
A dieciocho kilómetros de Ayacucho, las alturas del Tanta Occro o cerro de pan, coronadas involuntariamente por el Mandatario.
EN las alturas de Pacaycasa el presidente Alberto Fujimori pesa cuatrocientos kilos. No es efecto de la gravedad sino del insólito arrebato de un artista, tocado en 1992 por la coyuntural musa de la pacificación. Nadie se lo pidió, pero Fausto Jaulis (30) encargó la obra al escultor Miguel Arenas. Entonces sus argumentos no sonaban desatinados: "Al César lo que es del César" -dijo. Siguiente paso, dado a fines de 1995: mostrar la obra al modelo, y observar su reacción. Fujimori salió de Palacio, cruzó el jirón Carabaya y entró al depósito ubicado en los altos del bar El Cordano. Cuenta un testigo que al verse a sí mismo -pero en bronce- el Mandatario se mimetizó con la rigidez de la efigie, hizo un mohín de descontento y se fue. ¿No era momento del autobombo o la estatua no hacía honor a su imagen?
Escultor Miguel Arenas, promotor cultural Fausto Jaulis y ayudantes flanquean el molde de yeso, hecho en base a fotografías y recortes periodísticos. Derecha: limpiando asperezas.
La obra estaba hecha, no había marcha atrás. Ahora la pregunta era, ¿dónde ubicarla? La llevaron en avión a Ayacucho. Los pobladores de Vilcashuamán y Quinua no la aceptaron. Finalmente, en febrero de 1996, fue puesta en Pacaycasa, en la cima del cerro Tanta Occro. "Fui prácticamente obligado por la población" -se explica el alcalde Félix Morales- "ésta tenía la esperanza de que el Presidente llegara a inaugurarla, con obras y aistencia social". Pero Fujimori nunca llegó. Y ahora el pueblo castiga la falta de correspondencia desatendiendo su imagen. El camino a ella ha sido invadido por la tierra y el cactus, la placa "en honor al artífice de la pacificación" ha sido robada. Y el visitante tiene la impresión de asistir a un escenario tristemente futurista, cual Charlton Heston al final del Planeta de los Simios, encontrándose con un pedazo fracturado de la Estatua de la Libertad. Cinco años más tarde de haber sido concebida, en la cima del cerro Tanta Occro, la imagen del presidente Fujimori luce solitaria, a merced de los vientos y mosquitos que pululan en la región. (Gastón Agurto)