CHINA TE CUENTA QUE...



O Sea, El Canal 98, Qué Nervios

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

AY hija, sabrás comprender que esta semana no toque la coyuntura política (que de paso, o sea, cada vez me parece tan entretenida como la vida privada de Henry Pease), pero es que anoche tuve una especie de shock frente al televisor, del que todavía no me repongo y lo que es más, pucha, intuyo que para recuperarme del todo vaya a tener que venir en mi ayuda alguien del calibre de Ramiro, si es que Jaime Yoshiyama no recoge el mensaje de que donde camotes se asaron, cenizas quedaron, tú me entiendes.
Anoche llegué del consultorio hecha trizas, no sabes en gran medida porque la última paciente del día fue Sarah, la chica que vive entrampada en un conflicto feroz entre una solidaridad, pucha, digna de Club de Madres para con Baruch Ivcher y una adicción a los chocolates Winter al lado de la cual la heroinomanía de Janis Joplin era una papa sancochada, no te puedes imaginar y la sesión me dejó francamente de cagué.
La cosa es que me tiro en la cama con mi merecido vodka lime y como para disipar los desenfadados envites de la facecia (Borges dixit), pucha, prendo el televisor (que ahora es enorme porque me compré uno de 56 pulgadas que parece la entrega del Oscar, no sabes) y me puse a hacer zapping, pucha, pensando en que la sabiduría de la vida es algo así como cambiar de canal antes de que los argumentos tomen consistencia, lo que es una maravilla porque hija, vistas así las cosas, o sea, tú puedes elegir la historia a la que no vas a pertenecer, me pareció lo máximo.
Pero en eso, qué crees, llego al Canal 98 del cable y escucho la voz de un hombre que le dice a alguien algo así como, "If you want something bigger than my finger in your ass, you will get it right now" (pucha, si quieres traducción llama a la Embajada Inglesa y pide por teléfono que te den la oración en español, para que veas lo que te contestan.
Ay, pucha, fue en ese momento que presté atención a la pantalla y pucha, o sea, lo que vi fue un zafarrancho de rayas y formas, hijas, en el que no se distinguía nada, miento, sí se distinguía pero pucha, a ratitos, y lo que pude ver, en fin, pasaba por una gama que agarraba desde lo que Yoshiyama llamaba La Fumada Turca, hasta lo que Diego García Sayán (¡Oooooooooommmmmmmm!), con tanto entusiasmo bautizó como La Tortolita Tomando Agua, pucha, durante un vuelo a Ginebra en el que coincidimos asiento con asiento en la primera de KLM.
Hija, tratando de entender el fenómeno de mass media science que te cuento, pucha, me debo haber pasado no menos de cuatro horas, lo que me dio la oportunidad de enterarme por un audio absolutamente impecable, pucha, o sea, de la historia del confesor con la feligresa, de las dos colegialitas tortonas del gasfitero que confundía los caños con los coños, de la maestra de artes marciales y del negro que calzaba 65 con los dedos encogidos, qué quieres que te diga.
Bueno, ya te podrás imaginar a lo que me condujo, hija, esa especie de peep show con censura para los ojos y libertad para los oídos: a sentarme en la computadora y no parar hasta terminar y, pucha, mandar de inmediato a Mario por E mail, unas reflexiones sobre cómo en nuestro país, pucha, la libertad de prensa es un caleidoscopio censurado de imágenes inconexas e incomprensibles, pucha, a la vez que te permite ingresar con toda lucidez a la adultez genitalizada del in sight de la modernidad, una maravilla. Y todo, ¿sabes tú por qué?: porque gracias al psicoanálisis, pucha, puedo convertir arrechura en teoría, exactamente igual a lo que hace digamos, Susy Díaz, pero al revés. ¿No te parece lo máximo? Y contigo, pucha, con la recomendación de zappear cerca del 98, hasta el juevecito. Chau, chau. (Rafo León).