
Los Arequipeños y el Poder
Héroes y villanos characatos en la política peruana.
A lo largo de nuestra historia, bajo gobiernos democráticos, regímenes militares o alguna de esas ingeniosas combinaciones de ambos en las que nuestro país ha sido pródigo, nunca ha hecho falta rascar demasiado la estructura del poder para toparse con un characato. En ocasiones su papel ha sido de cara a la ciudadanía, como en los casos del tumultoso Nicolás de Piérola o Mario Vargas Llosa. Pero a veces también han jugado roles definitivamente clandestinos. De los Montoneros a Montesinos, de Sendero a El Otro Sendero, en el principio de todas las aventuras políticas peruanas, perversas o bien intencionadas, parece que siempre hubo un arequipeño.
Chirinos Soto, solícito argumentador ilustrado del régimen.
Sombrío Montesinos cuidando el bolsillo.
PESE a sus declarados afanes por convertir a su tierra natal en una "república independiente", los arequipeños han mostrado siempre un inequívoco interés por conducir los destinos del Perú; o, por lo menos, sujetar un pedacito de las riendas que sirven a tal fin.
Algunos de ellos, como el ex presidente José Luis Bustamante y Rivero o el ex senador y ex vicepresidente de la República, don Mario Polar Ugarteche, obtuvieron el reconocimiento de tirios y troyanos por su compromiso con el país. Otros, en cambio, han cosechado la tirria o la desaprobación mayoritaria de los peruanos.
EL "DOC"
Entre estos últimos destaca, por así decirlo, el ex capitán del Ejército, Vladimiro Montesinos. A pesar de ser considerado por muchos tanto o más poderoso que el propio presidente Fujimori, el "Doc" sólo se ha mostrado a la luz pública cuando Barry McCaffrey, el entonces Zar Antidrogas de los Estados Unidos, visitó Palacio de Gobierno; y al día siguiente del exitoso operativo "Chavín de Huántar". Es decir, cuando la oportunidad se ha prestado para darle una levantadita a su sombría imagen de antiguo informante de la CIA, ex abogado de narcotraficantes y responsable de todas las maquinaciones del SIN.
Abimael Guzmán: el Misti no tiene la culpa.
Lo cierto es que el poder de Montesinos parecería nutrirse precisamente de la oscuridad que rodea sus actividades. ¿De qué otro modo explicar que la pregunta acerca de la proveniencia de sus cuantiosos ingresos haya sido considerada por el gobierno como un atentado contra el más sagrado de los secretos de Estado y haya desatado, junto con otros escándalos, el operativo "bulldózer" contra Frecuencia Latina? Para ser un hijo de la Ciudad Blanca, le agradan demasiado las sombras.
Vargas Llosa: su proclividad a la "nevada" arruinó su campaña.
LOS VELEIDOSOS
Otro arequipeño vinculado al gobierno y más bien pintoresco es Enrique Chirinos Soto. De zigzagueante trayectoria política (Ver Caretas 1469), él es hoy el argumentador ilustrado de algunos de los atropellos legales del régimen, como la destitución de tres de los magistrados del Tribunal Constitucional ocurrida hace apenas unos meses. Polígrafo y poeta de resonancias d´annunzianas, posee a su favor un desarrollado sentido del humor que le permite reírse de sí mismo, circunstancia que se presenta con frecuencia.
Esa quizás sea su ventaja frente a otro characato veterano de la política nacional, Héctor Cornejo Chávez, quien también se hizo poco apreciable para la ciudadanía a causa de la inopinada mudanza de sus convicciones políticas. Como se recordará, tras haber sido el candidato presidencial de la Democracia Cristiana en las accidentadas elecciones 1962, se convirtió en compañero de viaje del gobierno militar del general Velasco y llegó a dirigir el diario "El Comercio" durante la oprobiosa época de la expropiación.
Hernando de Soto y Cornejo Chávez, sesudos pero nunca cautivadores de grandes masas.
ROMULO Y REMO
No podemos olvidar en este recuento a los dos hijos de Arequipa que a mediados de la década pasada parecían destinados a gobernar el Perú en una colaboración casi fraterna, cual versión characata de Rómulo y Remo. Nos referimos, claro, a Mario Vargas Llosa y Hernando de Soto. Uno, se suponía, aportaría el liderazgo y la elocuencia; el otro, las ideas y el programa. Como se sabe, sin embargo, la relación entre ambos se cortó abruptamente antes de que realmente se iniciara la campaña presidencial del novelista. Y más tarde cruzarían epítetos que darían colorido testimonio de lo que se conoce como la "nevada" arequipeña.
Vargas Llosa perdió las elecciones y De Soto ya no concita en el país el interés que solía, pero más allá de apasionamientos, la obra y el trabajo de cada uno de ellos es una de las razones por las que la Ciudad Blanca debe sentirse orgullosa.
LA OVEJA ROJA
Mención aparte, por lo sanguinario y fanático, merece el cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán. Aunque su prédica de horror y muerte germinó en Ayacucho, "Gonzalo" nació y cursó parte de sus estudios en Arequipa. A nadie, sin embargo, se le ocurre pensar que el noble Misti pudo tener algo que ver en la perversa forma como Guzmán decidió buscar el poder. Ovejas negras, hay en todos lados. Y Arequipa será siempre recordada por lo blanco de sus casas y de las aspiraciones de sus hijos más distinguidos, antes que por las pocas sombras que nublan su paisaje.