
¿Cuándo Nació?
Nueva hipótesis. Alberto Fujimori nació en el Perú pero su padre lo inscribió tarde por dificultades.
COMO era de esperar, la crónica que publicara Cecilia Valenzuela en CARETAS 1475 sobre una notoria lista de indicios concurrentes vinculados al lugar de nacimiento del Presidente Alberto Fujimori Fujimori -lista que incluía el testimonio de Francisco Loayza en el programa `En Persona' de César Hildebrandt-, ha armado una tremenda batahola.
Durante la tormenta, que ha incluido como desagravio subsidiado una torta de cumpleaños de varias toneladas de peso, muchos han olvidado que el título de la carátula de CARETAS era una interrogante:
"¿Dónde nació?"
Y que el texto terminaba con otra pregunta:
"¿Es excesivo afirmar que el caso merece ser investigado en otra instancia?"
Medios de comunicación encargados de objetar la hipótesis trazada han utilizado las palabras "denuncia" y "afirmación" para calificar la posición de la periodista y de CARETAS, y éstas son inexactas.
CARETAS indicó claramente que "nuevos indicios reabren la pregunta", y Valenzuela entró en el terreno de las conjeturas y no de las conclusiones.
Fue, se podría decir, una pregunta hecha a gritos, y éstas son a veces necesarias en un país en el que como norma no se contestan interrogantes de interés público -no sólo sobre los antecedentes familiares del gobernante sino sobre su declaración jurada de bienes, sobre las condiciones en que están depositadas las reservas nacionales, o sobre los extraordinarios ingresos del asesor principal.
La noticia, en todo caso, ha dado la vuelta al mundo algo distorsionada, como si se cuestionara la nacionalidad (y no sólo la natalidad) de Fujimori. El matiz es digno de señalarse a pesar de las consecuencias constitucionales de lo segundo, y en múltiples entrevistas con medios nacionales y extranjeros se han hecho precisiones.
Por eso a estas alturas no sólo CNN ha consignado el asunto sino que hasta la vedette argentina Susana Jiménez ha hecho una encuesta el martes en Buenos Aires en su programa vespertino con la pregunta exacta: "¿Cree que Fujimori nació en el Perú?" Al cierre de esta edición no se conocía la respuesta.
La verdad, claro está, no depende de la opinión pública y menos de la argentina. Depende de los hechos y éstos podrían estar en proceso de aclararse -ahora finalmente con la colaboración de la familia Fujimori.
Que merecía hacerse una investigación no cabe duda. El tema del grado de vinculación japonesa de Fujimori daba vueltas desde 1990. Y cuando en 1993 CARETAS ubicó con Cecilia Valenzuela la partida de bautizo en la Parroquia Santa Ana con borrón y enmienda, la indagación se hizo más pertinente.
En el artículo que sigue CARETAS afina la pregunta y después la periodista Valenzuela discute el estado en que a su parecer se encuentran las aclaraciones.
Cabe adelantar que el dato sobre el barco `Bokuyo Maru' en que, según la señora madre del Presidente, llegaron los esposos el 23 de setiembre de 1934 no estaba al alcance de un investigador peruano, porque ese libro biográfico, `Camino Lejano', se publicó sólo en Tokio en idioma japonés. Fue el periodista Haruya Ota, de la Tokio Brodcasting System, quien providencialmente dio noticia de su existencia y mostró un ejemplar en televisión, pero se negó a exhibirlo ante CARETAS.
Ota, por cierto, compitió con el congresista José Barba Caballero en denunciar una presunta intención maliciosa de la revista. Su testimonio en el programa `La Revista Dominical' fue la base de la refutación, incluyendo el descubrimiento de un listado de movimiento de barcos publicado también en japonés.
CARETAS debe reconocer que, al asumir la representación de la familia Fujimori, el abogado Sandro Fuentes ha esgrimido argumentos con altura y que a estas alturas sería majadero ignorarlos.
Pero persiste una inquietud y una pregunta.
UNO de los indicios más ambiguos que se sumaron a la hipótesis de que Alberto Fujimori no nació cuando se dice que nació se basa en las fotos en las que aparece con su hermano Pedro, y también con Juana y sus padres.
Si Alberto nació el 28 de julio de 1938 y Pedro el 24 de octubre de 1940, la diferencia entre ambos sería de sólo 2 años, 2 meses y 26 días.
¿Esa es la diferencia que muestran las fotos?
Más de un pediatra consultado por CARETAS cree que la diferencia de edades es mayor, pero ninguno, hay que admitirlo, calcula seis.
En el retrato de familia, Alberto le llega más arriba del ombligo al padre, a juzgar por el ángulo del brazo (ver foto), y Pedro cargado tiene un año o menos. En un hombre con una talla de, por ejemplo, 1.68 m. (que es la del propio Aberto), la altura calculada bajo su codo es de algo menos de un metro.
Según las estadísticas del `Handobook of Biological Data' publicado por la National Academy of Science de los EE.UU. en 1957, la talla promedio de un niño japonés de 3 años era de 91 cm. y la de 4 años de 98 cm. En los años 30 estos índices pudieron ser menores.
Por otro lado, según la Cartilla de Carné de Crecimiento y Desarrollo preparada en base a datos de UNICEF la estatura promedio a los 4 años de un niño que llegará a 1.68 m. cuando adulto es de 99 centímetros (ver gráfico).
Estas mismas estadísticas registran crecimientos anuales de alrededor de 6 cm. entre los 4 y los 13 años. Si se observa la diferencia entre Alberto y Pedro en la foto que posan solos, ésta es más de 12 cm. y se acerca a los 18.
Una forma de calcular la estatura y edad de Alberto, de pie: el codo de su padre. Algo menos de un metro y unos 4 años de edad, no 3. La diferencia así con Juana, de unos 6, es más consistente con la menor disparidad de tallas, y la mayor diferencia con Pedrito.
En otras palabras, Alberto bien pudo haber nacido antes -en 1937 y no en 1938.
NUEVA HIPOTESIS
¿Otra vez con hipótesis y conjeturas?
Sí, otra vez, y hay razones y circunstancias que las alimentan.
Según Luis Ito, historiador de la colonia nisei en Lima, "los japoneses tenían siempre la idea de regresar a su país una vez hecha la fortuna, por eso no registraban a sus hijos ante las autoridades locales como dispone la ley del Perú".
Luis Jochamowitz que cita a Ito en `El Ciudadano Fujimori', también cita a Abraham Padilla Bendezú en su `Historia de la inmigración en el Perú':
"La casi totalidad de los hijos del Imperio del Sol Naciente, por su excesivo nacionalismo y por mandato imperativo de su carta política, consideraban siempre japoneses a los hijos nacidos en el Perú, omitían inscribirlos en los registros civiles, pero sí lo hacían en sus respectivos consulados",
El tono antinipón de Padilla es propio de la época, pero el asunto de la inscripción en el consulado acaba de ser confirmado por Expreso. En su edición del lunes 28 el diario oficialista dice que otra prueba de que el Presidente nació en el Perú sería "la copia del pequeño Alberto en el consulado del Japón, en el que `sólo se inscribe a los hijos de japoneses nacidos en el Perú'".
Es importante que se exhiba el original auténtico de esa inscripción, porque hasta la fecha el consulado del Japón ha guardado estas referencias como un asunto muy reservado.
Según relata Alvaro Vargas Llosa en `El diablo en campaña' y recuerda Jochamowitz en su libro, Alberto Massa, el personero del Fredemo, acudió al consulado entre la primera y segunda vuelta de 1990 buscando información respecto a la posible existencia de un pasaporte japonés de Fujimori.
Massa contó que "el diplomático (que lo recibió) estuvo muy nervioso, no pudo articular palabra y sudaba copiosamente. (Después) me dijo que su función era proteger a sus súbditos. Estas palabras me sirvieron para asumir que dicho pasaporte existía. El consul señaló el trámite a seguir: el Jurado Nacional de Elecciones tendría que oficiar una solicitud a la Oficina de Relaciones Exteriores en Tokio. Esta barrera desanimó al Fredemo a seguir en el asunto."
Ahora bien, es comprensible que cualquier dato sobre la inscripción de Fujimori en el consulado japonés y su opción de obtener un pasaporte (como lo tiene Joy Way de China y posiblemente Pandolfi de Italia) hubiera sido devastador en medio de ese proceso electoral.
Pero pasado el tiempo, lo natural habría sido que esto se aclarara sin que mediara la conmoción producida por el artículo de Cecilia Valenzuela.
Pero, ¿podrían haber otros inconvenientes?
Se puede especular sobre los siguientes:
1) Una investigadora histórica nikkei consultada por una asistente de Cecilia relató que, ante las dificultades de los años '30, hubo muchos casos de inmigración ilegal, y que durante la prohibición de registrar hijos de extranjeros, "éstos fueron inscritos en la embajada del Japón como pertenecientes a la prefectura de origen de sus padres". Después se pasaron al registro público por la vía judicial.
En otras palabras, en la inscripción inicial de Alberto en el consulado del Japón podría figurar Kumamoto como su lugar de nacimiento implícito (aunque esto no fuera así), y si se añadiera esto a lo que podría decir bajo el borrón el acta de bautizo, el asunto se volvería más espinoso.
2) Los datos de la ficha de inscripción japonesa podrían no coincidir con los de la partida de nacimiento en la municipalidad de Miraflores.
Manifestación de cumpleaños y torta consuelo de varias toneladas.
Los años 1936 y 1937 fueron muy difíciles para los japoneses en el Perú.
Primero el gobierno de Benavides promulgó el Código Civil pero después expidió una ley que prohibía el traspaso de negocios a extranjeros.
Como dice Jochamowitz, "de un día al otro miles de tenderos, mercaderes y propietarios se encontraron con que no podían dejar sus negocios como herencia a sus hijos. La reacción inevitable de los padres fue tratar de inscribir a sus hijos como ciudadanos peruanos".
Esto se hacía por la vía judicial, y a inicios de 1937 aparecieron dos páginas del diario La Prensa con las notificaciones de 2,500 niseis en proceso de nacionalización. Esa avalancha generó a su vez una reacción antinipona, y "los panfletarios del peligro amarillo", como lo llama Jochamowitz, "echaron espuma por la boca".
Abogado Sandro Fuentes soltando prendas.
Acto seguido, el 20 de abril del '37, el gobierno dictó la Ley 8526 suspendiendo la inscripción de los hijos de extranjeros nacidos antes del 26 de julio del año anterior. En la práctica, sin embargo, ese "decreto herodiano", como lo llama Jochamowitz, puso en duda la validez de todas las inscripciones antiguas y futuras de los hijos de los japoneses.
Si Alberto nació en esos tiempos, son comprensibles las dificultades que pudo tener su padre Naoichi para inscribirlo localmente, y la alergia que puede haberle tomado a una eventual vía judicial.
Se señala que, entonces, hacia 1938, las restricciones se redujeron temporalmente, ocasión que posiblemente utilizó Naoichi para inscribir al niño estirando las reglas, como sucedió masivamente cuando en 1975 Velasco dictó una ley de reinscripción obligatoria (ver Nos escriben...) y como lo hacen miles cuando hay una amnistía. Por razones familiares y prácticas, no son pocos a los que conviene cambiar el lugar y también la fecha de nacimiento.
La verdad, en otras palabras, podría estar entre la biografía oficial y la hipótesis elaborada en CARETAS 1475.
Una inscripción tardía también podría explicar parcialmente algo que el Presidente dijo al entonces director de La República Alejandro Sakuda el 2 de mayo de 1992: " En la época de la Segunda Guerra Mundial: (yo) tenía entre 9 y 10 años".
¿Hay gato encerrado? Podría haber, pero en vez de tigre parece ser un minino que araña pero con menos trascendencia. En todo caso, de ser así, aquí se le habría puesto el cascabel.