

Por HAROLD FORSYTH
Las Fuerzas Armadas y El Futuro
DIVERSOS hechos ocurridos en las últimas semanas han reactualizado el tema de la reingeniería militar que es imprescindible introducir en nuestras Fuerzas Armadas de cara al siglo XXI y a los nuevos desafíos que éstas deberán afrontar, incluyendo las actuales tendencias en la sociología castrense que tienden a afirmarse en muchas partes del mundo.
En efecto, el fin de la guerra fría y de la bipolaridad así como el desmantelamiento del imperio soviético han estimulado la creación de nuevos entornos de seguridad que están definiendo los rasgos de lo que podríamos llamar el prototipo del militar de fines de siglo.
Según algunos especialistas, los ejércitos sólo justifican su existencia, hoy en día, ante nuevos riesgos concretos como el fundamentalismo religioso, que podría reemplazar el peligro de las ideologías totalitarias. Asimismo, un número determinado de países sigue confrontando las denominadas "amenazas nacionales" y el rol de las Naciones Unidas para el mantenimiento y verificación de la paz (cascos azules) ha dado, también, nuevos bríos y oportunidades a la vida militar.
Por otro lado, la participación cada vez más activa de las mujeres en las fuerzas armadas y el avance incontenible de la ciencia y de la tecnología han redefinido viejos conceptos que han forzado una nueva visión de la disciplina militar. El caso extremo, según el conocido especialista Charles Moskos, sería el del ejército holandés, donde hay mujeres participando en unidades de combate, sindicatos para los soldados, apertura a los homosexuales y una organización democrática para los ascensos. Allí, evidentemente, la fuerza armada es un reflejo cabal de la sociedad.
Pero esa tendencia europea también tiene extremos contrarios como, por ejemplo, el de Israel, donde se mantiene el servicio militar obligatorio para los varones y voluntario para las mujeres, a pesar de que la tendencia universal se orienta claramente a su eliminación y reemplazo por organizaciones militares más pequeñas en número, más sofisticadas en su equipamiento y estrictamente profesionales.
Todos estos elementos definen la doctrina militar actualmente imperante en muchas partes del mundo y cabe preguntarnos qué pasos estamos dispuestos a dar en el Perú para colocar a nuestras fuerzas armadas en línea con el proceso de cambios que constituye un camino ineludible signado por los tiempos en que vivimos y por la naturaleza de las cosas.
La doctrina militar peruana es muy antigua y se mantiene esencialmente inalterable a pesar de que los conceptos han variado varias veces. Es obvio que nuestro país, a diferencia de otros confronta amenazas nacionales concretas y que la falta de incorporación plena de millones de peruanos a la estructura social otorga a la fuerza armada una condición de columna vertebral del país dentro de una base muy representativa de nuestra sociedad.
Pero la insularidad de nuestros militares y la renovada vigencia de una suerte de destino manifiesto, así como un concepto obsoleto y anacrónico de lo que es una institución tutelar, podrían hacernos perder muchos años de progreso. Hoy se hace preciso, por ejemplo, ampliar los espacios de presencia de la civilidad en las fuerzas armadas y viceversa, así como redefinir la currícula de la formación militar con base en los nuevos referentes.
Asimismo, se hace preciso modernizar el concepto de la justicia militar y repensar la noción del servicio militar obligatorio. Todo esto incluye asumir una relación consistente con los medios de comunicación y con las instituciones civiles, tema sobre el cual nos ocupare mos más adelante.
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