
Fue un acontecimiento bochornoso. Al Congreso suelen marchar los protestatarios y los entusiastas. Los esperanzados y los levantiscos. Pero el martes 22, al cerrar la noche, el corso fue castrense: hierático, severo, imponiendo respeto. Pocos podrán ufanarse de provocar tanta discordia y movilización de autoridades como Baruch Ivcher, un judío nacionalizado peruano que se ha convertido en piedra de escándalo y de martirologio. La reacción oficial tuvo ese día martes dos etapas bien diferenciadas: los ministros civiles hablaron por la tarde. No lo hicieron con demasiado entusiasmo pero parecían inclinados a no suscitar más temporales. Luego, inesperadamente, se invitó al ministro de Defensa, éste quiso que hablaran los Comandantes Generales de las tres armas, acompañados de sus respectivos Estados Mayores. Es decir, un vivac en pleno hemiciclo. La oposición saltó. Se encendió la mecha y el país nuevamente en vilo no encuentra una razón válida para tanto despliegue de prepotencia. O se recupera un mínimo de racionalidad o de lo contrario cualquier cosa puede pasar. Así estamos, al filo de la navaja.
Improvisada conferencia de prensa luego de los incidentes en el Congreso. Los tres Comandantes Generales de las FF.AA. y el ministro de Defensa César Saucedo con selecta guardia de corps.
ENTRE 45 y 50 altos oficiales de las Fuerzas Armadas subieron las gradas del Palacio Legislativo antes de las diez de la noche del martes 22, acompañando al flamante ministro de Defensa,general César Saucedo y a los comandantes generales del Ejército, general Nicolás Hermoza Ríos, de la Marina, almirante Antonio Ibárcena y de la FAP, general Elesbán Bello.
Baruch Ivcher: en el corazón de la tormenta.
Tomaron los pasillos y la amplia sala de la presidencia del Congreso. En la gran explanada de estacionamiento, el despliegue de automóviles y soldados era igualmente impresionante.
Visto desde lejos este movimiento no anunciaba nada bueno.
Pero las cosas dentro del Congreso se desarrollaron de tal modo que es improbable que todo haya sido producto del azar, la intemperancia o la mala suerte.
Antes de la medianoche, los comandantes, generales y jefes de estado mayor salieron con cara de pocos amigos y se desperdigaron por las calles aledañas.
"Han sufrido un desaire inexcusable", decían algunos parlamentarios oficialistas como para calmar sus propios nervios, contentos en el fondo porque se había cumplido con un libreto.
RIO REVUELTO
Es difícil arriesgar hipótesis, pero ¿quién y cuándo preparó este operativo que tiene el tufillo de una provocación y marca un nuevo paso en la peligrosa escalada de enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y las fuerzas civiles? ¿Es posible que la situación con Ecuador tenga tantas aristas que puedan provocar una situación tan tensa y controvertida? ¿Se quiere llegar al 28 de julio en un estado de alerta y de enfrentamiento tales que Alberto Fujimori pueda dar un sablazo con filo de harakiri?
La presentación del Primer Ministro, Alberto Pandolfi, de la ministra de Transportes y Comunicaciones Elsa Carrera y del flamante ministro de Justicia, Alfredo Quipe Correa fue el primer capítulo de este accidentado drama, sainete o farsa.
Congresista Javier Diez Canseco: cayó a pelo en el propósito de escarnecer a la oposición. Jorge Avendaño: lección de Derecho.
Ellos tenían la tarea de explicar a la representación nacional la versión oficial del caso de desnacionalización de Baruch Ivcher, presidente del Directorio de Frecuencia Latina, y de la interceptación telefónica denunciada por este canal el domingo antepasado, que tanto el país como los medios internacionales atribuyen a los Servicios de Inteligencia.
Lo hicieron con brevedad, frialdad y expeditivamente.
Cerca de las 8 de la noche, los ministros parecían vencidos por la andanada de la oposición, pero en general el clima no estaba demasiado alterado.
Súbitamente el presidente de la mesa,Víctor Joy Way, señala que a pedido del Primer Ministro, la Cámara debería aprobar la presentación de los tres comandantes generales de las Fuerzas Armadas para que, en sesión secreta, planteen las razones de fondo que, además de las jurídicas y técnicas, expliquen la real animosidad frente a la equívoca conducta de Baruch Ivcher.
BOTAS EN EL HEMICICLO
Ahí empezó el gran lío. La oposición planteó claramente que estas exposiciones no eran posibles, pues no se puede acceder a un debate entre mandos militares y políticos, que para ello existía un ministro de Defensa, el único contacto entre las fuerzas militares, que no son deliberantes, y la civilidad legislativa, un poder del Estado.
La mayoría accede después de un tenso debate a que sea el ministro de Defensa el que complemente las exposiciones de los ministros civiles.
Este se hace presente a las pocas horas pero acompañado de los tres Comandantes Generales y los miembros de sus respectivos Estados Mayores.
Se pasa a sesión secreta. El ministro de Defensa señala que desearía que lo acompañaran en su exposición los tres comandantes generales y sus acompañantes, los principales comandos de las FF.AA.
La oposición reitera que se trata de un caso insólito e inconstitucional. Era más que evidente que se trataba de una forma de presión o cuando menos de sobresalto el ver en el recinto parlamentario a 50 altos oficiales.
El Comandante General del Ejército y Presidente del Comando Conjunto sube a su coche con versallesca prosa. Abajo, los ministros civiles Alberto Pandolfi, Elsa Carrera y Alfredo Quispe lucieron opaca atonía política. Tenían que reservarle espacio al show castrense.
El objetivo era cerrar en esa misma noche del martes el debate, demostrar la inconducta o la actuación traidora de Baruch Ivcher respecto a la venta o compra de armas por parte del Ecuador. Las pruebas y la acusación deberían ser expuestas por el Comandante General y presidente del Comando Conjunto Nicolás de Bari Hermoza Ríos.
La conversación telefónica de Javier Diez Canseco, en el hemiciclo, con el programa `En Persona' de César Hildebrandt fue, en medio de todo, una ocasión particularmente curiosa: impidió que se cerrara el caso Ivcher y al mismo tiempo abrió las puertas para que se inicie un proceso contra el líder del PUM, para quien se han pedido las más drásticas penas. Como se sabe, Diez Canseco es una de las personas sobre las que se concentran gran parte de los resquemores militares. Castigándolo se pone en guardia a toda la oposición.
Ministro Alfredo Quispe: competencia de gota gorda con colega igualmente acalorado.
En las incontables noches peruanas en que los golpes militares han ocurrido siempre hay un chivo expiatorio. Virtualmente el país está enterado que hay en marcha un golpe contra el Congreso, contra la oposición dentro de un dócil e increíble Congreso.
La suerte de Baruch Ivcher está echada, la decisión ya ha sido tomada por las Fuerzas Armadas, de modo que el argumento de que son los tribunales los que determinarán finalmente si es válido o no el procedimiento seguido para quitarle la nacionalidad es una simple manera de tratar de allanar las cosas, recortando en lo posible los ribetes de escándalo y de protesta pública.
¿Era preciso montar todo este espectáculo para seguir con una medida que se ha convertido en una cuestión de honor para las Fuerzas Armadas? Estaba claro que las exposiciones de los ministros civiles fueron vacilantes y débiles y, por lo mismo, la oposición no sería persuadida de lo contrario.
22 ó 28 ¿CUAL ES LA DIFERENCIA?
A quien el gobierno y las Fuerzas Armadas tienen que convencer es a la opinión pública y para ello, faltaban escasos días. El discurso presidencial del 28 de julio era la mejor ocasión para deslindar responsabilidades, relatar los problemas y desafíos que han llevado al gobierno a actuar drásticamente contra el ciudadano Ivcher y de despejar la generalizada convicción que el "chuponeo" telefónico es obra de los servicios de inteligencia castrenses.
Se ha elegido otro camino. Sean los militares en conjunción con los oficialistas del Congreso o sea el propio Presidente de la República los que anuncien que se ratifican en su posición maximalista y punitiva, no cambia la naturaleza de las cosas. Las agrava. Porque en esta marcha hacia una situación de dictadura, no hace diferencia que sea el 22 de julio o el 28 de julio la fecha elegida para el sacrificio de la democracia.
Nadie puede en el país decir con claridad lo que está pasando. Abundan los temores de un deterioro progresivo de una situación en la que no habrá ganadores.
CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE
La movida del martes se programó el fin de semana pasada paralelamente con la solución parcial de la crisis ministerial, originada por la renuncia principista del Canciller Francisco Tudela, y a la que se añadieron otros nombres para que no pareciera que la ruptura del Gabinete obedecía a desacuerdos en la forma inconstitucional que se había tramitado el retiro de la nacionalidad de Ivcher, el acoso contra el Canal 2 y el salto a la garrocha del tema del espionaje telefónico.
Y es que, en efecto, no está claro por qué salió de Justicia, Carlos Hermosa Moya, que prestamente aclaró que él no tenía por qué asesorar al Presidente en el tema de la resolución directoral que priva de la nacionalidad peruana a Ivcher, pues por su jerarquía -una resolución directoral- eso correspondía verlo al propio ministro del Interior. Este a su turno, si bien no ha caído, sino que ha ascendido al ministerio de Defensa, se encuentra libre de polvo y paja no obstante que tiene responsabilidad política inmediata.
Las masas desbordaron a la Policía y a la paciencia. CGTP, Sutep, Construcción Civil sueltos en Plaza Mayor.
El gobierno se ha dado maña para minimizar el costo de los cambios ministeriales. Por eso, con inusual alegría, el nuevo Canciller, Eduardo Ferrero, anunció el día viernes en pleno Torre Tagle que Tudela no se alejaba de la cancillería, pues había aceptado formar parte de la Comisión Consultiva. Y Tudela, por su parte, reconoció que el gobierno actuaba bien, que tenía discrepancias coyunturales pero no haría ni diría nada que enconara aún más las heridas.
Tudela ha sentido en lo personal -según fuentes allegadas- un gran alivio. Indicios que datan de meses atrás, antes incluso de la crisis de los rehenes, llevaban a pensar que un sector militar no miraba con buenos ojos la actuación diplomática, inclinado a dar muestras de una irreductibilidad ante Ecuador. Tudela -en entrevista que concedió a CARETAS, No 1439, noviembre 1996- recordó que cualquier aventura guerrerista sería peligrosa para los intereses del Perú, pues ésta llevaría a internacionalizar el conflicto -con intervención incluso de NN.UU.- sobrepasando el marco del Protocolo de Río de Janeiro, que es el instrumento que apuntala la justeza jurídica de la posición peruana.
El ex canciller era respetado en el Consejo de Ministros.
El ingreso de Quispe Correa, con todo, no ha sido afortunado. Su presentación en sociedad en televisión el domingo pasado fue desastrosa. Al oírlo, se tenía la impresión que Hermosa Moya ha sido una víctima de las circunstancias, porque el nuevo ministro resultó aún más fervoroso en la defensa de la legalidad de la resolución privadora de la nacionalidad.
Aludió temerariamente al asunto de Ecuador, insinuando que Ivcher estaba gravemente comprometido (fue el que dijo que tenía que producirse una sesión secreta para explicar las causales que llevaron a "castigar" a Ivcher) y, lo que es peor, se equivocó a todas luces en lo referente a la doble nacionalidad.
El propio embajador de Israel tuvo que aclararle luego que su país sí permite la renuncia a la nacionalidad, un poco para tranquilizar a toda la colonia que si no se vería en una situación alarmante muy parecida a la de Ivcher en materia de inseguridad con respecto a su condición de peruanos nacionalizados.
Con rapidez de rayo, Quispe se convirtió en el vocero de las Fuerzas Armadas y adelantó el libreto de la obra ( drama, opereta o sainete) que se viviría el día martes.
En Palacio, por otro lado, el día jueves pasado se espectó una jornada con escenografías cambiantes. Por la mañana, todos los mandos de las FF.AA. ponían en juego una nueva manifestación ya no de apoyo al Presidente sino de "subordinación".
Como quien pelea con fantasmas, querían demostrar que lo que la opinión pública señalaba, en el sentido que Fujimori es un prisionero de las decisiones castrenses, era vana ilusión. A mediodía, la guardia de Palacio tocó un valse emblemático: "No hagas caso cuando te hablen de mí/ pues lo que quieren es separarme de ti/ Así es el mundo/ hay gente mala que sólo trata de hacernos daño/...". A las pocas horas, una marcha rotunda que se había iniciado en el centro, irrumpió en la Plaza Mayor, desbordó a una Policía que no salía de su asombro y ocupó la amplia explanada (respetando sin embargo los jardines). Era una movilización que recordaba las luchas laborales de 20 años atrás, y reivindicaba la presencia de las masas (CGTP, Construcción Civil, Sutep), además de otras instituciones,incluidas las del incipiente y novísimo movimiento estudiantil.
Luces y sombras de una crisis a la que el gobierno no atina cómo remontar.
El Presidente Alberto Fujimori no ha salido a la luz. Ha suspendido todo compromiso y salvo dos declaraciones a la prensa, su febril actividad ha movilizado al equipo íntimo de gobierno comprometiendo a un Alberto Pandolfi que, con parsimonia, cumple con su deber sacrificado pero no suelta prenda ni convence. El fue el encargado la semana pasada de reunirse con algunos ejecutivos de prensa y de televisión. Ha trado de persuadirlos que el gobierno no persigue atenazar a los medios de comunicación ni perseguir a ningún periodista ("Si ése hubiera sido el propósito hubiéramos comenzado por César Hildebrandt", se comenta que arguyó).
EL SOMBRIO DISCURSO
Todo hace prever que el discurso de Alberto Fujimori, en el peor momento de su carrera presidencial, no cerrará heridas sino las acentuará.
Es verdad que pueden lanzarse largas parrafadas para demostrar que el país debería agradecerle estos 7 años, y que el horizonte no sería tan halagüeño sin su gestión.
Puede incluso deslizar que hay una ingratitud en el pueblo peruano frente a un mandatario que ha conocido horas terribles y decisiones triunfales.
Que no se pueden comparar sus logros con los errores y abismos de sus predecesores.
Que hay un programa vasto de lucha contra la pobreza.Que pueden haber anuncios positivos para la promoción de exportaciones y para reimpulsar la agroindustria. Que educación y salud ocuparán ahora un nuevo espacio y un redoblado afán por elevar la calidad de ambos servicios.
Pero habrá de lamentarse que no tenga al mismo tiempo la suficiente honradez para reconocer que está en un atolladero político y que expone al país, innecesariamente, a una confrontación que daña a todos. El expediente de llevar al abismo a todo el mundo para que, frente a éste, todos recapaciten es suicida y absurdo.
El Presidente está en capacidad de desandar la vía del error y recuperar un precioso terreno: trabajar unidos y en concordancia democrática. ¿Eso implica sacrificios y una transformación de la cúpula del poder? Ciertamente. Pero nadie cuestiona que él puede hacerlo, que tiene los instrumentos y el apoyo ciudadano, su capital más fuerte. Mientras crea que militarizándose se preserva, continuará conociendo el peligroso declive de la popularidad y la credibilidad.
Estas son horas decisivas. El Presidente tiene que recapacitar. También tiene que hacerlo la oposición y probablemente cada uno de los peruanos. No hagamos que este 28 de julio le dé la razón una vez más a aquella dolorosa y, por desgracia vigente frase de Jorge Basadre, "El Perú es el país de las oportunidades perdidas".