
Cosechando Después del 28
Once puntos de alza en las encuestas levantan el
humor presidencial y redoblan la propaganda.
Imagen del constructor, reaparición entusiasta. Alberto Fujimori confía en el dinero que puede gastar.
NO bien captadas las buenas nuevas, el presidente Alberto Fujimori ha comenzado a reaparecer. Según trascendidos, habría dicho a su círculo íntimo: "¿Ven que tenía razón? La mejor explicación política reside en las respuestas económicas".
Y es que, pese a las críticas por su mensaje del 28, que dejó insatisfechas muchas de las acuciantes cuestiones políticas, ha logrado frenar la caída en las encuestas e, incluso, remontarlas en once puntos porcentuales, a juzgar por la mayoría de las encuestas, incluyendo la última de Apoyo.
Al 15 de julio sólo un 23% adhería a su gestión. En la primera semana de agosto ascendía a 34%. Un salto considerable, si bien ya no espectacular, como en los lucientes tiempos pasados.
Es obvio que los anuncios económicos -muchos de corte populista y, por lo mismo, promesas en el lato sentido del término- han sido un factor positivo. Por eso se habría ordenado darle a todo tren al asunto del seguro escolar que, primero, debería tener un plan piloto pero que ahora se habría ordenado lanzarlo a nivel nacional.
Los anuncios económicos y la cuestión de su nacimiento han favorecido que el Presidente levante cabeza, aunque sea tímidamente. Pero la credibilidad sigue baja.
El asunto del seguro escolar cala en la población en su conjunto, pero sobre todo en los sectores C y D. Contrasta, por lo demás, con los temas políticos de una abstracción inevitable que la oposición levanta: seguridad jurídica, derechos humanos, democracia. Nunca como hoy, Fujimori reivindica la sabiduría de la frase del ex presidente el general Manuel A. Odría: "La democracia no se come".
El espejismo de las promesas, con todo, puede diluirse cuando se baje a tierra, a las cifras y las realidades. No hay una explicación plausible acerca de cómo se financiará el seguro escolar. Ciertamente no podrá hacerse vía el propio sector Educación y se recurrirá entonces a los servicios de salud que el Estado brinda y a los del IPSS. Ambos están ya saturados, procuran aumentar las aportaciones y convivir con un sistema en el que la afiliación a servicios privados les quita oxígeno.
Eso explica tal vez la defenestración de Alejandro Arrieta del IPSS y la preocupación del ministro Costa Bauer, inclinado a buscar una fórmula mixta que procuraría la creación de un fondo de seguro escolar, con aportaciones de entrada de los propios padres de familia.
El seguro escolar no es enteramente una novedad. Fue esbozado en junio y comprenderá una población que va de los 3 a los 18 años. Este ideal formaba parte en principio del Programa del Plan Nacional de la Infancia y comprende, según INIDEN (instituto especializado en estudios para el Desarrollo y la Defensa Nacional):
-La atención ambulatoria para enfermedades dermatológicas, infecto contagiosas, diarreicas y respiratorias.
-Hospitalización en el caso de las operaciones quirúrgicas de apendicitis, amigdalitis, hernias y traumatológicas; y
-Atención de emergencias por accidentes o enfermedades.
Otro punto complejo es la puesta en marcha de los fondos mutuos que continúa dando que hacer a los estrategos de la privatización y cuyo reglamento no será materia de un tiempo breve y urgido como el que reclama el presidente Fujimori.
Vivienda barata, tercer punto de las promesas económicas, ha provocado entusiasmo por parte de constructores y empresas privadas y se dice que el Ministerio de la Presidencia trabaja a todo trapo -es de esperar que sin las sorpresas de las construcciones escolares que por el apremio han resultado con evidentes fallas- para empezar a redondear las cifras de 50 mil casas en el trienio.
El seguro escolar es el nuevo caballito de batalla,¿podrá financiarlo?
El otro factor que se atribuye a la alza de los bonos presidenciales es el de la investigación sobre la nacionalidad del Presidente. Apoyo indica en su Fax de Opinión (N° 16, del mes de agosto) que "según esta hipótesis el cuestionamiento a la nacionalidad habría generado una corriente de solidaridad..., similar a la ocurrida con Baruch Ivcher".
Es posible que sea así -no obstante que según la propia encuesta, antes de conocida la segunda presentación del abogado de la familia, un elocuente 36% cree que nació en el Japón- pero también el asunto de la nacionalidad alimenta la crisis de credibilidad que aún sufre el Presidente.
Otro hecho remarcable en la encuesta de Apoyo es que la opinión pública parece inclinarse a diferenciar netamente que una cosa son las ofertas del gobierno -que al fin de cuentas son un retardado "panalivio" después de la rudeza prolongada del ajuste- y otra la eventualidad de que se le apoye en su intento reeleccionista. Sólo un 24% votaría por Fujimori en la próxima contienda frente a un 57% de Alberto Andrade, consolidado en su papel de alternativa viable para el 2000. Además, un 69% cree que debería realizarse un referéndum para ver si Fujimori puede postular en las próximas elecciones.
El propio Apoyo reconoce que Fujimori ya no se encuentra entre el pelotón de los presidentes latinoamericanos que gozan de amplia popularidad. Como Carlos Menem en la Argentina y el saliente Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia, Fujimori resiente el paso del tiempo, la irrupción del descrédito y la afrenta de la corrupción, males que junto con las limitaciones del propio modelo económico, traen al barro a quienes se sintieron en algún momento hijo de los inmortales.
Algunos analistas auguran que todavía hay un techo para Alberto Fujimori y que podría llegar a un 40%. La variable más peligrosa para ese apetito, no extinto de popularidad, es la intensidad y amplitud del fenómeno del Niño. Las nerviosas visitas presidenciales para ver el estado de avance de las obras de previsión en el norte tiene todo el sabor de una preocupación honda. Los indicadores macro son auspiciosos, ha habido hasta un reajuste sobre el porcentaje de crecimiento del PBI para este año (nada menos que 6%), se estima que el Niño a lo más puede bajar dos puntos del PBI. Pero todas son esperanzas y buenos deseos que naturalmente comparten todos los peruanos.
¿Queda eliminado el fantasma de la presión política para la administración Fujimori? Es otra de las vanas ilusiones que los consejeros alimentan en el mandatario. El fenómeno del Niño no sólo es natural, es también político. El deterioro del gobierno continúa, también los errores y la acumulación de prepotencias. El único que parece darse cuenta de que habría que cambiar de modales y estilo, auspiciando los democráticos, es Carlos Torres y Torres Lara, a quien le toca un rol que ojalá no frustre la perniciosa vocación autoritaria.