Un Niño Atrevido


Un Niño Atrevido
En una Caja de Pandora se ha convertido este Niño que amenaza ser "el peor del siglo".

Pablo Lagos, único científico peruano invitado a participar en los foros internacionales sobre el Fenómeno de El Niño que se llevaron a cabo recientemente en Roma, Estocolmo, París y Washington.

EL aumento de la temperatura en la superficie del sur del océano Pacífico, señal inequívoca de que hay un Niño en camino, es el primer indicio de que esta vez, el fenómeno climatológico que nos visita cada cuatro años tendrá una intensidad si no superior, por lo menos similar a la registrada en 1982-1983. El calentamiento de las aguas se mantiene en una constante de cuatro a seis grados sobre lo normal (en el '83 el promedio fue de 8 grados, llegando a alcanzar los 10 grados en su punto más álgido) formando una gigantesca masa de agua cálida frente a Sudamérica dos veces el tamaño de EE.UU. y 300% más grande que la masa registrada en mayo último por la NASA. Otro indicio del accionar de El Niño, directamente vinculado al calentamiento de las aguas, es la información proporcionada por el radar del satélite Topex-Poseidón sobre el crecimiento del nivel del mar en 30 cm. a la altura de Sudamérica. Si a ello se agrega la masa de vapor de agua detectada por los satélites, sinónimo seguro de lluvias torrenciales, tenemos un panorama por demás alarmante para los próximos seis meses.

Las inundaciones ocurridas en las playas de Colán en 1983 podrían repetirse en cualquier punto del litoral peruano debido al considerable aumento del nivel del mar. Los riesgos de inundaciones en el norte del país y ciudades como El Callao y La Punta, son reales. La alerta está dada.

En el Perú la reacción ante estos pronósticos no se ha hecho esperar. El domingo pasado se expidió la partida de defunción del CONAE (Comité Nacional de Acciones de Emergencia) al que, a pesar de su corta vida -fue creado en julio de este año- se le criticó por los retrasos en los trabajos de prevención que venía realizando en el norte del país. Ahora es el propio Consejo de Ministros, siempre bajo la dirección del ministro de la Presidencia, Daniel Hokama, quien tiene a su cargo la responsabilidad de las tareas preventivas en los trece departamentos declarados en emergencia: Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Arequipa, Moquegua, Tacna y desde el pasado fin de semana, Ayacucho, Cusco, Apurímac y Huancavelica.
Planteadas así las cosas, resulta significativo que alguien tan imperturbablemente cauto como el doctor Pablo Lagos, del Instituto Geofísico del Perú, declare a CARETAS que "lo que se viene es un Niño fuerte que podría llegar a alcanzar la dimensión del evento del '83". En su opinión sin embargo, la probabilidad de que esta vez el fenómeno supere en intensidad al registrado hace quince años es remota, pues "el océano no puede calentarse más de 10 grados sobre su temperatura normal debido al proceso dinámico que genera en el océano la termoclina (frontera que separa las aguas superficiales cálidas de las profundas y frías)". Según Lagos, la máxima expresión de El Niño se daría durante los meses de diciembre y enero, época tradicional de lluvias en el norte del país, y sus consecuencias se sentirían también, en forma de dramáticas sequías, en la sierra sureste. Pese a que zonas como el Altiplano se han visto afectadas con severas sequías en anteriores irrupciones de El Niño, el departamento de Puno no ha sido declarado en estado de emergencia.
La alarma está dada. Pese a las particulares características que ha presentado este Niño desde que fue detectado, es evidente que su impacto se dejará sentir. La magnitud de su accionar, sin embargo, no la sabremos hasta que golpee nuestro territorio de una manera más frontal. ¿Estaremos preparados? (Informe: Jenny Pérez/ Edición: Liliana Peñaherrera).