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Alta Televisión
"Risas y salsa", Maritere y la juerga cusqueña.
Por FERNANDO VIVAS
LOS efectos de la altura, más noqueantes cuando se llega de un invierno bamba como el limeño, me postraron al caer la tarde del sábado en un hotel cusqueño. Por alguna extraña razón, la imagen del 4 era un colmenar de hormigas, así que mi opción forzada fue el 5 y el 2: "Gana con ganas", "Risas y salsa" y más tarde "Maritere". Desde su ángulo casi cenital el Tv. rack, ese fierro que empotra la mirada con el cuento decorativo del ahorro de espacio, en lugar de exaltar empequeñece la parodia nacional. Pese a estar tan alta, 3 mts. más que los 3,500 m.s.n.m. del Cusco, la chispa de "Risas" resulta mustia. La podría soplar desde mi cama hasta apagarla pero no vale la pena porque el humor fofo de los sketches y esas imitaciones que chillan su parecido con el modelo para que no reparemos en su intrínseca chapucería, abrigan contra el frío. Además, la última edición se planteó como un homenaje a Aldo Vega, el humorista argentino, que produjo demasiado chiste populista y facilón, pero que cuando estuvo inspirado, nos regaló al Jefecito, a Chelita y a Papá.
Una vuelta por la Plaza cusqueña confirma la "barranquización" de la ciudad. A la imparable juerga turística se suman esta noche, centenas de adolescentes nativos que han pautado su vida teniendo como puntos de inflexión la chupeta y el bailongo sabatinos. La Plaza del Regocijo es el lugar ideal para desafiar las recientes ordenanzas municipales que restringen la ingestión de alcohol al aire libre. El relajado principio de autoridad policial alienta esta juerga que embota rápidamente sin ligar nada, mientras otros cusqueños, más aviesos, brichean con los ojos por los portales. Las chicas también rondan la calle en grupo (antes sólo se las veía en discoteca, a donde llegaban y salían con suma discreción) y están reclamando un neologismo para ellas. No podrían ser "bricheras" y tampoco "jugadoras". Sólo miran y se ríen y están dispuestas a pasarla bien a costa de maltratarse un poco.
Breve escala técnica en el hotel y un par de secuencias de "Maritere" donde los padres no comprenden a sus hijos, estos no comprenden a sus padres y nadie, Maritere incluida, comprende los motivos que animan, por ejemplo, la chupeta cusqueña o barranquina. De vuelta a la Plaza y a resolver un pequeño dilema: Ukukus o Kamikaze. En el primero hay show pagante de Miki González, en el segundo, un nuevo ambiente, desgajado de la pista de baile, donde me puedo sentar en una esquina y simplemente mirar al alegre respetable, conversar con el amigo Carlos Sánchez y picotear la cháchara de otros cusqueños. Soy espectador participante de un talkshow sano, mundano, irónico pero conciliador, que la Tv. sabatina nos tiene negado.
Aldo Vega (1933-1997)
Aldo Vega Sánz en su rentrée a "Risas y Salsa".
Como humorista testarudo, Vega siempre estuvo en pie de guerra. Primero fueron las víctimas de las primeras parodias de "Risas y salsa", después la propia "Risas" que lo reemplazó y encontró que aún con buenos imitadores, fanfarria musical y potos lozanos -items que le preocuparon menos que a otros- no pudieron alcanzar la "fácil complejidad" del Jefecito, ni la grosera eficacia de "La banda del choclito" o "La charapita", para no hablar de Papá Chuiman, Machucao y esa curiosa alianza del costumbrismo pícaro y naif (al que Vega consagró su último fracaso, "Plaza picante", en Global) y un achoramiento contemporáneo. En salvaguarda de todo ello Vega, ya salido de "R y S", guerreó con patentes hasta quedarse sin chamba aunque con muchos hijos registrados. En homenaje a ellos y al humorista argentino-peruano, ya golpeado por el cáncer, que tuvo la valentía de volver a "R y S" cuando Guille y medio elenco abandonaron el barco, el humor nacional sigue de duelo.
Mariela Balbi, periodista.
Veo poca Tv., no soy fan del zaping. Me pone frenética, aunque sí zapeo del Film & Arts, al HBO, al Cinecanal, entre una película y otra... De la Tv. local veo noticieros cuando tengo tiempo y cuando cojo el del 4 me gano antes con los dos últimos bloques de "Esmeralda". Ahí hay surrealismo, Tarantino, desgarro, llanto cuando Esmeralda va a recuperar la visión y aparece el de la cara quemada. Me divierte mucho... Veo los 10 primeros minutos de otros noticieros, unos acentúan lo que otros no, veo de qué pie cojea cada cual y sus "notas exclusivas" (¡todos las tienen aunque sean idénticas!)... Deportes, ni muerta... Como me gusta la cocina, a veces pesco a Arguiñano y a las argentinas... Cuando hay comerciales chapo el 6 de Cable Mágico para ver las sesiones del Congreso, aunque mi marido cree que estoy chiflada por hacer algo así... Domingo en la mañana me deprime ver Tv. y en la noche sí zapeo un poco los programas políticos. Pero si se quedan en el fenómeno del Niño o en Servando y Florentino, cambio a cualquier película... A Carlos Alvarez lo veo siempre que lo chapo. Programas cómicos en realidad no veo aunque, bueno, "Esmeralda" es un programa humorístico.
Sátiramente
Guillermo Villalobos, por primera vez.
Las tomaduras de pelo, con almibarado humor, no siempre surten efecto en la pantalla chica. "Por primera vez", embarcado en la recorrida fórmula de la parodia musical ("Risas y salsa" logró solvencia en el género de la letra cambiada y la Tv. catalana tiene un concurso "La parodia nacional" sospechosamente idéntico al del 5), se queda tibio en sus objetivos. Nuestra parodia carece de toques perversos, siquiera guiñolescos, pero hay que celebrar la versatilidad y entusiasmo del grupo pataclaunesco que actúa, canta y brinca con celeridad televisiva. En contraste a la euforia del equipo vienen las disculpas prologales de un bienintencionado pero carente de chispa Guillermo Villalobos, innecesarias cuando las letras resultan tan fresas. Por otro lado, ya que las sátiras no dan para mucho, se reactualiza en el mismo programa, el esquema del ya mítico "Trampolín a la fama", en el cual espontáneos cantantes amateurs descubren sus talentos. Que mejore. (L.A.)
Picotazos
"Yoshiyama y Joy Way visten bien porque vienen de la empresa privada pero, a Siura, con esos ternos, no lo dejarían entrar a una sesión de directorio"
Rafo León en "La Revista Dominical".