
Beso Del Rocío
El milagro de las Lomas de Lachay en el año del Niño.
El último ejemplar silvestre de venado gris fue cazado en Lachay en 1931 por un representante consular del Imperio Británico. Actualmente los guardabosques cuidan un ejemplar domesticado, mimoso y pedilón. Derecha, pioneros de la temporada.
DON de las nieblas, húmedo fruto del rocío, las Lomas de Lachay han vuelto a reverdecer en el año del Fenómeno del Niño. La alfombra de gramíneas y musgos de varios tipos se tiende sobre las suaves colinas, y alrededor de las caprichosas cavidades pétreas. Los capullos de las flores, que harán estallar la pradera en colores, ya brotaron, diminutos. Es el milagro redivivo. Oasis en uno de los
Siguiendo el sendero que discurre entre plantas y cuevas.
desiertos más secos del mundo, las lomas costeñas son ecosistemas estacionales que se alimentan únicamente de la humedad captada de las nieblas. Tenue y frágil, su exuberancia vegetal se sostiene sólo mientras el rocío bese las laderas cordilleranas. Después todo retorna a la semilla, salvo los longevos árboles de tara y espartanos cactus, que resisten a pie firme los largos períodos de sequía hasta la siguiente temporada de humedad. Las Lomas de Lachay, ubicadas a la altura del Km. 105 de la Panamericana Norte, constituyen el único ecosistema de lomas protegido de la costa peruana. Con apenas 5,070 hectáreas de extensión, es la reserva más pequeña del sistema nacional de áreas naturales, pero una de las más visitadas. Ha llegado el momento de retornar al templo.