Ampay Sipán


Ampay Sipán
Sigue el rescate de las piezas saqueadas de Sipán. Ahora le tocó el turno a la FBI de Filadelfia.

El protector coxal rescatado en Filadelfia, EE.UU., es muy parecido al exhibido en el Museo de la Nación, según Walter Alva, sólo que más grande. Derecha, Linda Bizy, de la FBI, con la pieza decomisada. Nótese que la figura de "El Decapitador" está adulterada.

Escribe MARCO ZILERI

MARTES 7 de octubre. En la autopista de Nueva Jersey, EE.UU., en las afueras de la ciudad de Filadelfia, dos automóviles se dan el encuentro. En el primer vehículo aguardan dos ciudadanos norteamericanos de origen latino: Dennis García, 57, y Orlando Méndez, 31. En el segundo están Robert Wittman y Aníbal Molina, agentes encubiertos de la FBI haciéndose pasar como intermediarios de arte. Los primeros han manejado desde Nueva York. Los policías, desde Filadelfia. En medio de la soledad de la carretera, los protagonistas se reconocen, intercambian saludos secamente, miran discretamente por encima de sus hombros mientras García abre la maletera de su auto. Bajo el tenue sol vespertino del otoño norteamericano, una lámina de oro resplandece en el interior de la maletera de los traficantes como el flash de un `paparazzi'. Era la pieza.

El protector coxal en la iconografía Moche.

Hace diez años que se la buscaba a nivel mundial, desde el día en que el Museo de Bruning de Lambayeque desbarató el saqueo de Sipán en febrero de 1987. Desde entonces las autoridades sabían de la existencia de un deslumbrante artefacto de oro, con la forma de una gran cuchilla ceremonial, de uso exclusivo por los soberanos de Sipán, y que aún se ofertaba en el lucrativo mercado negro de bienes arqueológicos. Los rumores de su existencia se iniciaron en Chiclayo, pasaron a Lima y ya en 1995 la FBI circulaba entre los expertos de la cultura Moche fotografías de la pieza para verificar su autenticidad. Pero nadie ajeno al mundillo de los coleccionistas la había visto físicamente. Hasta el martes pasado, en la autopista de Nueva Jersey, a miles de kilómetros de distancia de donde había sido originalmente sepultado.
Tras una delicada operación encubierta, la FBI finalmente había detectado a los traficantes y, más importante aún, los tenía con las manos en la masa. A partir de entonces, el arresto y decomiso de la pieza fue sólo cuestión de rutina. FBI style.
Los supuestos compradores -Wittman y Molina- invitaron a la pareja de traficantes de arte a conducir hasta el hotel Adam's Mark en City Avenue, Filadelfia, donde un experto iba a verificar la autenticidad de la joya. Al llegar García y Méndez fueron capturados. "No ofrecieron resistencia", afirmó a CARETAS Rich Silvest de la FBI. "Más bien se mostraron colaboradores".

Sepultado debajo del cuerpo soberano, los protectores coxales eran parte de la dualidad oro/plata, Sol/Luna, del ajuar funerario.

El miércoles 8 de octubre los detenidos fueron presentados ante la Justicia norteamericana, acusados de contrabando y conspiración para el contrabando, y puestos en libertad condicional ese mismo día luego de pagar una fianza de US$ 300 mil, en el caso de Orlando Méndez, y US$ 100 mil, en el caso de Dennis García.

TENDIENDO LA CELADA

El 8 de agosto pasado, García se había puesto en contacto con una compañía encubierta de la FBI, ofertando la pieza. Quería hablar con Robert Bazin, otro agente encubierto de la policía norteamericana. La FBI ya había comprado una pieza precolombina con anterioridad y los traficantes habían mordido el anzuelo. Ahora Bazin, que estaba fuera de este caso, enlazó a los traficantes con Wittman.

Hotel Sheraton, 1986. David Swetnam en fotografía inculpatoria.

García, quien reside en Miami y, según sus abogados, es un vendedor callejero de tarjetas de crédito (sic), dijo estar en condiciones de introducir a los EEUU piezas precolombinas provenientes de la tumba real de Sipán. El 18 de agosto remitió a una casilla postal en Filadelfia un juego de fotografías del artefacto junto con dos ediciones de National Geographic con artículos sobre las excavaciones y una carta con información adicional y la oferta de venta.
El 4 de septiembre García volvió a contactarse con Wittman, e introdujo a Méndez como su yerno, pues hablaba mejor inglés que él. También quería una reunión cara a cara con los interesados.
Al día siguiente los agentes encubiertos de la FBI se reunieron con los traficantes en la autopista de Nueva Jersey. García afirmó entonces que la pieza se encontraba aún en Lima, Perú, y que iniciaría las gestiones para introducirla a EEUU por intermedio de un amigo de infancia llamado Frank, empleado de un consulado extranjero en Nueva York. Para entonces García se pachacamanqueaba afirmando que la pieza era de propiedad del ex presidente Alan García, y que se encontraba en posesión de un tío del ex mandatario. Dennis García es de origen portorriqueño, y que se sepa el García peruano no tiene raíces `boicanas'. La FBI también se ha cuidado en deslindar que lo afirmado por Dennis García, si bien suena a una bomba, es sólo un testimonio de parte.

Alva en la tumba saqueada por los Bernal. Sólo se libró un bastón de mando de cobre.

El 2 de octubre, Méndez se contactó con Wittman desde Nueva York indicando que podían cerrar el trato en un consulado extranjero ubicado en la Avenida de las Américas en Manhattan. La FBI descartó dicho encuentro. En un consulado extranjero no hubieran podido echarle mano a los delincuentes. Más bien, sugirieron realizar el encuentro nuevamente en la autopista de Nueva Jersey. Cinco días después, García y Méndez cayeron redondos en la telaraña tendida por las autoridades.

El mausoleo real de Huaca Rajada en Sipán fue una plataforma construida especialmente para recibir tumbas de rango entre el siglo I D.C y IV D.C. correspondientes al período Moche Clásico. Está dividida en seis estratos constructivos. La tumba saqueda (nivel 4) habría sido la del padre del Señor de Sipán (nivel 6), y un descendiente del Viejo Señor (nivel 1).

PROTECTOR COXAL

Lo que llevaban en la maletera del automóvil es una de las piezas de oro más espectaculares del mausoleo real de Sipán. Se trata de un `taparrabo' o protector coxal de uno los soberanos de Sipán cuya tumba había sido huaqueada en 1987 por los hermanos Bernal (CARETAS 1049).
Es similar a los desenterrados posteriormente por el equipo de arqueólogos conducidos por Walter Alva en las vecinas tumbas del Señor de Sipán, el Viejo Señor de Sipán y el Sacerdote, salvo un pequeño detalle: tiene 20 pulgadas de alto, 15 pulgadas de ancho y más un kilo de peso, siendo por lo tanto el artefacto Sipán de oro más grande encontrado hasta la fecha.

Científico develamiento de los protectores coxales de oro y plata.

Los traficantes lo estaban vendiendo a US$ 1.6 millones, a razón de US$ 100 mil por cada siglo transcurrido desde que fuera sepultado en el Siglo III D.C. como parte del ajuar funerario que acompañaba a un soberano Moche al Más Allá.
Alva piensa que la tumba huaqueada pertenecía al padre del Señor de Sipán, a juzgar por su ubicación en la estratificación arquitectónica del mausoleo (ver cuadro), y descendiente del Viejo Señor de Sipán que fuera sepultado en el Siglo I.
Sin embargo, en vista de que la evidencia arqueológica de dicho sarcófago fue literalmente hecha polvo por los depredadores, interesados sólo en cargar con el oro, su principal valor ha sido el de poner al descubierto -como pocas veces antes- la magnitud del tráfico de bienes arqueológicos en el país. Y su persistencia en el tiempo.
¿Cómo llegaron estos latinos de poca monta a tener entre sus manos una pieza arqueológica tan valiosa? Eso está por verse. La FBI presume que ambos son meros intermediarios de una vasta mafia de tráfico de piezas arqueológicas precolombinas, activa desde hace años.
En 1987 la FBI allanó la casa de David Swetnam en Los Angeles y encontró 6,000 piezas arqueológicas, de las cuales 1,200 eran peruanas. También se decomisó una elocuente fotografía de Swetnam tomada en una habitación del hotel Sheraton, durante su corta estancia en Lima, a mediados de 1986. Ahí aparecía el gringo, un `marchant' suave y propietario de una tienda de antigüedades en California, con un deslumbrante maní de oro proveniente de la tumba saqueada de Sipán. La fotografía sirvió de evidencia para que la Justicia norteamericana le aplicara un ejemplar puntapie en el coxis, y se repatriaran, gracias a la iniciativa de dos norteamericanos `peruanistas', George Roberts y Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física de 1961, 123 piezas de incalculable valor histórico (CARETAS 1049, 1073, 1087). Claro que Swetnam no era el único implicado. Durante el juicio se estableció la responsabilidad de los "otros señores de Sipán" abastecedores de la red: Enrico Poli, Miguel de Osma Berckemeyer, Enrique Gabaldoni Tijero y el norteamericano residente en el país, Fred Drew, entre otros.

ENTIERROS Y TAPADOS

Según informantes policiales de Walter Alva, el artefacto rescatado en Filadelfia parece haber estado enterrado bajo el piso de la sala de la familia Bernal -los huaqueros- a sólo dos kilómetros de distancia de las tumbas reales entre 1987 y 1992. En 1992 la pieza habría pasado a manos de dos encumbrados chiclayanos por US$ 80,000, quienes a su vez la habrían vendido en Lima entre 1994 y 1995. Ese mismo año la FBI empezó a circular entre los expertos Moche imágenes del protector coxal. ¿Significa eso que ya se encontraba en EEUU? Es probable. Según un coleccionista limeño que pidió no ser identificado, la pieza se ofrecía en Lima a US$ 1 millón, llegando a bajar a US$ 600 mil. Ya desde esa época la sonajera habría sido adulterada, con el necio propósito de hacerla aparecer más grande. Las autoridades norteamericanas han aportado, una vez más, su cuota en el rescate de nuestro patrimonio cultural. Ahora le toca el turno a las peruanas.


"Huaquero Viejo"
Faltan leyes que impidan saqueo y libre comercio de patrimonio histórico.

HAY un circuito de excavación clandestina/exportación ilegal y venta privada (leáse coleccionistas), que se pone de manifiesto cada vez que objetos prehispánicos y coloniales son ubicados en el extranjero listos para ser vendidos. Hay huaqueros porque hay demanda, parece ser el corolario. Saquear la propia historia, ponerla en venta -que no otra cosa es el tráfico de objetos prehispánicos y coloniales- es un tema que debiera preocuparnos a todos, pues sólo la decidida acción ciudadana -no siempre con el Estado a la cabeza- podrá impedir que nuestro patrimonio histórico y cultural siga dando vueltas a la espera de compradores a quienes no importa la procedencia de su "tesoro".
La recuperación de la importante pieza de oro perteneciente a la "Huaca Saqueada" evidencia lo dicho, pues ella se inscribe en el marco del Memorándum de Entendimiento entre Perú y EE.UU. para impedir la entrada de objetos prehispánicos y coloniales no documentados, firmado en junio de este año gracias al empeño de Walter Alva y su equipo por proteger a Sipán del mercado negro (originalmente fue un Tratado de Emergencia previsto únicamente para Sipán). Este Memorándum va más allá de la propia Ley de Amparo del Patrimonio Cultural, pues sólo requiere para impedir el ingreso a EEUU un certificado del Estado peruano asegurando que la salida de la pieza en cuestión no ha violado las leyes, mientras que la Ley 24047 (dada en 1985, aún sin reglamentar y seriamente cuestionada) exige que los bienes amparados por el Estado hayan estado previamente declarados mediante Resolución Suprema o Resolución Directoral del INC. ¿Alguien declara las piezas huaqueadas? El único caso que se conoce es la colección de Enrico Poli sobre Sipán, registrada en el INC antes de su salida a París para una exposición, durante el gobierno de Alan García. De otro lado, el Código Penal sólo sanciona a los huaqueros, a los excavadores, no a los que venden y compran, favoreciendo así el mercado negro. (L.P.).