
La Piña Madura
Perfil bajo, algunas raudas apariciones y un discreto, nostálgico, humor presidencial.
LA visita a algunos barrios céntricos para explicar el programa de destugurización, acompañado de la delegación de Standard & Poors', una importante calificadora de riesgos que está estudiando al Perú a pedido del gobierno, le permitió al Presidente Alberto Fujimori bromear el viernes 14 y regalarle a una joven y sorprendida representante de la firma una hermosa piña madura.
Alguien ironizó que el largo viaje para ganarse una piña, no sale a cuenta. Pero es comprensible que hasta el primer mandatario tenga que empeñarse en mostrar el rostro amable a las decisivas calificadoras de riesgo, pues son las informantes de futuros inversionistas. Y el Perú, en ese aspecto, cosecha opiniones positivas (Socimer International acaba de considerar al país como el segundo de menor riesgo en América Latina) o reticencias como la de la firma consultora Moody's que en su último informe mantuvo al Perú en el nivel B2, de riesgo relativo.
Las incursiones súbitas del presidente lo llevan a pasear a sus visitantes a sus periplos por los barrios periféricos para indicar que aún es popular. La representante de Standard & Poor's se ganó, incluso una piña, aunque pudo apreciar que en cuestión de riesgos la escolta presidencial no se descuida.
La comitiva, sin embargo, impresionó a los visitantes por las sirenas y el alto número de efectivos que recorría las callejuelas, cual si se tratara de la imagen de un Argel amenazante y fundamentalista.
Las apariciones del jefe de estado son esporádicas y limitadas. Evidentemente la rechifla en Arequipa el mes pasado, con ocasión de la inauguración de los Juegos Bolivarianos y la lenta pero continua pérdida de popularidad, según las encuestas, no lo animan aún a salir, como en los viejos tiempos, para recibir adhesiones a diestra y siniestra.
Incluso el jueves 13, un día antes de la piña festiva, durante su visita a centro educativos de la Gran Lima, Fujimori recibió una rechifla pequeña pero sostenida de algunos maestros, lo que lo obligó a cortar su discurso y reducir el número de planteles por recorrer.
El doloroso trance de las silbatinas es un signo del descenso de las simpatías. La gente no sólo pierde el respeto sino que siente que es la forma más rotunda de expresar el descontento por el desempleo, el problema que -según encuesta reciente de la Universidad de Lima- 52.12% de los limeños consideran debiera resolver el gobierno con mayor urgencia. El segundo, de la pobreza, ocupa un 22.19%.
La galantería de la piña madura se transforma así en un símbolo de la actualidad política que tal vez la joven especialista de Standard and Poors' comprenda cuando evalúe las tendencias de la población respecto al actual languideciente régimen.