la ciudadanía, espera conducir a la patria por el amplio y luminoso camino de la cultura, de la grandeza material y la democracia. Ni una ni otra promesa se cumplirían durante su régimen, excepto, claro está, aquello de "la mano firme de mi gobierno". Anuncio que equivalía a mano dura o autoritarismo.
Pero en 1963 ocurre algo que deja absorto al país: Belaunde da su mensaje, por primera vez en la historia, sin papel en la mano, mostrando una memoria prodigiosa. Anuncia que los últimos serán los primeros; el restablecimiento de las elecciones municipales; la marginal de la selva y la solución del problema de La Brea y Pariñas en el plazo de 90 días. Pero si bien en su gobierno se recuperó la democracia, no tuvo la habilidad para salir adelante.
A su segundo gobierno, en 1980, promulga la Constitución de 1979, declara la amnistía y dispone la devolución de los diarios incautados a sus dueños. Vuelve a resplandecer la democracia, pero con el paso de los años, el terrorismo y la crisis económica comienzan a agudizarse.
En 1985 Alan García impone un nuevo estilo, esgrimiendo una y otra vez el puño, impacta a la audiencia con una prédica que sorprende hasta a sus propios compañeros. Luego de hablar del asfixiante centralismo limeño, de la corrupción, de la empleocracia, el gasto militar, el desbarajuste político y de "nuestra pobreza", inducida por los gobiernos anteriores, dijo, levantando la voz, que a todo aquello se sumaban la explotación de las grandes potencias, la banca internacional, el FMI, los traficantes de la muerte. Y en pie de guerra, pasando de la retórica a la acción, anunciaba seis proyectos y varias iniciativas. Durante un año el Perú no dedicará más del 10% de sus exportaciones a amortizar su deuda externa, que en esa coyuntura bordeaba los 14 mil millones de dólares; duplicará las sanciones para los empleados públicos que delinquen; reducirá la compra de una escuadrilla de Mirage 2.000, de 24 a 14; reducirá el sueldo del Presidente, esperando que los congresistas hagan lo mismo y reorganizará y purgará las Fuerzas Policiales en un plazo de 60 días.
Finalmente, recurriendo a un estilo efectista que tenía mucho de político, se despedía del Congreso, exclamando: "Yo anuncio que el futuro será nuestro. Ese es mi compromiso y aquí está el testimonio de mi vida y mi persona ante la muerte".
En su mensaje de julio de 1987 Alan García anuncia la estatización de la banca. Su solo anuncio estremece el país.
Y en circunstancia en que el país padecía una crisis sin antecedentes en el siglo llega Alberto Fujimori al poder, quien en su primer mensaje presidencial dijo, quizá con poco realismo, que la moralización dejará de ser vocablo de rutina cada 28 de julio; lo que era prometer el cielo en una tierra donde la corrupción cabalgó ruidosamente desde los tiempos de La Mariscala. Asimismo, anunció la formación de un Comité contra la Corrupción, que se encargará de recabar y reunir las denuncias presentadas ante el Poder Judicial (?) y, entre otros temas, algunas propuestas en el terreno de la reforma del Estado, referidas básicamente a la participación ciudadana y la simplificación administrativa.
En su mensaje de 1991 Fujimori anuncia la elección libre y universal de los cargos de las autoridades y asambleas regionales, reconociendo la procedencia del tema por parte del Congreso que, meses después, cerraría abruptamente.
El mensaje de Fiestas Patrias de 1992 tuvo como escenario el Centro Cívico. Fue un mensaje largo y decepcionante.
En el de 1995 anuncia que se promoverá el acceso a los métodos de planificación familiar, y en el del '96 leyó cifras que eran impresionantes, especialmente si todas son ciertas (decía CARETAS). Entre las más dudosas está la de los US$ 10,000 millones "comprometidos" en futuras inversiones. Uno se pregunta, ¿en qué plazos se concretarán, sin incluir o no Camisea?
Por otro lado, anunciaría la creación de un Banco para los Pobres, a manera del Banco Solidaridad de Bolivia.
Anuncios y más anuncios que en muchos casos sólo fueron palabras que el viento se llevó y que hoy, igual que ayer, se aguardan con expectativa.