
Ministro Sin Cartera
La fortuna del traficante Waldo Vargas Arias llegó a su fin la semana pasada.
Como todo narco, el "Ministro" estaba acostumbrado a la gran vida. Solía solucionar sus problemas con dinero y dos veces eludió a la Policía peruana pagando millonarias sumas. Su organización era una de las más fuertes del Huallaga. Ultimamente se había dedicado a traficar heroína desde Bogotá y era seguido por los servicios de Inteligencia del Perú y Colombia. En nuestro país tiene siete juicios pendientes, uno de ellos relacionado con la banda de "Los Norteños", y también se le acusa de haber colaborado con el terrorismo al proporcionarle armas. Aquí, fotografías del seguimiento previo a su captura.

Horas antes de ser intervenido, Waldo Vargas Arias había acudido a cambiar dólares en compañía de su conviviente, la peruana Isolina Mansilla Acosta.
WALDO Simeón Vargas Arias, conocido en el mundo del narcotráfico como el "Ministro" por el ánimo comodón que lo llevaba a usar los servicios de un chofer en plena selva, fue capturado el pasado sábado 9 de agosto en Bogotá.
El día de su intervención pensó que una vez más burlaría el cerco policial. Sin embargo, cuando salía de una feria, fue apresado con su conviviente, la peruana Isolina Mansilla Acosta. Esta vez su dinero de nada sirvió y su captura quizás ayude a esclarecer el caso de la banda de los hermanos López Paredes (ver nota aparte), en cuyo juicio ha sido mencionado más de una vez.
La pareja a punto de abordar el auto para recoger a sus hijos e ir a la feria donde fue detenida.
Según informes de Inteligencia, quince días antes el "Ministro" había sido advertido de que estaba siendo vigilado y habría pagado 100 mil dólares para que le borrasen todas las requisitorias que había en su contra y le proporcionaran de paso más información sobre sus perseguidores.
LOS INICIOS
Cuando llegó por primera vez al Perú, a finales de los '70, Waldo tenía 24 años y era un desocupado en su país. Aquí fue contactado para ser chofer y miembro de seguridad de otros compatriotas suyos, como Evaristo Porras Ardila, narcotraficante que abastecía al cartel de Cali.
Más tarde se desplazó al Huallaga y se asentó en Uchiza, donde era traquetero y acopiador de pasta básica de cocaína. Conocedor de todo el movimiento de la droga se ofreció entonces para ser "burro".
Recibió así la misión de enviar droga al mundial de España en 1982, pero la Policía peruana lo sorprendió con casi 5 kilos de pasta básica en la primera semana de marzo de ese año, en un inmueble de San Martín de Porres. En esa oportunidad lo detuvieron con los colombianos Antonio Reyna Falcón, Juan Vega Rocha y Regia Antonio Cabrales.
Su organización, el "Cartel de cali", se movilizó a través de su aparato legal y el 19 de marzo Vargas Arias logró su libertad, sin que la fiscalía lograra denunciarlo. El interés del Cartel por tenerlo libre obedecía a que en pocos años había demostrado que podía llegar lejos.
GUERRA CONTRA EL `VATICANO'
Ya libre, el "Ministro" regresó a su país, pues aquí la Policía le seguía los pasos. Al cabo de seis meses, cuando le habían perdido el rastro, es enviado por su organización nuevamente al Huallaga, a donde llega en una avioneta.
El "Ministro" y la Mansilla serán juzgados en Colombia, pero sus casos interesan en el Perú.
Se instala en Uchiza y al comienzo era uno de los controladores de la pista de aterrizaje y coordinaba los envíos de droga. Se hizo de amigos y enemigos, por lo que formó un contingente de seguridad dotado de armas modernas.
Los que llegaron a conocerlo en ese entonces señalan que Vargas Arias gustaba de dormir en hamacas y rodeado de su cuerpo de seguridad, y que donde construía sus pozas de maceración, también mandaba construir una poza más que utilizaba como piscina.
En sus inicios mantenía relación con las distintas firmas que operaban en el Huallaga. Trabajaba con Demetrio Chávez Peñaherrera "Vaticano", con quien después tuvo diferencias que los llevaron incluso a enfrentarse a balazos.
Después de la captura de Chávez Peñaherrera nuevamente recuperó terreno, pero por sus vínculos con la subversión la Policía lo tenía especialmente entre ojos. Cerca de dos años atrás tuvo que volver a Colombia, donde creyó que estaría más seguro, hasta su amargo despertar de hace unos días. Ahora, tras las rejas, seguramente extrañará sus comodidades.