La Farsa de las Firmas


Conversar Sin Trampas
El gobierno peruano tuvo que salir al frente de antojadizas versiones ecuatorianas sobre las tratativas de Brasilia. E hizo bien.

Eduardo Ferrero: sin perder el rumbo, hallar caminos para la firmeza.

EL jueves 9, el Canciller Eduardo Ferrero se presentó ante un numeroso contingente de periodistas y leyó la declaración de 12 puntos que reafirmaba la posición peruana frente a las pretensiones ecuatorianas luego de culminada la primera ronda de conversaciones de Brasilia.
No dijo más, pero lo dicho fue suficiente para comprender que algo fundamental había cambiado en la estrategia que seguía el Perú en el largo y no siempre despejado diálogo con Ecuador.
La declaración no fue una sorpresa, es decir, no era el Perú el que la motivaba sino indiscreciones e interpretaciones antojadizas del Ecuador, no obstante que existía el compromiso de las partes de "embargar" el contenido de las tratativas brasileras.
Algunos analistas consideran que Ecuador ha tenido una conducta un tanto equivocada al propagar la idea que luego de presentado el punto sexto de los impases -la pretensión de un "acceso libre y soberano" de Ecuador al Marañón-Amazonas- el Perú se allanaba a "concesiones mutuas" y que las cosas iban por un buen rumbo.
La perla de tanto entusiasmo fue la declaración del embajador ecuatoriano en Lima, Horacio Sevilla, en el sentido que las armadas de ambos países realizarían maniobras conjuntas, prueba del "nuevo" clima que se vivía como consecuencia de los avances de Brasilia.
El presidente Alberto Fujimori desmintió de inmediato esas palabras arriesgadas y la Cancillería remachó negando que hubiera siquiera la remota posibilidad de tal confluencia de maniobras.
¿Hay una reconsideración de lo acordado en Santiago de Chile (octubre, 1996)?
Desde hace algunas semanas corrían voces en la Cancillería, que era preciso aclarar que las conversaciones no implicaban en modo alguno conceder la eventualidad de una negociación sobre un tema que estaba fuera del marco del protocolo y que eso había que señalarlo enfáticamente si Ecuador daba una intepretación especial -como es su costumbre- al proceso derivado del Acuerdo de Paz de Itamaraty (febrero, 1995).
La iniciativa era compartida por el conjunto del Ejecutivo y por el Comando de las Fuerzas Armadas. Y al respecto vale la pena llamar la atención que los pasos dados hasta el momento no son obra exclusiva del frente diplomático sino que se engloban dentro de una política general de Estado.
Tampoco es válida la rápida interpretación que ha hecho Ecuador, vía Cancillería y Comandancia de las FF.AA., de que la respuesta peruana añade escollos al proceso de paz iniciado en Itamaraty. Han terminado las conversaciones, y por lo mismo, la nueva etapa, de aproximación de posiciones y de formulación de alternativas por parte de los países garantes tiene que comenzar con un campo bien delimitado y limpio de sesgos unilaterales.
Las partes han aceptado que el único marco es el Protocolo de 1942, por tanto, aquello que escapa a ese marco, es inadecuado y fuera de lugar.
Lo que se preguntan los analistas es qué razones imperiosas tuvo el Perú para aceptar los términos de Santiago sin poner un valladar equivalente a las pretensiones ecuatorianas que, además, tuviera la ventaja de derivarse del propio Protocolo. El Perú pudo, por ejemplo- conforme lo ha planteado la Comisión de RR.EE. del Colegio de Abogados y el ex embajador Oswaldo de Rivero exigir la reanudación inmediata de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites, toda vez que Ecuador corrigió su posición previa de desconocer el Protocolo de Río.
El marco fijado por Santiago, con todo, permite que las conversaciones continúen hasta explorar al máximo la firmeza de las posiciones. Los representantes de las Cancillerías de Buenos Aires,Santiago, Brasilia y Washington se reunieron la semana pasada en Argentina y han señalado que, pese a las contingencias de los últimos pronunciamientos peruanos y ecuatorianos "aún existen condiciones para continuar con la segunda etapa", señal positiva que deja abierta una rendija de luz. Al parecer, los garantes latinoamericanos valoran los argumentos jurídicos de la posición peruana, siendo los Estados Unidos los que se inclinarían por una solución pragmática que no se atuviera a los argumentos históricos y jurídicos del pasado.
Así las cosas, la última cuestión que se plantea es si, de veras, bravuconadas o expectativas guerreristas aparte, el horizonte de un nuevo enfrentamiento está despejado. La permanencia y extensión del mandato de la MOMEP hace improbable que la pradera se encienda en la selva, así como el hecho que mientras haya una mesa para dialogar el proceso está en el campo diplomático.Hay alarmismo en algunas informaciones que hablan de movilizaciones de tropas, acumulación de pertrechos y programación de acciones.
Tanto en Quito como en Lima existe la convicción -según canales extraoficiales- que aunque se volviera a fojas cero en las conversaciones, nada sería más peligroso y fatal a los efectos económicos y políticos que pensar en una provocación bélica. No sólo se está convencido que la paz es necesaria, es que no hay forma de imaginar una guerra sin que se provoque una hecatombe de imprevisibles consecuencias económicas. La paz, en ese sentido, es la mejor y más razonable inversión.