Sangre y Arena


Sangre y Arena
Pistas y sospechas en el asesinato de Juan Succar Hampton, en la exclusiva playa Villa.

Juan y sus hermanos Michael y Alex Succar en su casa de La Encantada. Eran considerados como los "Guardianes de Villa". A la derecha, la tabla con la que Juan salvó a muchas personas de morir ahogadas. Ahora, él ha muerto.

TODOS lo conocían como Juanito, el "Guardián de Villa", en alusión a la serie "Guardianes de la Bahía". Y es que, desde adolescente, Juan dominó las bravísimas aguas de esa playa, frente a la cual su familia, los Succar Hampton, fue una de las primeras en establecerse. Ese conocimiento les permitía a él y a sus hermanos Alex y Michael realizar riesgosas competencias acuáticas y, por supuesto, salvar la vida de más de un incauto bañista.
Pero de los tres, Juanito era siempre el más osado, el que sabía por qué lugar tenía que ingresar y en qué momento hacerlo para evitar ser jalado por las corrientes.
Por lo general se metía con su tabla, pero cuando tenía que hacer algún rescate utilizaba su colchoneta. Según sus hermanos, no es exagerado afirmar que Juanito salvó a más de l00 personas. Y al salir del mar arrastrando a los boqueantes nadadores, él siempre lucía fresco y sin un rasguño. Como si su propia vida nunca hubiese estado en peligro.
Por eso muchos de los que lo conocían deben haberse sorprendido al conocer la noticia de su muerte.
La madrugada del domingo pasado, a los 41 años, Juan Succar fue en efecto asesinado en circunstancias todavía no esclarecidas. Su cuerpo fue encontrado en la segunda cuadra del jirón Paraguay, a la salida del túnel de La Herradura.

La camioneta de Juan Succar con el letrero: "la ley y el orden". ¿Un reclamo anticipado?

Juanito presentaba una herida en la frente, producto de una caída y, a la altura del estómago, el impacto de un balazo que le perforó el hígado y le ocasionó la muerte.
Lo que la polícía ha logrado reconstruir acerca de sus últimas horas indica que, alrededor de las 4 de la mañana, Juan llegó a su casa en la exclusiva urbanización La Encantada de Villa, manejando su auto. Esa noche, más temprano, había salido con una chica y luego había estado donde un amigo.
En el camino de regreso a su casa paró en el grifo de La Encantada, donde se encontró con otros amigos, quienes lo invitaron a tomar unos tragos. El, sin embargo, declinó la oferta.

MISTERIOSA CAMIONETA

Sus familiares lo sintieron estacionar el auto al llegar y, como acostumbraba caminar frente al mar, no se extrañaron de que no hubiera ingresado inmediatamente. Aquí comienza la tragedia y el misterio.
Algunos testigos, entre ellos vigilantes de la zona, que han dado su manifestación ante la policía, señalan que, cuando todavía estaba frente a su casa, una camioneta blanca se acercó a Succar. A continuación, han dicho, escucharon un disparo y observaron cómo Juan era introducido por dos sujetos al vehículo.
Entre las hipótesis que maneja la policía está la de que quienes lo introdujeron a la camioneta lo abandonaron después cerca a La Herradura, donde por falta de atención médica murió.
La policía, además, ya estaría tras el chofer de la camioneta blanca, quien resulta siendo el principal sospechoso. Quienes viven cerca de los Succar han recordado que Miguel de Osma, otro vecino del lugar, es dueño de un automóvil de características similares a las descritas, con el que habría estado circulando esa misma madrugada. Lo más inquietante es que inexplicablemente de Osma salió del país el lunes por la noche. Se ha dicho que su viaje habría frustrado una prueba de absorción atómica que la policía pensaba practicarle.
Más allá de las investigaciones, lo que nadie se explica es por qué alguien habría querido matar a un tipo como Juan, quien no se caracterizaba precisamente por tener enemigos. Su Snack Bar "Juanito", dedicado a la distribución de helados en Villa, solía ser un punto de reunión de los amigos.
Juan era soltero y tenía un aire al actor Burt Reynolds que lo ayudó para realizar algunos comerciales televisivos. Ultimamente se había comprado una camioneta antigua de la que se sentía muy orgulloso y sobre la que había pintado el lema: "la ley y el orden". Acaso un reclamo anticipado.