Culturales




Camino Al Siglo
La Sociedad Filarmónica cumplió 90 años y los sigue festejando con una programación de lujo. Acaba de fallar además, el quinto Concurso de Composición Musical que convoca cada cinco años y que desde esta vez se extiende a nivel latinoamericano.

Los músicos fundadores reunidos en la Quinta Heeren. Enrique Swayne y Argote (viola), Alfredo Fleury (bajo), Alejandro Baasch (chello) y el anfitrión Carlos Einfeldt (violín).

EL 15 de agosto de 1907 se reunieron en el Club Nacional un grupo de amantes de la música clásica con la intención de fundar una Sociedad Filarmónica. Así fue. Y la partida de nacimiento llevó las firmas de Antenor Aspíllaga, Alberto Falcón, Felipe Barreda y Osma, Carlos Einfeldt, Alejandro Baasch, Rómulo Botto, Pedro López Aliaga, Francisco Graña y Luis Gonzales del Riego.
Las primeras reuniones musicales se hicieron en la casa que el músico alemán Carlos Einfeldt tenía en la Quinta Heeren y los primeros conciertos tuvieron como escenario el Palacio de la Exposición primero, luego la acogedora salita Entre Nous y por último el Teatro Municipal y la Sala Alzedo.
Las nueve décadas que han pasado desde entonces, han servido para acrecentar y solidificar esta sociedad musical, la más antigua en su género que existe en el país y la que ha influido decisivamente en el desarrollo de la vida musical limeña. De su núcleo surgió la Academia Nacional de Música y una década después la Orquesta Sinfónica Nacional.
La regularidad de los conciertos y la preocupación por incluir músicos y conjuntos de categoría internacional, han sido una constante en la actividad de la Filarmónica. Ahora, bajo responsabilidad de Heriberto Ascher, quien está seis años en la dirección (aunque lleva 15 años ligado a la Sociedad), el balance musical es de veras impresionante. Baste señalar que desde 1971 nos han visitado más de 300 músicos de renombre, entre nacionales y extranjeros.

Heriberto Ascher, actual presidente de la Sociedad Filarmónica.

A diferencia de sus similares europeas, nuestra Filarmónica no recibe ningún apoyo estatal. Se mantiene merced al generoso aporte de la empresa privada, de personas naturales que asisten a las temporadas anuales (13 conciertos), la colaboración de las representaciones diplomáticas y sus asociaciones culturales (British, Goethe, Alianza Francesa, Instituto Italiano de Cultura). La tarea principal de Ascher antes de terminar el siglo, es incentivar y multiplicar el acceso del público joven a los conciertos mediante la venta de abonos a mitad de precio.
Mientras tanto, esta semana se torna espectacular por los tres conciertos que se vienen en el Auditorio del Colegio Santa Ursula: el lunes 29 el violinista italiano Uto Ughi, el martes 30 el pianista vienés Paul Badura-Skoda y el viernes 3 el brillante cuarteto de cuerdas alemán Nomos. Puro oídos.


A La Intemperie
Individual de Ana María Avila en la Galería Signos.

Ana María Avila y sus platos decorados en Signos de Miraflores.

EL trabajo que Ana María presenta en su tercera individual, podría definirse como el ejercicio pleno de una intimidad que sale a flote. Ana María, joven pintora egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1995, intenta a través de una treintena de cuadros la representación de rostros y figuras humanas que, atisbando desde el lienzo, sean capaces de sugerir un mundo interior, una riqueza psicológica por medio de la expresividad del color.
Ella es de aquellos artistas para los cuales la experimentación es tan importante como la creación misma. Por eso su técnica incluye incisiones, la utilización de una amplísima gama de colores y de materiales, y la presentación de rostros cortados, donde la deformación sea un canal expresivo más. Los personajes que pueblan su universo son los de la calle, son los reos de la noche a quienes una mayoría define como escoria social y que, por ello, viven a la intemperie.
La muestra, que para la pintora intenta además la integración de la artesanía con el arte académico, estará en la Galería Signos de Torre Tagle 161, Miraflores, hasta el 7 de octubre.


Vuelve Sur

  • Sur, la Librería de Viejo que creara el recordado Eduardo Sanseviero, reabre sus puertas en nuevo espacio aledaño a Librería El Virrey (Dasso 161, San Isidro). Walter, Malena, Paco y la propia Chachi Sanseviero, han tenido una ajetreada semana para dar los últimos toques al local (ex discoteca) que atenderá al público a partir del viernes 26. Uno de los sueños de Eduardo fue establecer un "circuito cultural" donde los amantes de los libros tuvieran varias alternativas para pasear, mirar, hojear o comprar. Con "Sur" se sigue abonando felizmente el camino.


    Ausencia Poética
    "Una impecable soledad", el último libro de los "cuadernos" de Hernández, comentado por Edgar O' Hara.

    UNA impecable soledad. Tantas veces repetida esta frase en la poesía de Luis Hernández, podía llevarnos a una confusión. Apartándose de la implacable soledad de Juan Ojeda (a quien nuestro poeta cita, de memoria), la suya es impecable; pura, limpia, serena, diríamos. Sin embargo impecable también nos lleva a pensar en total, absoluta, irremediable. Una poética de la Ausencia. Y esto es lo que define esencialmente a la poesía de Luis: la travesía del hombre (o de muchos en uno) por espacios que lo encuentran inevitablemente solo. Shelley Alvarez, Billy the Kid, El capitán Dexter, Gran Jefe Un Lado del Cielo, Luchito Hernández y varios más, tienen aventuras misteriosas, fantásticas o fascinantes, entran y salen del cine, van a la playa y contemplan el mar, fuman yerba y pasta, vuelan en naves alucinantes, abordan los cromáticos yates, pero siempre están solos. Su manera de ser es estarse "sentado ocho horas, o si no en un bar, no forzosamente tomando, sino mirando o huyendo del periódico".

    Max Hernández, sobrino del poeta, en la bóveda de la Biblioteca Nacional donde se custodian sus cuadernos. Izquierda, edición anotada y comentada por Edgar O'Hara.

    Incluso cuando se acerca al amor, la poesía de Hernández habla de soledad y ausencia. A pesar de la apariencia de ternura y plenitud de estos versos: "Mientras existas/ No podré dejar/ De escribir: lirios/Colinas, una calle/ Extraña y el Universo/ Desplegándose para dar/ A tu cuerpo cabida/.../ No se otra forma/ Decirlo y el jardín:/ No hay duda/ El cielo son dos./ Así de bello es amarte", es el Universo -y no el yo textual- quien recibe al ser amado. El observa ("no conozco/ de ti sino la sombra/ con que besas/ al tiempo") o vive este amor como si se tratara de dos seres de naturalezas distintas, irremediablemente destinados a la separación (`QUE DULCE esta inmensa trama/ tu cuerpo con mi alma, amor,/ Y mi cuerpo con tu alma").
    En la travesía dolorosa -inimaginablemente dolorosa- de la poesía de Lucho Hernández, todo lo que permitió (apresuradamente) hablar del humor y del ludismo como claves centrales, adquiere un nuevo sentido. "La poesía es lo único que hace que se sufra menos", decía Luis. Y así, juegos verbales, ironías, cromatismo y cuidada grafía de los cuadernos, alarde políglota y actitud desmitificante; todo ello, al lado de los usos de la yerba y otros paraísos artificiales son estrategias textuales/vitales contra el dolor de la soledad. La lucha del poeta (que recibió "el estigma de loco desde niño") para enfrentarse a la difícil sensación de "enlazar su corazón a nadie".
    Más allá de su condición de poesía amable (en el real sentido del término), la lírica radical de Hernández -quizás la poesía de carácter más decididamente renovador en el panorama de los '60 y de innegable actualidad- merece, a estas alturas, mucho más que admiración y homenajes. Por encima del culto al mito de Lucho Hernández (sobre quien se siguen tejiendo historias poco verificables), y al lado de la devoción de sus amigos, se vuelve necesario -diríamos urgente- un acercamiento cabal a su obra poética. Y en este terreno la propuesta de lectura de Trazos de dedos silenciosos y la reciente edición anotada de Una impecable soledad (ambas realizadas por Edgar O'Hara) son aportes indiscutibles y proponen innúmeras pistas para nuevas aproximaciones.
    O'Hara señala que en Una impecable soledad encontramos las voces más íntimas del poeta, una "recolección de temas, obsesiones, angustias" y una anticipación de su trágico destino. Una especie de testamento literario. "El testimonio de alguien que está en el límite de todo". En realidad casi toda la poesía de Hernández nos devuelve la imagen de alguien que camina "herido por la espalda". "La solitud andante, el vacío pleno". Como él, únicamente; y como todos, a veces. Un hombre al que sin temor a equivocarnos podríamos decirle: "Y vas solo, infinitamente solo. Pero llevas contigo una flor que es extraña. La flor de lo que jamás fue tuyo: muchas veces el Amor es lejano". (Luis Fernando Chueca).