Los Mensajes Del 28


Los Mensajes Del 28
La hipótesis de que un masaje económico aplacará el estrés político fue patente en el discurso. La realidad se encargará de demostrar que el cambio de agenda sirvió para darle un respiro al régimen.

Como si persistieran mutuas suspicacias, en la Parada Militar el presidente Alberto Fujimori dialoga con el presidente del Congreso, mientras que el ministro de Defensa cuchichea con el Comandante General.

El discurso del Primer Mandatario fue el más breve, moderado y pragmático de todos los realizados en los 7 años de gobierno.

Fujimori Prefirió el Masaje Económico
LOS rumores sobre el contenido del discurso presidencial del 28 de julio duraron hasta el último minuto.
"Renuncia a la reelección", "será moderado y llamará a la unidad nacional". "Saldrá con todo y presentará una lista de los periodistas corruptos", eran algunas de las voces que se escuchaban en los predios políticos y noticiosos.

Tras el Te Deum, el Gabinete se encamina de retorno a Palacio.

Nadie negaba que sería muy importante y decisivo lo que dijera un Alberto Fujimori encerrado en Palacio casi una semana, con muy breves apariciones públicas y que, la noche anterior admitió únicamente que el mitin de los acarreados ( cinco mil manifestantes) le llevara una torta descomunal a la misma Plaza Mayor. Un nocturnal y desmayado aliento, tan distinto de las horas gloriosas de años anteriores.
Toda esa movilización había salido de los magros presupuestos de los comités del Vaso de Leche y los ómnibus fueron prestados por las dependencias públicas.
Había tenido también una larga sesión de trabajo con Sandro Fuentes, el abogado que Santiago, su hermano, recomendó para levantar las dudas acerca de su nacionalidad que cayeron como un ladrillo final, tras los dos meses menos afortunados de su discutida gestión presidencial.
Simultáneamente, Fujimori evaluaba fríamente lo que iba a decir. Según diversos testimonios, estaba bajetón de ánimo.

Presentación por todo lo alto de los Mig 29: una ceremonia imprevista que tuvo, con todo, brillo y resonancia especial. El Presidente reafirmó así su apoyo a la controvertida compra. Derecha: contrito ministro Domingo Palermo. Se duda si se queda o pasa a un canal múltiple.

La salida de Francisco Tudela de Torre Tagle lo había afectado, pues hizo lo indecible para retenerlo. Las circunstancias -¿el balance de fuerzas con el sector militar?- terminaron por imponerse y Tudela se fue a su casa, con evidentes signos de alivio.
La carraspera y el tratamiento de la garganta -se dice que lo asiste un foniatra para que se adiestre en la impostación de voz- también le causaban molestia.
La sensación de que la crispación política podía echar al suelo el esfuerzo de recuperación del país repiqueteaba cada vez que avanzaba una línea en el discurso.
Los mejores consejos procedieron de Economía y Finanzas, como se aprecia en el texto mismo del discurso, centrado en dar de todo un poco a los sectores más impactados con la crisis política.
Visto el panorama, no cedería. Aun cuando fuera cierto que en los últimos 2 meses el país ha estado en vilo y, por ello, se hacían hipotéticos listados de lo que diría y lo que debería decir Alberto Fujimori en la peor encrucijada de sus 7 largos y complejos años de gobierno.
Aun cuando fuera cierto que el Perú no podía continuar en un impase político de tal envergadura que compromete el curso de los tres años que aún faltan para culminar el segundo mandato de Alberto Fujimori y, sobre todo, la imagen que proyecta sobre la economía y los inversionistas nacionales y extranjeros.
Por lo demás, no hay antecedentes de discursos presidenciales que corrijan errores, por lo menos tan manifiestamente. Aunque estén en la estacada, los Presidentes son renuentes a reconocer que son débiles, en especial tratándose de Fiestas Patrias.
El discurso del 28 nace de una formalidad constitucional. Se trata de brindar un informe a la nación de lo realizado en el año transcurrido y una visión de lo que vendrá en el subsiguiente.
Como quiera que los acontecimientos políticos van más rápido que las previsiones formales, los 28 de julio suelen ofrecer la imagen de un Presidente tendido en una hirsuta cama llena de clavos, de donde resulta que el discurso es, para deleite de los ciudadanos, una especie de malabarismo que mide si el Mandatario es capaz de salir bien librado de la coyunda.
O mago o fakir, pocas opciones para el apremiado Primer Ciudadano.
Alberto Fujimori en esta oportunidad ha callado olímpicamente en lo concerniente a la crisis política.
Hay varias hipótesis para explicar esta huida hacia adelante, típica por lo demás de su estilo de gobierno.

  • Al iniciar su discurso reconoció que había una lógica expectativa ciudadana sobre una "confusa" situación política. Para él, en definitiva, no hay una crisis, a lo más un reclamo por la falta de empleo.
    La naturaleza del problema, en consecuencia, es económica.De allí que el recitado sea una lista variopinta de hasta 22 promesas para favorecer el empleo, calmar a los empresarios, atenuar la postración de los empleados públicos (maestros, policías y militares incluidos) y dar ánimos a la pequeña y mediana empresa.
  • El tema político no podía resolverse de inmediato. Muchas filtraciones indican que en el tema de Baruch Ivcher es poco lo que puede resolver el Presidente. Hay ya una decisión tomada por el comando militar y ésta es irrevisable. En algún momento habría expresado a un ministro saliente que el tema "es un absurdo pero se les ha metido en la cabeza que no se puede aceptar revisarlo".
    Igual ocurre con el asunto de las escuchas telefónicas. Es absolutamente improbable que la jerarquía militar acepte una investigación sobre los Servicios de Inteligencia, en el caso que el gobierno aceptara una investigación a fondo.
    La máxima concesión ya había sido adelantada días antes del 28. "Que todo quede en manos de la justicia".
    Si, en efecto, así están las cosas, ¿sería conveniente volver a atacar al Poder Judicial, aun cuando sean provisionales jueces y magistrados? Los rumores señalan que la parte política fue recortada poco a poco. Originalmente contenía, en el listado de los logros, una relación pormenorizada de las mejoras en el Poder Judicial, que suprimió en el tramo final.
  • Las referencias a la total subordinación militar respecto al mandato civil, así como el irrestricto respeto a la libertad de prensa ("por convicción personal") y a los derechos humanos tenían el objetivo reclamado de calmar a la opinión pública internacional y atenuar las presiones de operadores e inversionistas externos. No debía, sin embargo, señalar ejemplos ni hechos que demostraran esta firme convicción. Bastaba con reiterar una profesión de fe.
  • Tampoco encontró Fujimori respuestas para temas estructurales de la envergadura de la reforma del Estado o la descentralización. En la actual coyuntura, parecen abstracciones o sutilezas, no obstante que parte de la explosión política del descontento se debe a la impericia con que estos dos temas han sido abordados por el régimen. No hay proporción entre creer que el descontento público se aplacará con un aumento de 15% de sueldos y salarios y una vaga promesa de fondos mutuos para la compra de acciones de empresas estatales ( que suponen que jubilados,maestros y policías tienen alguna remota capacidad de ahorro) y los manifiestos reclamos de dar cabida a las decisiones municipales, regionales y del propio aparato público reformado.
    Se lo recordó una semana antes Hernando de Soto, volviendo al asunto de la participación ciudadana en las decisiones de gobierno, dentro de un proyecto de Estado plástico, democrático y ampliado.
  • ¿Por qué tendría Alberto Fujimori que renunciar a su tercera postulación si los que vienen son los mejores años de la actuación económica, donde habrá maná, vivienda, rebajas impositivas, en suma, la era feliz de las vacas gordas y reeleccionistas. Según algunas versiones, el asunto de la reelección está también en el terreno de la seguridad nacional, puesto que hay un plan de largo plazo, donde la perpetuación de las políticas pasan por su providencial presencia. Aunque difícil de creer, empieza a prefigurarse en los predios oficialistas la tesis de que la reelección es un asunto que Fujimori acepta a regañadientes.
    El discurso del 28, en síntesis, no sólo no ha despejado las incógnitas políticas (verdadera democratización del régimen, reglaje de las relaciones cívico-militares, restablecimiento de la división de poderes, respeto a la libre información y opinión, desaparición de la famosa interpretación auténtica) sino que ha postulado una original inversión de los términos: el descontento no es político sino económico. Con un razonamiento que se parece mucho al pragmatismo de Jorge Camet, Fujimori ha dado a entender indirectamente que soltando un poco de plata las conciencias democráticas se atenuarán y todos volverán al redil. La democracia no se come, en versión corregida y aumentada.
    ¿Tendrán tanto efecto las promesas económicas que recuperará Alberto Fujimori el vasto terreno perdido? Un vocero oficioso del régimen, lo deja entrever al día siguiente del discurso. Por arte de birlibirloque, las masas vuelven a apoyarlo, sugiere. Habrá que ver las encuestas y, sobre todo, los análisis de qué es lo que en efecto ha prometido y qué se concretará de las medidas económicas. Lo de las viviendas, el impulso a las pequeñas y medianas empresas, los alicientes para la empleocracia y la clase media estaban ya en la cartelera del discurso de dos años atrás, cuando inauguró su segundo mandato. El tiempo transcurrido no lleva a pensar que ahora sí se cumplirá lo que en 1995 durmió el sueño de los justos.
    Discurso de coyuntura, "para salir del paso" según feliz expresión del alcalde Alberto Andrade, que prolonga la crisis riesgosamente. Alberto Fujimori delata en este discurso de 1997 que está cada vez más desconectado de la realidad. Le faltan asesores y un oído más fino. En eso también ha seguido el curso fatal de nuestros gobernantes en su tramó final: sólo quieren música celestial, no obstante que muchas veces sea de réquiem.