A Cantar Al Canadá



A Cantar Al Canadá
Crónica de proselitista gira por el Canadá, un eslabón más de la sólida cadena de solidaridad con la prensa mundial existente en ese país.

Escribe
Marco Zileri Dougall

Entre el 22 de mayo y el 6 de junio pasado, el autor de la presente crónica participó de una gira de costa a costa en el Canadá, invitado por el Instituto Norte-Sur del Canadá y el Comité Canadiense para la Protección del Periodista, para dar su testimonio sobre la situación de la libertad de prensa en nuestro país. El viaje coincidió con las elecciones generales que reeligieron para un segundo período al líder del Partido Liberal, Jean Chrétien, y sirvieron para confirmar la gran importancia que la diplomacia canadiense le asigna a sus relaciones con los países latinoamericanos, en el marco de la promoción de la democracia y los derechos humanos.

COMO serán las cosas en el Canadá, que la presentadora de uno de los noticieros matutinos de la TV se llama Normally McLeod (que fonéticamente se traduce como normalmente nublado).
La primera vez que escuché el nombre, recién llegado, corriendo entre la ducha y el terno, sorteando la cama queen size y el omnipresente minibar, creí que se trataba del parte meteorológico con acento torontino.
-En efecto, pensé, asomándome al amplio ventanal de mi habitación en el Sheraton Hotel del aeropuerto de Toronto, está nubladazo.

Kin-Ming Liu y Marco Zileri -mostrando CARETAS 1464- en los estudios de la Canadian Broadcasting Corporation en Edmonton. El show recién arrancaba.

En poco tiempo abordaría un avión a Edmonton, Alberta, ciudad ubicada entre los paralelos 61 y 62 Norte, a cuatro horas de vuelo. Ese fin de semana, lejos del trópico y cerca del Artico, participaría como panelista en la Convención Nacional de la Asociación de Periodistas del Canadá.

SOBREVOLANDO LAS PRADERAS

En el avión conocí a Melanie Gruer, representante del Instituto Norte-Sur, think tank con sede en Ottawa, dedicado a la investigación sobre la política exterior del Canadá, y a Wayne Sharpe, secretario ejecutivo del Comité de Protección de Periodistas del Canadá (CPPC).
Ambos habían organizado, con eficiencia anglosajona, una gira que en las próximas dos semanas nos llevaría a visitar seis ciudades canadienses, desde la costa del Pacífico hasta la del Atlántico, para exponer ante los más diversos foros acerca de la situación de la libertad de prensa en el Perú.

Una gira de costa a costa a través de seis zonas horarias.

El vasto espejo de agua del lago Hurón y, luego, por espacio de horas, las infinitas praderas trigueras del Canadá -recién despercudiéndose del crudo invierno- desfilarían ante mi andina mirada. Canadá es el tercer país más grande del mundo, y junto con Estados Unidos, constituye la mayor despensa de cereales en el planeta.
Como dicen por allí, "la pradera es tan plana, que si tu perro se escapa lo puedes ver alejarse durante tres días".
Macizo continental jaloneado por las experiencias colonizadoras de ingleses y franceses, nutrido de la vena migratoria de europeos, latinos, africanos y asiáticos, el Canadá es una sociedad pluricultural donde el inglés y el francés son los idiomas oficiales, pero que hoy se debate en una profunda crisis de identidad.

Pan nuestro de cada día, The Globe and Mail, el diario más influyente del Canadá, bajo atenta lectura en el aeropuerto de Vancouver.

Aterrizamos en Edmonton, siendo necesario retrasar las manijas de nuestros relojes dos horas, en medio de cielos encapotados.
Normally McLeod nos seguía.

LA CHINA Y EL CHINO

Cerca de medio millar de periodistas se habían dado cita en la Convención Nacional de la Asociación de Periodistas del Canadá. Reporteros de localidades pequeñas y veteranos de mil batallas, estudiantes afanosos y estrellas cosmopolitas.
Ahí estuvieron Anna Maria Tremonti, recia corresponsal de guerra de la Canadian Broadcast Corporation Television (CBC-TV), narrando entre sus múltiples y escalofriantes anécdotas, cómo fueron sepultados sus anteojos junto al cadáver del terrorista palestino Yehya Ayah, quien murió despedazado al explotar su teléfono celular en enero de 1996, mientras cubría para la TV el masivo funeral.

Y también Jaqui Banaszynski, mujer de las praderas, alta como un tótem, con rostro de niña y cabello acerado, narradora fraguada en la dura escuela periodística del norte.
-Cuando escribí mi primer artículo, de eso hace algunos años, estaba muerta de miedo, relató. Temblorosa se lo presenté a mi editor, quien al cabo de un rato se acercó a mi escritorio. Me miró fijamente, y sin mediar palabra alguna, estrujó mi artículo hasta reducirlo a un ovillo de papel. Lo colocó sobre mi mesa, y giró sobre sus talones. Lo vi alejarse mientras yo batallaba para no estallar en lágrimas. Caminó hasta la mitad de la redacción, y dio media vuelta. Se volvió a acercar. Recogió el ovillo de papel, y le prendió fuego.
-Tú puedes hacer mucho mejor que esto, me dijo. Y se marchó.
Desde entonces Jaqui Banaszynski ha desarrollado una brillante carrera periodística, siendo galardonada con el Premio Pulitzer ya dos veces.
Y también conocí en Edmonton a Kin-Ming Liu, 31, periodista de Hong Kong, y la cuarta espada del trote.
Con Kin-Ming hicimos 24 presentaciones sobre la situación de la libertad de prensa en nuestros respectivos terruños -Perú y Hong Kong- desde Edmonton, Vancouver, Winnipeg, Toronto, Ottawa hasta St. John, en la radio y en la TV, ante periodistas locales y cuerpos editoriales de los diarios, cachimbos universitarios y analistas internacionales.
A pesar de las diferencias y distancias entre Perú y Hong Kong, fue inquietante comprobar que las amenazas que se ciernen sobre la libertad de expresión en ambos lugares tienen tanto en común.

-Enfrentamos dos amenazas: una externa y otra interna, sostenía Kin-Ming. La primera proviene de Beijing, ahora que el control del puerto está en manos de China Comunista. La segunda responde a un curioso fenómeno llamado autocensura. De hecho, desde hace ya un buen tiempo, los editores en los medios de comunicación -la mayoría propiedad de empresarios que tienen en juego intereses económicos sustanciales en China- actúan como los censuradores de los futuros patrones.

DEMOCRACIA SIN INFORMACION

-El Perú es una democracia de lo más curiosa: una democracia sin información, definió Bob Carty al presente sistema de gobierno peruano.
Carty es un periodista galardonado de la CBC Radio, con largos años de experiencia en Latinoamérica y uno de los fundadores del Comité Canadiense para la Protección del Periodista (CCPP) hace ya 15 años y organización madrina de IFEX (International Freedom of Expression Exchange). Carty se plegó al equipo en Ottawa.
-La libertad de expresión es el oxígeno de la democracia, afirmó. Cuando ésta se cercena, se la está asfixiando.
Sin duda, las barreras existentes para acceder a información oficial en el Perú, la manipulación de información gubernamental con fines propagandísticos, la asignación antojadiza de las partidas publicitarias del Estado -sin mencionar el caso Ivcher que no había estallado hasta entonces- constituyen todos elementos contrarios al pleno ejercicio de la libertad de prensa.
Sólo en 1996, el Instituto de Prensa y Sociedad reunió información sobre más de medio centenar de casos en el Perú, como parte de las 1,310 alertas de todo el mundo recibidas en el local de IFEX Clearing House de Toronto. Una tendencia alarmante.
De hecho, en el transcurso de las dos semanas de gira, un periodista fue asesinado en México, otro fue arrestado en Palestina, y la confrontación entre el régimen y la prensa peruanos fueron inquietantes acompañantes durante el viaje.
-El esfuerzo del gobierno peruano por manipular a la prensa, argumentaba cuando me tocaba meter la cuchara, responde a dos razones: un esquema autocrático de gobierno que aspira a perpetuar en el mandato a Fujimori después del año 2000, y el intento por encubrir ciertos hechos delictuosos al nivel más alto.

EL ROL DE CANADA

¿Qué puede hacer el Canadá?, fue una insistente pregunta en todos los foros. Y más importante aún fue la pregunta en el ministerio de Relaciones Exteriores del Canadá, donde también nos tocó hablar.
La promoción de la democracia y de los derechos humanos, y su consolidación en el mundo, entre los cuales por cierto es inherente el respeto a la libertad de expresión, son vigas maestras de la actual política exterior del Canadá.
Aquí nuevamente Carty ofreció algunos importantes consejos:
-Protestar oficialmente cuando se registre un caso flagrante de violación a la libertad de expresión.
-Preocuparse por la suerte de periodistas injustamente detenidos.
-Apoyar a las organizaciones no gubernamentales que están trabajando en la defensa de la actividad periodística.
-Prestar atención a los casos que se presentan ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
-Y en vista de que el Canadá participa activamente como observador en muchos procesos electorales, incorporar la libertad de prensa como un factor del monitoreo sobre la limpieza del proceso electoral. Las estadísticas indican que la mayor cantidad de incidentes que sufre la prensa se registran en períodos electorales.
Además, el ciudadano común puede sumarse a una cruzada solidaria elevando su voz de protesta vía Internet.
-No digo que un tirano recalcitrante de la noche a la mañana vaya a convertirse en un buen muchacho, pero sí es importante que sepa que el resto del mundo ya está al tanto del atropello cometido, sostenía Carty.
Es lamentable que en los últimos tiempos, el Perú mantenga a los muchachos de IFEX trinando más que de costumbre.