El Cómico Abundante


El Cómico Abundante
Oliver Hardy, el Gordo más respetable del siglo, murió cuatro décadas atrás, el 7 de Agosto de 1957.

Más que el contraste, en Laurel y Hardy primó la armonía de humores y sentimientos, como en este retrato en bañador.

Oliver Norvelle Hardy era dos años menor que Stan Laurel y se dejó llevar por éste en la carrera más intensa y fulgurante que haya tenido una dupla de actores cómicos en la historia del cine. Empezaron en 1927, con pequeños cortos silentes y acabaron a inicios del los '50, cuando el físico les impedía cumplir sus exigentes rutinas. Pero si Laurel era el guía, fue el estilo aparentemente juicioso y reposado de Hardy, ocasionalmente violentado por gags hilarantes, el que marcó la gracia y la respiración de la célebre pareja.

Hardy, estrenando en 1927 su atuendo definitivo.

SU vida fue demasiado apacible como para resbalar a las páginas del Hollywood Babilonia de Kenneth Anger. Gordito provinciano, empezó a dar de trinos hasta que a los 8 años lo contrataron para un espectáculo musical. Pero siguió aburriéndose hasta que en 1913, a los 21 años, puso una salita de proyección. La butaca le quedaba demasiado estrecha y dio el salto a Hollywood, donde la comedia muda alcanzaba ritmos insostenibles. El necesitaba calistenia y los cortos cómicos necesitaban un corazón mullido. Ya en 1915, "The paperhanger's helper", su primer opúsculo, delata el estilo que iba a hacer bailar a Stan Laurel en torno suyo, cuando ambos se montaron al tandem en 1927. Se dice que Laurel, dos años mayor, llevaba la voz cantante detrás de la cámara, pero en la ficción Hardy era el delantero.

En "The dancing masters" (1943), uno de sus últimos filmes, Hardy da una lección de bonhomía.

Si en algo Hardy y Laurel están a varios km. de otras duplas de payasos, es que eran amigos y no una simple alianza de accidentes humanos. No son el cubo y el cuadrado o el punto y la línea que se sueltan mongos chistes de contraste cuando no andan enredados en farragosas rutinas verbales. Nuestros Gordo y Flaco, (no confundir con Abbott y Costello que infructuosamente intentaron usurpar en los '40 y '50 tamaño membrete) empezaron su carrera sin poder hablar y se establecieron como la única dupla en el ambiente. Jamás tuvieron competencia pues su negocio era la comedia de la solidaridad. A pesar de los tortazos y de otras rudas variantes del slapstick, el Gordo de veras gozó de la compañía del Flaco. Fueron dos figuras sobre el paisaje, un estudio de la armonía más que un ingenio del contraste. A ambos les sobraba en buena fé lo que les faltaba en sex-appeal. Laurel era el que provocaba las desgracias, pero ¿qué se hubiera hecho Hardy sin él? No es que el Gordo fuese paternal, es que de veras quería al Flaco. Y si tantas veces se casaron o supeditaron sus afectos a la bronca con un tercero como en "Big business" (1929), uno de mis cortos silentes favoritos, no tardaron, como buenos cuates, en llegar a esa gran epopeya del humor y los sentimientos que es "Way out west" (1937) uno de mis largos favoritos. Era un gordo buenísimo. (Fernando Vivas).