
Los Angeles de Julia
Presentando a la sacerdotisa
de la medicina holística en Lima.
Sobre un lecho de esencia florales andinas, Julia Francis busca integrar el mundo de lo sacro con lo profano.
Los Siete Velos
De acuerdo a la tradición hindú, siete colores corresponden a los siete shakras o almacenes de información energética del cuerpo.
(1) Rojo: Raíz. - "Lo físico". Vida, reproducción.
(2) Naranja: Ombligo. - "Yo siento". Emociones y asimilación de ideas.
(3) Amarillo: Plexo Solar - "Yo pienso". Conexión entre la mente y las emociones.
(4) Verde: Corazón - Personal, espiritual. Amor incondicional.
(5) Azul: Garganta - Integración espiritual y comunicativa.
(6) Indigo: Tercer ojo - Visión. Comprensión espiritual e intuición.
(7) Violeta: Corona - Dios. Unicidad y unión con divinidad propia.
DIFICIL creer a pie juntillas en todo lo que afirma Julia Francis. Sostiene, por ejemplo, que todos somos iguales ante los ojos de Dios. Desnudos, despojados de prejuicios y torpes esquemas mentales, somos todos Seres Humanos. Somos todos Dioses.
Dioses, quizás, pero unos ciertamente son más divinos que otros.
Julia Francis, 36, cree en los dioses y en los hombres. Cree en los ángeles y en las flores. Cree en la conspiración cósmica de las estrellas y en la reencarnación de las almas. Cree virtualmente en todo lo que se le cruza en el camino. Cree, en suma, en los "niveles vibracionales de lo desconocido".
"Basta con tener Fe", dice. "La Fe nos abre los canales de la receptibilidad. Nos permite el diálogo entre nuestro ser físico, mental y espiritual".
ORQUIDEAS SACRAS
El rumor de las aguas "sagradas" del Wiñay Wayna la atrajo a los Andes, en marzo pasado, como el néctar atrae a los picaflores. Ahí la conocio CARETAS en el hotel Valle Sagrado de los Incas de Nick Asheshov.
Había llegado de Los Angeles, California, en compañía de siete amigos norteamericanos y un cusqueño de polendas, Roger Valencia, con el singular propósito de investigar las esencias florales andinas, en particular, las orquídeas, y entre éstas muchas, una muy especialmente: Epidendrum ibanguense o la orquídea de la Eterna Juventud.
Esta florece entre los pétreos muros del Wiñay Wayna y sus alrededores. Su flor es blanca y una de sus cualidades es la de hacernos recuperar la capacidad de divertirnos como niños. (Julia recomienda el consumo de unas cuantas gotas diarias aplicadas bajo la lengua).
"Para comunicarse con los ángeles no se necesita más que flores", asegura Julia Francis. "Los atraen". Izquierda, sistema de shakras.
"Las orquídeas son las flores de ascenso", revela abriendo sus ojos grandes y azules como tarjetas postales. "Su estructura DNA es la más desarrollada del reino vegetal. Son la síntesis de los trabajos de la Inteligencia Suprema", asegura mientras rocía sobre el rostro del redactor una dosis de Angel Spray, elaborado según propia confesión con una infusión sagrada de Epiderum ibanguense, combinada con aceites esenciales de frankincense, lavander, geranium, "y también ángeles".
Resulta que las flores atraen a los ángeles y sus esencias ayudan al usuario a conectarse a la energía celestial de acuerdo a nuestros bien intencionados y terrenales propósitos.
La de la muña, por ejemplo, tiene un patrón genético caracterizado por una fuerte carga de amor, y su uso potencia la creatividad.
La Ceanothus blanca es reconocida por la Naturaleza como la leche materna, y su consumo cubre al usuario -ideal para niños- de un chorro de amor proveniente de las más altas esferas cósmicas.
El Paraíso según Julia.
La esencia de jacaranda, preparada cuando los cometas ingresaban a Júpiter, ayuda a conservar la energía para soñar el nuevo sueño. Es decir, ayuda a mantener una visión creativa.
"La idea es mantener una línea directa con Dios", explica.
ARMONIA ENERGETICA
Julia, por si no está claro aún, es una apasionada seguidora de la llamada medicina holística, disciplina que se basa en la premisa de que la vida no es tridimensional, sino simple y llanamente multidimensional. Es decir, el Ser Humano es un sistema integrado de mente, alma y cuerpo. Su bienestar depende por lo tanto de la armonía energética entre estas esferas del conocimiento.
"Tú biografía es tu biología", dice.
Durante casi una década fue enfermera en el Community Memorial Hospital de Ventura County en Los Angeles, pero ocho años atrás optó por explorar nuevas sendas, convencida que la medicina occidental no necesariamente sana. "Sólo se piensa en drogas y cirugía cuando muchas veces lo que el paciente necesita es que se encare su problema de manera integral", afirma.
"Trabajar en un paciente es un honor, un ejercicio de confianza y de conexión con el amor divino", dice.
Así fue como gradualmente fue introduciéndose en el "almacén de instrumentos cósmicos": esencias florales, meditación, dietas, hierbiología, reflexiología, shiatsu, aromaterapia.
"Si crees en las curaciones, crees en la magia", sostiene. "Y eso fue algo que se perdió cuando repentinamente los doctores se hicieron hombres. La naturaleza fue extirpada de la ciencia, y el equilibrio entre religión y ciencia desapareció. Y no es así. No son indivisibles", dice.
La alternativa es medicina primaria, energética, proactiva. "Es el Prozac del siglo XXI", exlama. En EE.UU. y en Europa la nueva onda cada día atrae más adeptos, pero Julia está encantada en el Perú. Tiene sus orquídeas al alcance de la mano, tiempo para escribir su libro sobre "floresencias" y pase libre al Club Waikiki. Godspeed.