
Se Sale El Mar
En caso de terremoto grave, 200 mil personas tendrían que evacuar el litoral limeño.
En Villa el desplazamiento hacia el refugio sería mayor. El agua llegaría, en Lomo de Corvina, hasta la Panamericana.
El maremoto es una eventualidad para la que Lima debe prepararse. Construcciones que han proliferado en los últimos años, ubicadas a lo largo de la costa y a corta distancia de la línea de alta marea, no han previsto sus funestas consecuencias. Se debe estar prevenido. CARETAS ilustra en la presente nota las zonas de inundación que deberán ser evacuadas ante un sismo intenso y de considerable duración, sin esperar anuncios oficiales. El tiempo en estos casos juega un papel fundamental. Miles de vidas pueden depender de él y de las labores de prevención que se programen. Y que a la hora de la verdad funcionen.
Callao, el litoral más expuesto con extensa zona afectada. Derecha, Punta Herm osa, áreas seguras a corta distancia.
LIMA metropolitana tiene extensas zonas inundables en el caso de la arremetida de un maremoto. Los balnearios del Sur, entre Pucusana y Villa sufrirían los estragos que puede ocasionar en ese caso el mar, así como el Callao y Ancón. La altura del acantilado, desde Chorrillos hasta Magdalena, en cambio, protegen a la mayor parte de la ciudad. De lo que se trata, para los primeros casos, es de proteger antes que nada, la vida humana. Y la manera más eficaz de hacerlo es estando consciente del problema y adoptando las medidas necesarias para contrarrestarlo.
No hay tsunami sin terremoto previo. De manera que la primera clarinada de alerta la da el remezón. Ahora bien, no todo remezón anuncia un maremoto. Este dependerá de la intensidad del sismo y su duración (y su ubicación, por supuesto, que no viene al caso). Como en estas enemistancias, es decir, cuando la tierra comienza a temblar es casi imposible tener la sangre fría como para ponerse a observar el segundero y cotejar que el movimiento en cuestión alcanza el minuto y más imposible aún es contar para efectos de la intensidad con un sismógrafo a mano, lo aconsejable es considerar a nervios vista que se trata de un terremoto intenso y de larga duración. En este caso, según manifiesta el experto Julio Kuroiwa: "no se debe titubear". Se deben abandonar las zonas inundables.
Se dispone de 20 a 25 minutos para hacerlo. Una persona sana, en condiciones físicas normales, puede evacuar la zona en ese lapso. Si se encontrara en el punto más desfavorable, debe adoptar el paso de polca. Tengase en cuenta que el normal transporta al ser humano a razón de 4 Kms. por hora; por lo tanto, el acelerado lo hará al doble, vale decir a 8, de manera que en 15 minutos se habrá avanzado 2 kilómetros. Y desde el extremo de La Punta, por ejemplo, hasta zona segura, no hay más de 2.5. En el caso de los balnearios del sur el ingeniero Kuroiwa considera que el problema de evacuación es simple pues la densidad poblacional es baja y la ruta de evacuación es clara, debiendo alcanzarse sin problema las zonas no inundables.
En La Punta y el Callao, el asunto sí es más complicado. Se calcula en 120,000 las personas que viven en zonas a las que taparía el agua. Y esta cifra requiere de planificación, planificación que debe darse desde los ensayos, como el realizado en el año 1988 en el que participaron 17,000 escolares -nidos incluidos- y que dejó lecciones claras, como la necesidad de difusión previa para que los que participen lo hagan con total conciencia. Y debe tenerse muy en cuenta, señala Kuroiwa, que el automovilista en momentos de pánico, como el que produce un sismo de gran intensidad, se convierte en un salvaje. Debe separarse entonces, en las vías de evacuación -que son indudablemente las grandes avenidas- los canales para automóviles, que deben ser los de salida de la zona de los e entrada, que deben quedar exclusivamente para los peatones. La Policía Nacional deberá proceder, llegando el caso, con la mayor celeridad y autoridad. Como ha demostrado poder hacerlo, por ejemplo, en la operación Tránsito '97, aligerando la circulación en la capital.
Ahora bien, ¿qué sucede con las personas que no están en condiciones físicas de abandonar el lugar? Una madre con dos niños en brazos, un minusválido o una persona anciana? Para estos casos se ha identificado una serie de edificios, que en simulacro por computadora han quedado en pie luego de un sismo de grado 8.4 (el mayor que ha afectado a Lima y cuyo tsunami desapareció el Callao original en 1746), como lugares de refugio. Entre ellos se podría nombrar para el área de La Punta y Chucuito, el edificio del Banco de La Nación y el de la SUNAD. A partir del cuarto de sus respectivos pisos podría pensarse en observar pasar las aguas del tsunami con cierta tranquilidad. Y nada más. Salvo encomendarse al Señor del Mar.