Ataque SINCHI


Ataque SINCHI
Desde Mazamari se extiende la lucha antidrogas.

Fotos PAUL VALLEJO

Indumentaria de ataque. Efectivos policiales de la Diotad-Sur.

EL general suda la gota gorda. Estamos a 15 minutos del antiguo campo de entrenamiento de "Los Sinchis", hoy convertido en la moderna base antinarcóticos de Mazamari. El calor alcanza los 40 grados centígrados. Desde la puerta del UH, helicóptero de fabricación rusa que nos transporta, un policía blande una metralleta mientras observa hacia el exterior. La selva agreste muestra algunos agujeros -áreas recientemente taladas-. "Hectáreas de coca", nos explica una voz.
Frente al general PNP Dennis del Castillo Valdivia, jefe de la Dirección Nacional Antidrogas (Dinandro) están sentados Bernhaed Schweitzer, vicecónsul de la embajada alemana en el Perú, y los agentes Michel y Koehler de la policía federal de su país.
Sobrevolamos Puerto Ocopa (Junín) y el general Del Castillo mira de cuando en cuando a los alemanes, quienes a su vez le responden con gestos de aprobación.


Operativo -simulado- en la base antinarcóticos de Mazamari. En algún lugar de la selva, el helicóptero desciende sobre la pista de aterrizaje clandestino. Mientras se traslada la droga para su salida al exterior, los efectivos policiales arremeten. Finalmente, se detiene a los narcotraficantes.

"Estuve en Frankfurt y luego en Berlín entre 1985 y 1987. Allí recibí capacitación del Departamento Principal de Lucha Contra las Drogas", cuenta el general a CARETAS mientras el helicóptero continúa su raudo paso hacia su destino.

Del Castillo: "necesitamos 30 helicópteros más".

Cuando arribamos a la base de la División de Operaciones Tácticas Sur (Diotad-Sur), ubicada en Mazamari (Junín), las cosas parecen calmas. Del Castillo Valdivia, quien ha llegado también con el ministro de Salud y presidente de Contradrogas Marino Costa Bauer, -así como con los congresistas Miguel Velit y Enrique Pulgar de la comisión de Fiscalización-, pasa revista a las escoltas de las unidades que conforman esta base, tres veces más grande y más moderna que la de Santa Lucía en el Alto Huallaga.
A un lado, el rumor de una arenga se hace más próximo: "Esta noche voy a combatir. Pintado de negro voy por el delincuente. Pintado de verde voy por el traficante", repite agresivamente un grupo de efectivos policiales que corre -cada uno fusil en mano- por las instalaciones de la base.
Recientes enfrentamientos con narcotraficantes -dos policías fueron muertos en Tingo María y dos resultaron heridos-, han vuelto a recordar la etapa de las masacres senderistas, poniendo en evidencia a la vez la restitución de la alianza narco-terrorista.
"Los traficantes cuentan no sólo con radios y paneles solares sino también con armas de corto, largo alcance y granadas, recurso que les ha dado la confianza necesaria para enfrentar a nuestras fuerzas", comenta Del Castillo quien afirma que para elevar la efectividad de sus operativos es necesario mejorar su material logístico. "Tenemos 20 helicópteros, pero hacen falta 30 unidades más. La zona del Alto Huallaga es demasiado extensa", afirma.

LUCHA FRONTAL

Aún conserva el nombre con el que se inauguró hace 17 años, cuando era ocupada por personal de la Guardia Civil: "Los Sinchis". Y aunque la base ahora se dedica a enfrentar el narcotráfico, sus efectivos deben -igual que antes- internarse en la espesura de la selva para desbaratar laboratorios, centros de maceración y aeropuertos clandestinos.

"Sinchis" de Mazamari: de la antisubversión al combate del narcotráfico.

Con jurisdicción sobre las zonas del Huallaga, Marañón, Aguaytía, Ucayali, Tambopata y Urubamba, así como en los valles de los ríos Ene y Apurímac, la Diotad-Sur ha realizado (en lo que va del año) 7, 932 operativos y ha detenido a 11, 734 personas.
Resultados alcanzados a través de una estrategia global que incluye inteligencia operativa, represión de la producción de la coca, control de insumos, investigación financiera contra el lavado de dinero, interdicción aérea y supervisión de aeropuertos en zonas productoras.
"La lucha es frontal. Participan los servicios de inteligencia tanto nacionales, como de la DEA, quienes nos alcanzan información procesada sobre las organizaciones que aquí se mueven. Ellos, además cuentan con equipos de última tecnología", explica Del Castillo. El general no ha podido, sin embargo, dejar de aceptar que la situación de los efectivos policiales acantonados en las zonas de frontera es más que difícil. "En esos lugares, nuestros agentes no cuentan con luz eléctrica y deben proveerse o de agua de pozo o de lluvia. Además están constantemente expuestos a enfermedades endémicas", explica.

SIN SALIDA

Muchas rutas fluviales y terrestres utilizadas por las bandas de narcotraficantes en esta región han sido ubicadas y bloqueadas por la policía. Medida que los ha impulsado a trasladar sus zonas de acopio hacia las fronteras con Brasil y Colombia. Siguiéndoles los pasos, la Dinandro ha instalado también sendas bases antinarcóticos en estos lugares. Unidades como las de Caballococha, Río Putumayo y Nor Oriente registran reciente data.
Finalmente, la infiltración de agentes encubiertos en grupos de narcotraficantes, ha sido para la Dinandro, inmejorable carta bajo la manga.
Con este mecanismo se han logrado desbaratar organizaciones como Los Mosquitos, Cristal, Tío Abraham, Champa, Los Africanos y Tío Virgilio. Se han destruido también 10 pistas de aterrizaje clandestinas y un laboratorio, lo que significa que la tarea será larga, pues se calcula que en el país existen no menos de 500 aeródromos ilegales. (Rosa Vallejos).