El Area Grande de Brasilia


El Area Grande de Brasilia
Semana decisiva que prometió notables avances pero que al final mantiene el ritmo nervioso de una vieja disputa. Lo notable: la contribución de los garantes.


En el largo diálogo
sostenido entre Perú
y Ecuador, Brasilia e
Itamaraty han sido
una estación
obligada y propicia.
Esta semana decisiva
lo confirma.


En orden sucesivo: Presidente
Alberto Fujimori. Fabian Alarcón.
Canciller Eduardo Ferrero.
Canciller ecuatoriano
José Ayala. Fernando de Trazegnies, preside
delegación peruana.Representante USA, Luigi Einaudi.



AL cierre de la medianoche del lunes, las últimas luces en apagarse fueron las del ala derecha del nuevo Itamaraty, en Brasilia, uno de los imponentes edificios que rodean el complejo arquitectónico oficial del gobierno brasileño.
Fatigados pero satisfechos, Alberto Chiaradía (argentino), Iván Cannabrava (Brasil), Juan Martabit (Chile) y Luigi Einaudi (Estados Unidos) acomodaron sus maletines y se dispusieron a marchar hacia sus respectivas embajadas.
Habían presentado en sendas y largas sesiones y, luego por escrito, las "sugerencias" que procuran allanar el camino para un entendimiento entre Ecuador y el Perú.
Por su parte, Fernando de Trazegnies, el presidente de la comisión peruana, y Edgard Terán, su homólogo ecuatoriano, establecían contacto continuo con sus respectivos gobiernos.
En Lima, el Presidente Alberto Fujimori y el canciller Eduardo Ferrero trabajaron hasta altas horas de la noche, afinando la que sería la primera respuesta peruana al conjunto de sugerencias.
Cuando se despidieron de Palacio de Gobierno se les notó tensos. Había empezado a correr el reloj de la historia.
Así, Quito, Brasilia y Lima han vivido una duermevela el lunes 24 de noviembre, que tiene todos los elementos para conformar un cuadro singular, tras más de 50 años de idas y vueltas que se estancaron por comprensibles motivos, pero que siempre daban la sensación de que jamás se arribaría a nada concreto.
Esta vez no es que el camino esté completamente despejado. Tanto en Quito como en Lima las encuestas revelan que más del 70% de la población no cree que se arribe a un acuerdo feliz y definitivo. Hay pesimismo en vista de tantos años precedentes y sin resultados. Hay una esperanza, expresada por el General ecuatoriano Moncayo: jamás se estuvo tan cerca de una solución negociada.
Se ha bajado el tono y se ha dicho explícitamente que el campo de lucha es el diplomático. A diferencia de otras ocasiones anteriores, ahora los garantes han decidido involucrarse a fondo. Tanto, que han hecho propuestas y esperan que sean el pivote que permita encaminar las conversaciones en torno a estas. Ya no serían las posiciones irreconciliables de Perú y Ecuador sino las de aproximación propuestas por los 4 países garantes.
No ha trascendido lo que plantean las "sugerencias". Es el secreto mejor guardado de Itamaraty.
Pero existen indicios que llevan a suponer que con respecto a la divergencia en torno al divortium acuarium de la Cordillera del Condor, se plantearía un nuevo peritaje, apoyado por los avances de tecnología moderna. El Perú eventualmente cedería en su postura de considerar que es suficiente el informe técnico de Braz Dias de Aguiar, convencido que nuevas investigaciones ratificarían lo dicho por éste. Ecuador, por su parte, tendría ocasión de confrontar sus resistencias a la ejecutabilidad demarcatoria con los resultados de la ciencia geográfica. En este punto, hay que convenir que la visión satelital y los modernos sistemas de constatación geodésica y climatológica virtualmente tienen ya una definición más precisa. Según los trascendidos del embajador brasileño Adolfo Benevides, las "sugerencias" están enmarcadas en el Protocolo de 1942 -no podía ser de otro modo-, indicó. Esto implica que difícilmente incluirían satisfacción al pedido de acceso territorial soberano al Amazonas -posición histórica del Ecuador que no halló cabida en la fórmula del Protocolo de Río-, con lo cual la posición peruana habría logrado notables puntos a su favor.
¿Cómo se concilia esto con las pretensiones ecuatorianas, qué se le ofrece a cambio, en el supuesto que aceptaran limitar su ambición amazónica? La atención se dirige entonces a las soluciones intermedias de una salida fluvial al Amazonas, incluido un corredor terrestre o puertos francos en Iquitos y algún otro en el curso del Marañón.
No conociéndose el contenido de las sugerencias es difícil adelantar el curso de los acontecimientos de Brasilia. El tope previsto para conocer resultados es el viernes 28 de noviembre. El martes, el gobierno peruano anunció que no se habían producido avances importantes, no obstante que se esperaba que se podía concluir en una tácita aceptación de las sugerencias por ambas partes.
No hay que dejarse engañar por la esperanza. El proceso es lento y arduo. No hay grandes sorpresas, tampoco soluciones relativamente fáciles. El ímpetu de los garantes tiene el límite de las cancillerías ecuatoriana y peruana, quienes a su vez están en una constante consulta y coordinación con sus respectivos gobiernos y consejos de seguridad, en los que se incorporan los mandos de las Fuerzas Armadas.
Por otra parte, Quito y Lima saben que, independientemente de sus respectivos gobiernos, hay una opinión pública vigilante y proclive a escuchar a los maximalistas. Si estos ganan audiencia, sobre la base de que no debe cederse un ápice, simplemente se vuelve a fojas cero. No es fácil avanzar con el mismo ritmo con que se puede retroceder en el curso de conversaciones espinosas y delicadas.
Entretanto, sólo queda esperar que nazca una nueva racionalidad en el diálogo bilateral sobre la base de los constructivos aportes de los garantes. Es innegable que las expectativas de las poblaciones de ambos países sobrepasan situaciones anteriores. Ya es bastante que las FF.AA. de ambos países reconozcan que un enfrentamiento bélico constituiría un desastre. La vía diplomática, pese a críticas y rechazos, va dando sus frutos, primero cooperando en la distensión y luego permitiendo que se sienten en una misma mesa las partes involucradas, tras años de negarse a aceptar que habían problemas y diferendos -dos lecturas de la historia, según Paco Moncayo- es ya un progreso. Hay que persistir en ella. Es la mejor inversión de futuro.