La Batalla de Gorriti


La Batalla de Gorriti
Por qué el gobierno de Panamá lo tiene en la mira.

El pretexto invocado por el presidente Pérez Balladares ha levantado una tormenta internacional y propiciado un incidente con el Perú.

La reacción internacional que ha generado la decisión del gobierno de Panamá de expulsar de su territorio al periodista peruano Gustavo Gorriti Ellenbogen ha alcanzado niveles realmente ejemplares. La reciente medida cautelar dictada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA intimando al gobierno de Panamá que suspenda toda acción hasta que la propia Comisión estudie el asunto, debiera ser atendida. El Pacto de San José compromete a los gobiernos del hemisferio a acatar dispositivos de esa naturaleza. Sin embargo, el presidente Ernesto Pérez Balladares y la gente de su régimen parecen haber perdido los estribos frente al tipo de periodismo independiente y revelador que está practicando Gorriti con sus colegas en el diario La Prensa, y cualquier cosa puede suceder.

ESTE lunes La Prensa de Panamá publicó una fotografía del presidente Ernesto Pérez Balladares bajando de un avión acompañado del ex presidente de Guatemala Jorge Serrano Elías.
El mandatario acudía a inaugurar un lujoso club de campo financiado por Serrano, y ambos personajes aparecen riendo a caquinos.
Esa misma tarde, sin embargo, Guatemala retiró a su embajadora de Panamá.
La razón es muy simple. Serrano fue el hombre que intentó dar un autogolpe y emular a Fujimori. Actualmente vive fugado de su país, ha sido acusado de enriquecerse en el poder y está procesado.
A los guatemaltecos no les hace gracia que Serrano gaste lo que robó bajo el padrinazgo protocolar de `El Toro' Pérez Balladares.

Gustavo Gorriti, director asociado de La Prensa de Panamá, en riesgoso camino a la frontera donde una incursión de paramilitares colombianos dejó varios muertos y generó el éxodo de centenares. Cuando trabajaba en CARETAS, Gorriti hizo más de una excursión similar en Ayacucho.

De más está decir que la documental foto no ha hecho nada por mejorar las relaciones entre La Prensa y el gobierno, ni tampoco ha aliviado la situación de Gustavo Gorriti Ellenbogen, el director asociado del diario.

NUEVO DESAFIO

Hace año y medio Gorriti lió bártulos y se trasladó de Miami a Panamá con señora y dos hijas para asumir ese nuevo y desafiante cargo. En enero, el equipo de investigación de La Prensa encabezado por Gorriti, recibió el Premio Rey de España por una serie de reportajes sobre la quiebra fraudulenta del banco Banaico.
Ahora el ministerio de Trabajo ha decidido no renovar su permiso laboral y cancelar la visa pertinente, fijándole plazo hasta el 28 de agosto para que abandone el país. La disposición ha sido acompañada de una campaña xenofóbica contra "el peruano", encabezada por pasquines oficialistas como La Estrella de Panamá.
El ministro de Trabajo, Michel Doens, ha refrendado la revocatoria alegando que sólo aplica disposiciones del Código de Trabajo que, entre otras cosas, limitan el número de trabajadores extranjeros al 10% de la nómina de cada empresa.
Sucede que La Prensa sólo tiene dos extranjeros entre sus 300 trabajadores -Gorriti y Miren Gutiérrez, española que edita la sección de negocios, así que ese argumento es absurdo.
El viernes pasado, Roberto Eisemann, el fundador de La Prensa, dio cuenta de otra versión llegada de Las Garzas, el palacio de gobierno panameño. Allí se había hablado de la existencia de un plan para asesinar a Gorriti, y discutido la "conveniencia" de sacarlo del país para que el hecho de sangre ocurriera en otro lugar y no manchara la alfombra.

Dora Reyna, asesora de la presidencia, se vio varias veces con el embajador peruano Ross Antezana. Gabriel Castro, del Consejo Nacional de Seguridad, equivale a Montesinos.

La Prensa añadió detalles. Primero, hace cuatro meses, Pérez Balladares en persona se habría referido a la mentada conjura ante una reunión parcial de su gabinete. Después habría informado del tema a todos sus ministros en una reunión realizada poco antes de la revocatoria del permiso laboral de la eventual víctima. El diálogo ministerial, calificado como "secreto de Estado", se realizó en la presencia de unas quince personas, y dado lo irrisorio de la argumentación, los detalles se filtraron.
Pérez Balladares dijo primero que eran empresarios los que querían liquidar a Gorriti, después gente del Ejército peruano y finalmente del Servicio de Inteligencia Nacional. Arguyó que la mejor forma de librarse del problema sería obligando su salida de Panamá en forma discreta.
Obviamente calculó mal.
Los periodistas de La Prensa consideran que hubo consultas entre las autoridades panameñas y peruanas para encontrar la forma de librarse de Gorriti, ya que en los últimos meses la secretaria de prensa de la presidencia, Dorita Reyna, visitó asiduamente al embajador del Perú, el ex ministro de Agricultura Alfredo Ross Antezana.
Lo que seguramente no esperaban nuestras autoridades es que el Presidente de Panamá les atribuyera casi oficialmente propósitos homicidas.
De hecho, la versión divulgada por La Prensa ha generado un incidente internacional en el que nuestra Cancillería ha presentado una nota de protesta al gobierno de Panamá a través de su embajador en Lima, y el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Eduardo Ferrero Costa, ha expresado públicamente la preocupación del gobierno peruano por la suerte del colega.

REPORTAJES DE BANDERA

Más allá de la posibilidad que realmente existan opciones criminales, es más que probable que el gobierno de Pérez Balladares ha querido aprovechar la merecida mala reputación del Grupo Colina como pretexto torpe para librarse de un periodista que considera incómodo.
La Prensa, por cierto, es un matutino que arrastra su propia historia de luchas. Fue clausurado en dos ocasiones por la dictadura de Noriega, y sus instalaciones virtualmente destruidas. Eventualmente, desde su reapertura, se convirtió en el primer diario de Panamá.
Pero la suma de un profesional del calibre de Gorriti, que se curtió en CARETAS en los años más riesgosos de la violencia terrorista, y que después pasó por la Fundación Nieman de Harvard, por una beca Guggenheim en Washington, por el Centro Norte Sur de la Universidad de Miami y por las muchas publicaciones con las que ha colaborado en el hemisferio, ha dado a La Prensa una carga adicional de energía y eficacia.
Y en Panamá, no cabe duda, se cuecen habas.
Estas son algunas de las notas recientes de La Prensa que han irritado a la gente de arriba:
-Nicolás Gonzales Revilla, un primo hermano y socio del Presidente, tiene afanes monopólicos. Es el propietario de dos de las tres cadenas de televisión, y ha hecho retirar licencias a la tercera para reducir su ámbito. Es también dueño de la radioemisora más potente y controla mucho del cable. Sus razones no son sólo pecuniarias, sino que están vinculadas a un proyecto reelectoral de Pérez Balladares.
-Al revertir el Fuerte Allbrook al Estado de Panamá en la zona del Canal, se implementó un programa de privatización estrambótico en el que el gobierno vendió concesiones en el mismo lugar a una empresa norteamericana, una china y otra mexicana. Deshacer el entuerto podría costar al contribuyente panameño unos US$ 100 millones.
-En la periferia del caso Banaico se descubrió que el narcotraficante José Castrillón había hecho donaciones a la campaña electoral de Pérez Balladares. La revelación fue compartida entre La Prensa, The Miami Herald y The Economist. Al fin el Presidente debió aceptar que así había sido, sin su conocimiento.
-Al salir de una audiencia con el Presidente, ejecutivos de la firma GBM fueron interceptados en palacio por Moisés Mizrachi, un amigo de Pérez Balladares, quien los condujo a un salón reservado y les informó que era innecesario que participaran en una licitación si negociaban una compra directa. Gabriel Castro, quien como director del Consejo de Seguridad Nacional es el equivalente panameño de Vladimiro Montesinos, se pasó dos días tratando de descubrir quién había filtrado la información.
-Friedrich Adolph Specht, un estafador germano-holandés recién salido de una cárcel en EE.UU., se presentó en Panamá y se convirtió en el principal donante de la campaña de Pérez Balladares (con US$ 700,000), y en un personaje de influencia. La Prensa detectó entre los visitantes a su mansión en Europa a Michel Doens, el mismo ministro de Trabajo que ahora revoca el permiso laboral a Gorriti.

LAS PROTESTAS

El caso de Gorriti se ha convertido merecidamente en una causa célebre hemisférica. En su gira esta semana por Argentina y Paraguay, Pérez Balladares debe haber apreciado en forma muy directa el malestar en los medios de comunicación.
No es que en su sede en Las Garzas fuera inmune al calor de la protesta generalizada.
Tanto John Le Carré, el autor de `El Sastre de Panamá', como Mario Vargas Llosa le han escrito pidiendo una reconsideración y sumándose a organizaciones como la Sociedad Interamericana de Prensa, el Comité Internacional de Protección al Periodista, y Reporteros sin Fronteras.
En el Perú se ha dado una rara unidad de criterios entre los directores de El Comercio, La República, Expreso y Ojo, que junto con CARETAS, han protestado por lo que obviamente es una represalia contra un periodista totalmente honesto y fieramente independiente.
Para el lunes de la próxima semana se anunciaba el viaje a Panamá de una delegación parlamentaria peruana compuesta por Harold Forsyth (UPP), Antero Flores-Aráoz (PPC) y Angel Javier Velázquez Quesquén (PAP). A ellos se podría sumar un congresista de la mayoría, con lo que la misión adquiriría visos oficiales.
Las vueltas que da la vida.
Mientras tanto, también el lunes, Gorriti despachará a Nueva York a su esposa Ester y a sus dos menores hijas, para sacarlas de la confrontación y los procedimientos policiales de la deportación, si éstos se llegaran a dar.