Sobre Halcones y Palomas


Sobre Halcones y Palomas
En la aparente calma chicha de los últimos días, bulle bajo la superficie una sorda pugna que podría inclinar la balanza hacia la cordura.

Parábola o fábula de dos tendencias en el régimen, insinuadas a veces, vuelven a servir para definir el panorama político.

Las recomendaciones de que el Presidente Alberto Fujimori recobre un perfil propio antecedieron al mensaje del 28 de julio. Era un pedido que auspiciaban los defensores del régimen y, cosa curiosa, también la oposición. Pero agosto se ha mostrado como el mes de un paulatino deslizamiento hacia posiciones menos belicosas, o cuando menos la quietud después de la tormenta parece cobrar forma. ¿Eso enardece a los halcones, que creen ver en el trémolo de las encuestas una forma de apaciguamiento de la oposición? ¿O, por el contrario, son las palomas las que muestran pequeños ramos de olivo, como fórmula salvadora para que el cadáver, ay, no siga muriendo? Hay versiones que acreditan que el predicamento y la ostentación de poder de Vladimiro Montesinos y de Nicolás de Bari Hermoza están en trance de disminuir, que son ya más lastre que impulso de la nave, que al fin y al cabo quiere continuar la travesía e incluso reiniciar un tercer periplo. La saga del reacomodo empieza otra vez.

Presidente Alberto Fujimori: una opción sería calmar las tensiones, la otra podría ser deshacerse de las aves rapaces e indesmayables.

HASTA tres elementos de la reciente actualidad llevan a considerar que se ha entrado a un breve tiempo de calma, de pleamar, política.

  • El primero, el nuevo estilo inaugurado por el presidente del Congreso, Carlos Torres y Torres Lara, que ha confesado que si las encuestas no están del lado de la mayoría oficialista, es llegado el momento del diálogo y del prestar oídos a lo que dicen la ciudadanía y la oposición. (Ver entrevista en esta edición).

    General Nicolás Hermoza: su permanencia más que cuestión de estado es cuestión castrense.

  • El segundo, la rápida rectificación de la acusación a la jueza Greta Minaya, lanzada desde el Ministerio del Interior en un irreflexivo acto que entrañaba una barbaridad jurídica. No pudo ser más inoportuna la iniciativa -firmada por el anterior encargado del Ministerio, el general César Saucedo, hoy en la cartera de Defensa. En efecto, arreciaban las críticas al sometimiento del Poder Judicial al poder político y se reclamaba restaurar la autonomía de magistrados y tribunales. La propia jueza Minaya tuvo una reacción valiente e inmediata que amenazaba con lanzar nuevamente a la esfera internacional un caso de mayúscula intolerancia y venganza instigada por "halcones" castrenses.

    UN NUEVO PISO

    Estos datos sueltos, vistos como una secuencia tranquilizadora, podrían formar parte de lo que Mirko Lauer en La República ha llamado la construcción de un "nuevo piso político" por parte del gobierno.
    Alberto Fujimori ha constatado en los hechos que obtiene réditos, pequeños es cierto pero elocuentes al fin y al cabo, si reconvierte la confrontación en apertura, aunque mínima.
    Ha constatado también que dejando pasar las cosas sin dar la idea que él las dirige intencionalmente, puede ir marcando distancias con algunos consejeros y corifeos que han terminado por hacerle más daño que favor, oscureciendo y dilapidando sus eventuales éxitos.
    Alguno que otro medio periodístico de ralea ínfima ha dado cabida a la ponzoña de viejo cuño, creyendo que con el tema de la nacionalidad del Presidente se ganaban el favor de Palacio. Está por verse si ese servilismo es propiciado desde la Casa de Pizarro o tiene, por el contrario, un animador en los predios de los expertos en guerras sicosociales, desesperados por volver a adquirir predicamento ante Alberto Fujimori.
    En la práctica, y cuando las papas quemaban, Palacio empezó a buscar interlocutores distintos a los que provenían del SIN o del flanco castrense.
    Quiérase o no, el poder prolongado genera camarillas que terminan por encerrar al mandatario, proponiéndole una visión estrecha.

    Asesor Vladimiro Montesinos: un pararrayos de críticas que desluce los logros.

    Tampoco está claro si personajes como Manuel Vara Ochoa o Absalón Vásquez, hábiles en el acopio de gente para "improvisados baños de multitud", pueden ser suficientes para plantearle válidas y jugosas perspectivas políticas.
    Algunos de los que conversaron con Fujimori en los días posteriores al 28 de julio, señalaban que lo habían visto tranquilo pero un tanto desavisado respecto al clima y los hechos que rodeaban su administración.
    Esa pérdida de panorama dio lugar a la aparición -o reaparición- de algunos contertulios que empezaron a hacer balances sobre las fuerzas leales de que dispone el fujimorismo.
    Una pieza que en el tablero parece sobrar es la del general Nicolás de Bari Hermoza, en especial porque cada año que se queda en la comandancia general del Ejército, sacrifica promociones, más que una decisión política, se trata de una opción del propio cuerpo militar.
    Una previsible unanimidad fue fortaleciendo el convencimiento de que el fardo más pesado era el asesor Vladimiro Montesinos.
    Es posible -le habrían dicho- que muchas de las acusaciones en su contra sean injustas, que incluso sus consejos hayan sido en lo coyuntural útiles, pero a la larga cuanto se hacía (la reconquista de la Embajada nipona, la reforma judicial, el plan de lucha contra la pobreza) se perdía por la sombra que proyectaba esta figura hacia la que, con habilidad, los opositores hacían converger todos los anticuerpos públicos.
    El ejemplo que se habría usado fue la distinta fortuna que ha tenido una labor como la de Sandro Fuentes. Conservándose en una estricta postura profesional, sin amenazas ni aspavientos, dando la cara, Fuentes logró revertir la sospecha de que Fujimori fuera japonés. Un perfil muy distinto a las maniobras complejas e insostenibles en un Estado democrático como "el chuponeo" telefónico, la ofensiva contra Ivcher, los extremos de presión contra la torturada agente Leonor La Rosa.

    Sandro Fuentes: su reaparición ha tenido impacto político. Derecha, canciller Eduardo Ferrero y embajador norteamericano Dennis Jett en firma de convenio antidrogas.

    Otra mención debería haber sido la del secretario ejecutivo de la Comisión Ejecutiva del Poder Judicial, José Dellepiane, que no obstante las críticas que le llueven por todos lados, sale al frente, debate y se expone, favoreciendo en parte un clima de transparencia que disminuye las sospechas de que todo lo que parte del gobierno viene de las sombras o tiene un aire siniestro y confabulador.
    En suma, exorcizarse del asesor.

    EL CAMINO DE DAMASCO

    Otro argumento fueron las referencias a actitudes como las de Enrique Chirinos Soto, presidente de la poderosa Comisión de Constitución, que ha sostenido que Fujimori no puede reelegirse de nuevo, a la luz del texto constitucional, o de Carlos Ferrero que ha sostenido que se respete los fueros del Fiscal de la Nación y ha pedido a la magistrada Blanca Nélida Colán que refrene su intervencionismo en el Ministerio Público.
    La broma sobre Chirinos fue inevitable: no sabemos si se ha tratado del camino de Damasco o de un macerado damasquinado.

    El problema es tener administradores del área social confiables y capaces de competir con los gobiernos locales. Una sinrazón centralista. Derecha, Fujimori el martes 19 en Palacio en busca del baño con la multitud.

    Evidentemente, el exorcismo parece una sana receta pero supone todo un trajín político que tiene que irse configurando día a día. ¿Volverán los santiaguistas, como un grupo reconstituyente? ¿Dónde hay que dar cartas plenas a los consejeros profesionales, democráticos y civilizados? ¿Cuál sería la correlación de fuerzas en las FF.AA.?
    Un buen augurio, para algunos, ha sido la reunión de varios embajadores en el exterior. Ricardo Luna vino de Washington, Beatriz Ramaccioti de la OEA, Fernando Guillén de Nueva York, María Luisa Federici de París. El tema era la imagen externa, pues no podía dejar de aceptarse que había una contradicción entre lo que hacía Promperú o Prompex -los famosos "Roadshow"- y la valoración política de los últimos sucesos por parte de la opinión pública en los países desarrollados.
    Una consecuencia inmediata es el programado viaje a los Estados Unidos del Canciller Eduardo Ferrero, principios de setiembre, cuya importancia no sólo se centra en la esfera del Ejecutivo y el Departamento de Estado sino también ante la prensa y el poderoso Congreso, donde ya ha habido expresiones de desacuerdo con el caso Ivcher. Tiene también la delicada empresa de esclarecer el asunto de las armas y explicar si, en efecto, bullen en el Perú ánimos belicistas por parte de una facción de halcones que urgen por un desquite de los acontecimientos del Cenepa en 1995.
    Sin embargo, el frente de mayores urgencias es el social y allí, si es que de veras Fujimori busca un reencuadre político, el empalme es con los gobiernos locales. Una sorda lucha convive hoy entre el Ministerio de la Presidencia, el de la Mujer y Foncodes por mostrar realizaciones y evitar el escándalo de la corrupción o el populismo cínico. Cambiar ese escenario por otro tipo de dirigente eficaz y aséptico no es fácil, y al mismo tiempo el contraste con lo que hacen los gobiernos locales invita a cambios radicales en la participación popular.
    La hipótesis de un Montesinos a plazo fijo, próximo a ser desmontado del gran aparato que ha creado con paciencia sibilina, puede que sea sólo un espejismo y que la táctica del agua mansa sea sólo un complemento del agua brava por parte del propio presidente Fujimori. Estas semanas son decisivas. Entretanto, hay quienes aconsejan a Montesinos que recuerde la célebre frase de Fouché -al fin y al cabo magíster de las sombras- cuando se le acusaba de haber sido el principal obstáculo de Napoleón: "No he sido yo quien ha traicionado a Napoleón, sino Waterloo".