
Jazz En Rio
El Free Jazz Festival de Brasil, fascinante cambalache musical.
Art Farmer, medio siglo tocando la trompeta y ventilando el jazz tradicional.
RIO de Janeiro es capital de contrastes. Las miserables favelas se clavan en las montañas peludas y se precipitan hacia los balnearios de lujo. Un paso más allá el mar está sembrado de islas que dan la espalda a tanta bulla. En una de ellas un grupo de peruanos cargamos baterías para vérnoslas con otro fascinante contraste, el Free Jazz Festival. Corremos por los kilómetros, de arena y relajo de Barra de Tijuca, Sao Corrado, Leblon, Ipanema, Copacabana y Botafogo hacia nuestra cita musical. La batucada y el traqueteo acelerado de la música callejera se suspenden para dar paso a las más estilizadas variantes del jazz. La trompeta de Art Farmer, la guitarra de Jimmie Vaughan y hasta el frenesí de Neneh Cherry, suenan con toda propiedad en el Museo de Arte Moderno, sede del elegante cambalache. Los brasileños también ponen su cuota de bossa nova y jazz puro. Virginia Rodrigues, bahiana ex manicurista y cantante de coros sacros, nos arroba con una voz de mezzo-soprano y unos discretos pasitos de samba en "Mañana de carnaval" y "Adeus batucada". David Byrne y Caetano Veloso se la estan peleando. El pianista ciego Marcus Roberts pone el alma a la orquesta "Rhapsody in blue" nacida para tocar el clásico de Gershwin que le da nombre. A continuación, como para que no todo suene tan bien y desafinar un poco, el legendario Elvis Costello se une infructuosamente a la banda del desaparecido Charlie Mingus.
Jimmie Vaughan, hermano de Steve Ray, en clave de blues. Peruanos Víctor Delfín y César Zelaya, invitados al Free Jazz Festival.
La restricción al avisaje de los sellos de cigarrillos ha provocado que éstos deriven su inversión publicitaria, con mayor convicción que otros anunciantes, hacia eventos culturales. En Brasil, Free pensó que el jazz -joven pero también adulto, libre y con estilo, pasión de negros y de blancos- iba de perilla con sus estrategias de mercado. Ojalá que aquí se organicen igualmente estas sanas e irresistibles cortinas de humo musicales. (F. Vivas)