Corredor de Muerte


Corredor de Muerte
Fosas comunes y desatinos de investigación. Restos hallados cerca al Callejón de Conchucos son antiguos, pero no tanto como quieren ciertas autoridades.

En Ocros, cráneos perforados por disparos. Estos restos han desaparecido.

Escribe Rosa Vallejos

ERA el día de las Fuerzas Armadas y el país se sorprendía ante un reconocimiento poco usual. El presidente del Comando Conjunto y Comandante General del Ejército, Nicolás de Bari Hermoza, resaltaba nada menos que en su discurso de orden, la `destacada labor' del asesor presidencial Vladimiro Montesinos en la lucha por la pacificación nacional. Horas más tarde y al norte de Lima, Pedro Maguiña Calderón, ex prefecto de Huaraz recibía una llamada anónima que permitió el posterior hallazgo de restos humanos dispersos en diversos parajes de Ancash.
Recibida la comunicación, Maguiña, quien actualmente dirige un diario huaracino, se contactó con el también periodista Humberto Espinoza con el que partió hacia la zona. "Lo que me llamó la atención al ingresar a la cueva es que junto a los restos humanos no hubiera vestimenta o cerámica. Eso hacía complicado pensar que se trataba de algún vestigio arqueológico. Hasta tuve la impresión de que aquellas personas habían sido ingresadas al lugar totalmente desnudas", cuenta Maguiña.

Anselmo Revilla, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso en la cueva de la quebrada de Ullta, cerca a la carretera que conduce a la comunidad de Chacas. El parlamentario llegó a comparar las osamentas con las de la momia de Ampato. A lado, Idelfonso Espinoza, párroco de Huaraz, sus declaraciones habrían exaltado ánimos. Hoy está recibiendo amenazas.

Al día siguiente, un nuevo hallazgo fue desvelado, esta vez, por el encargado de la Comisión Diocesana de los Medios de Comunicación Social y párroco de Huaraz, padre Idelfonso Espinoza Cano, quien alertó a las autoridades sobre lo que podrían ser indicios de una masacre hasta ahora desconocida.
Las primeras osamentas, halladas en una cueva de la quebrada de Ullta (al este de Carhuaz), corresponden a no menos de una docena de personas. Hasta ahí llegaron el presidente y vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, Anselmo Revilla y Virgilio Gutiérrez, respectivamente, así como la también congresista María Jesús Espinoza. El grupo de parlamentarios oficialistas iba acompañado por el fiscal provincial de Carhuaz, Jorge Luis Alcántara y el Jefe de la IV Región Chavín, Gral. PNP Carlos Alfaro.
Luego de esta visita se dirigieron a la quebrada de Punta Chonta (Ocros), donde el descubrimiento de nuevos restos presentaba características peculiares.
Regadas sobre la pampa, las osamentas de aproximadamente unas siete personas se hallaban superficialmente sepultadas en fosas comunes. Lo extraño es que dos cráneos habían desaparecido del lugar; justamente aquellos que presentaban perforaciones de bala y que fueron vistos tiempo atrás por el religioso. La ropa, maltrecha por el tiempo, aún subsistía. El hallazgo originó varias hipótesis. La primera, por parte de los pobladores, señala que puede tratarse de restos de subversivos, presuntos terroristas y desaparecidos durante los años `80. La segunda, planteada por autoridades de la zona y por los parlamentarios, pretende que se trata de restos arqueológicos. Días después, el director del Instituto Nacional de Cultura (INC) de Huaraz, César Serna señaló que por las características de los entierros podrían ser restos de la cultura Aquilpo.
En todo caso, la duda mayor gira en torno a las osamentas mostradas por el padre Espinoza Cano, junto a las que se encontraron restos de un pantalón y de una pollera, así como pedazos de una correa. Malestar causaría luego al sacerdote la actitud mostrada por los congresistas Revilla y Espinoza Matos, quienes el viernes 26 de setiembre tuvieron en Ocros un diálogo poco cordial con él. -"Qué pena me da padre que usted esté contribuyendo a que el turismo se aleje de la zona", increpó Revilla al párroco.
No menos hostil, María Espinoza comentó: "¿Por qué este padre no se va a hacer sus misas?"
Mortificado pero sereno, Espinoza Cano sostuvo por su parte que esa zona fue escenario de enfrentamientos entre subversivos y fuerzas antiterroristas y que probablemente esos restos correspondan a los primeros. "Los campesinos tienen un respeto sagrado por sus difuntos, no los dejan a la intemperie o sepultados con un par de piedras", dijo el religioso, quien reclama que se entierre cristianamente dichos restos, luego de que hayan sido identificados por sus familiares.

Subversivos Julio Mezzich, Laura Zambrano y Miguel Rincón: ancashinos que nacieron en Corongo, Bolognesi y Chacas, respectivamente. Derecha, ruta de muerte.

En Lima, el cardenal Augusto Vargas Alzamora ha mostrado su escepticismo frente a la labor de la comisión investigadora del Congreso y ha recordado que justamente en Ancash fueron victimados dos religiosos: Giullio Rocca en Jangas (1992), muerto por SL, y más recientemente Daniel Badiali (Acorma, 1997). "Ya mataron a dos curas y matarán a otros por decir la verdad", declaró.

MEMORIAS DE GUERRA

Un ex funcionario de la desaparecida Fiscalía Especial de la Defensoría del Pueblo y Derechos Humanos de Huaraz señaló a CARETAS que hasta 1995 -año en que fue desactivada esta dependencia-, se habían recibido no menos de cien expedientes, entre los cuales se contaban varios casos de desaparición y de abusos cometidos en su mayoría por miembros del Ejército y la Policía. Según la fuente, estos casos no fueron investigados por el temor que dominaba la zona.
Hay que recordar que Huaraz fue la única provincia ancashina que alojó desde 1988 tres destacamentos antisubversivos: Conococha, Chiquián y Corpanqui.
"En 1988, quince estudiantes desaparecieron en Carhuaz; si fue por acción de Sendero o de la Policía, nunca se supo. Luego, el 6 de junio de 1992, un grupo de aniquilamiento senderista asesinó en Taricá al gobernador y al teniente alcalde. Luego fueron a Marcará, Yungay y Mancos, donde victimaron a cuatro personas más. Todo en una noche. Un año después, Sendero tomó la provincia de Piscobamba y obligó al teniente alcalde a izar la bandera roja", recuerda Pedro Maguiña quien en 1990 asumió la prefectura de Huaraz.
Azotado por la violencia, el callejón de Conchucos era conocido como el "gran corredor" entre Huánuco, Ayacucho y Ancash, vía por donde se desplazaban las fuerzas sediciosas. En los últimos días, la existencia de más restos en la mina Llipa (Ocros), donde se presume estaría sepultado medio centenar de personas y algunas más, cuyas osamentas estarían regadas a campo abierto, recuerda que aún a pesar del tiempo, los muertos hablan. Se hace imprescindible aclarar la historia.