Moncayo En El Area Chica


Moncayo En El Area Chica
Entrevista al vuelo con el Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. de Ecuador, Paco Moncayo.

Fotos
EDISON RIOFRIO
Diario Hoy de Quito

En el Estadio Olímpico Atahualpa de Quito, a escasas 48 horas del inicio de la nueva ronda de conversaciones en Brasilia, el general Paco Moncayo (de civil), el ministro de Defensa, Ricardo Ricaurte (de civil), y el alcalde de Quito, Jamil Mohamed, presiden la ceremonia de inaguración de las Olimpiadas Deportivas de las Ecuelas Militares del Ecuador.

El Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. del Ecuador, Paco Moncayo, es uno de los más poderosos actores de la política ecuatoriana. Y, aunque suene paradójico, tratándose de un militar de estos lares, una de las pocas figuras de cabeza fría en medio de la turbamulta que reina en el vecino país. En vísperas de la entrevista que concediera a CARETAS, en el Estadio Olímpico Atahualpa de Quito, el sábado 22, el Congreso ecuatoriano se vio sacudido nuevamente por graves incidentes, preludio de lo que parece serán aún mayores tempestades. La noche del jueves 20, el debate sobre la constitucionalidad de las privatizaciones de las "empresas estratégicas" (léase eléctricas) descendió a tal nivel que un congresista rechazó los agravios de un colega lanzándole, nada menos, una lámpara. El contundente objeto no llegó al blanco, pero nadie en el Ecuador puede garantizar -a sólo ocho meses del colapso del "bucaramato"- que la sangre no vaya a llegar al río. Y pronto. Viéndolo, nadie podría compararlo con un "gorila". Y no sólo porque Moncayo y su menuda figura (1.70 m.) disten de esa imagen. A pesar de ser el Jefe del Comando Conjunto de las FFAA de su país, el militar practica la sana costumbre de conceder entrevistas a la prensa nacional o extranjera, incluso a la peruana. La libertad con que habla refleja claramente su real poder, y no faltan quienes piensan que en el fondo es él el único con capacidad de veto en la intrincada coreografía política del Ecuador de nuestros días. Simultáneamente Moncayo, que en su calidad de Jefe de Operaciones Terrestres del Ejército sufrió una contundente derrota en 1982, la misma que pudo vengar en 1995, encarna claramente las tropicales aspiraciones expansionistas del Ecuador. La entrevista que aquí se reproduce refleja el pensamiento del general Moncayo 48 horas antes del inicio de la segunda ronda de conversaciones entre las cancillería del Perú y el Ecuador en Brasilia, el pasado lunes 24, y a tres meses de su inminente retiro de la actividad militar. (MZD)

Entrevista de MARCO ZILERI

La entrevista fue pactada en dos sopapos el día anterior, en el transcurso del Foro Internacional Fronteras por la Paz. "Búsqueme mañana en el Estadio Olímpico a las 10.20 am", dijo el general Paco Moncayo. En el Estadio de Quito se inauguraba ese sábado las Olimpiadas Deportivas de las Escuelas Militares de Ecuador con alegre fanfarria: exhibición de paracaidismo, cañonazos de salva y el sostenido acompañamiento de las bandas de música desplegadas en el gramado. Aquí fue nuevamente interceptado Moncayo -con puntualidad peruana el entrevistador había llegado 20 minutos tarde- quien gentilmente accedió a lo prometido, e invitó a acompañarlo. Vestido de civil, y sin resguardo alguno, seguimos a Moncayo por oscuras y estrechas escalinatas internas del estadio hasta que desembocamos en un palco desocupado. El lugar ciertamente brindó mayor intimidad, pero no silencio. Desde aquí el general Paco Moncayo, Marco Zileri, de CARETAS, y el fotógrafo Edison Riofrío, del Diario Hoy de Quito, abordaron el tema fronterizo y el futuro del Jefe del Comando Conjunto del Ecuador.

"De esto también se escribirán dos historias", asegura Moncayo.

¿Cómo interpreta usted el comentario del presidente Fujimori respecto a que la solución del problema fronterizo con el Ecuador se daría antes del año 2000, y la manifiesta disposición de la delegación peruana en Brasilia para hablar del tema de los puertos en el río Amazonas?
-Durante los últimos dos años el Ecuador ha venido dando señales de flexibilidad, de un gran deseo de negociar. Las autoridades, los medios de comunicación y los militares ecuatorianos incluidos, han expresado que ésta es una ocasión histórica que quizá no se repetirá, una oportunidad para que ecuatorianos y peruanos seamos capaces de superar un pasado que sólo les ha causado daño a los dos pueblos, para alcanzar una solución que sea mutuamente conveniente y aceptable, e iniciar un nuevo proceso de auténtica integración, cooperación y hermandad.

Finalmente, y comódamente instalados en un palco, la entrevista se realiza.

-¿Por qué cree que ésta es una ocasión que no se repetirá?
-Frente a la posición ecuatoriana saludo los nuevos signos que emite la opinión oficial del Perú en los últimos días a través del presidente Fujimori y de la comisión negociadora, a pesar de los desilusionantes y frustrantes declaraciones previas del Canciller Eduardo Ferrero en el sentido de que no se discutirían los impases planteados por Ecuador por estar fuera de lo que establece el Protocolo de Rio de Janeiro.
-La posición peruana establece que no se puede dicutir sobre soberanía, pero sí hablar sobre cualquier otro tema relativo a la integración entre nuestros países.
-Bueno, ésa es la posición peruana, pero la condición ecuatoriana es que hay que negociar todos los impases. Para eso se comprometieron los dos países solemnemente con el aval de los países garantes. Si es que la posición peruana y ecuatoriana no fuera divergente ya todo se habría solucionado, y en estos momentos no estaríamos negociando en Brasilia.
-El Perú sostiene que en la Reunión en Brasilia, según el Compromiso de Santiago, no se realizan negociaciones sino conversaciones.

"En los mapas ecuatorianos Iquitos aparece en el lado del Ecuador. ¿Iquitos es ecuatoriana, general?".

-La diferencia es semántica. ¿Para qué reunirse? ¿Para que dos comisiones se den el gusto de sentarse a conversar?
-Una negociación implica un toma y daca.
-Toda negociación es una apertura a escuchar la verdad de la otra parte. Si no, ya no es negociación.
-Las más altas instancias de los dos países han expresado su voluntad de ceder en sus posiciones y encontrar soluciones creativas. ¿En qué está dispuesto a ceder Ecuador?
-Esto de qué ofrecer o qué ceder corresponde a la cancillería y a la política nacional. En este país los militares no establecemos la política nacional ni la internacional. Nosotros somos obedientes de las decisiones políticas. Todo lo que la voluntad política quiera negociar y ceder será respaldado por las Fuerzas Armadas.
-Es claro que existe una íntima coordinación entre las Fuerzas Armadas, el poder político y los más altos niveles del gobierno ecuatoriano. Los militares no están ausentes de las decisiones.
-Por supuesto. En este país, democrático como es, las Fuerzas Armadas cumplimos el rol que la Constitución nos encarga y también estamos presentes en algunas instancias por nuestra capacidad de asesorar. Somos parte, por ejemplo, del Consejo de Seguridad Nacional y en esa condición nuestra voz es escuchada, pero en el nivel de simple asesoramiento. Las Fuerzas Armadas no imponemos las tesis políticas internas ni internacionales y lo hemos demostrado en la práctica. Porque es muy bonito hablar de democracia y que somos demócratas, pero hay que respetar sus reglas.
-Volviendo a la primera inquietud, ¿qué hace singular este momento para que Ecuador se sienta tan cerca de una solución? ¿Por qué es una oportunidad histórica?
-Ayer un peruano sumamente inteligente, el ingeniero Felipe Ortiz de Zevallos, dio respuesta a esta pregunta cuando describió el momento que vive la humanidad, expresando la manera en que debería ser interpretado por algunos geopolíticos trasnochados, casi medioevales, o por lo menos formados en la doctrina del Siglo XIX, sobre lo que es hoy el Estado y las fronteras y lo que serán en un futuro cercano. Pienso que el momento que vive la humanidad, el interés que ha tomado la única superpotencia estratégica que hoy existe y el sentido de supervivencia que tienen los pueblos latinoamericanos, obligan a que estos problemas de frontera sean superados hasta por un criterio elemental de relación costo-beneficio.

-En eso parece que todos estamos de acuerdo y, sin embargo, no llegamos a una solución. ¿Qué sucede si es que la ronda de Brasil no llega a una conclusión definitiva?
-Sería defraudante en la medida que desde 1829, cuando fue invadido nuestro territorio por las tropas peruanas, lo que dio lugar a la firma del Tratado de Guayaquil, no hemos logrado una solución. Hemos avanzado notablemente y no creo que si en cuatro días no salió humo blanco, habría que desesperarse. Tenemos que seguir negociando y tratando de alcanzar la solución que evidentemente queremos todos.
-Los peruanos creemos que una de las cosas inquietantes es que desde 1829 los ecuatorianos sostienen una tesis en base a un Protocolo inexistente, el llamado Pedemonte-Mosquera.
-La existencia ha sido demostrada fehacientemente. Los ecuatorianos y los peruanos escribimos dos historias completamente distintas. La ciencia de la historia reconoce la subjetividad en la relación sujeto-historiador, cognoscente-objeto. En casi todas las escuelas excepto la positivista se acepta que hay una relación íntima, biológica y hasta ideológica entre el que hace la historia y la que se produce. Incluso cada generación escribe o reescribe la historia. Entonces, ¿es una historia la peruana y otra la ecuatoriana? Como no pueden haber dos verdades superviviendo, podemos decir que son dos historias históricamente subjetivas.
-Esto parece un problema de historiadores más que de militares.
-Sí, creo que es así. Creo que es malo que no seamos capaces de superar esos traumas históricos al filo de un nuevo milenio. No creo que haya de parte del Ecuador ninguna posición rígida, sino todo lo contrario. Los ecuatorianos hemos demostrado gran flexibilidad.

IMPASES Y SOBERANIA

-La tesis ecuatoriana de los impases subsistentes pone en cuestionamiento una parte de la línea fronteriza, nada menos que 2,000 kilómetros...
-Está negociándose y se va a negociar con argumentos geográficos, y la geografía felizmente no es fruto de interpretación subjetiva como la historia. Entonces dejemos que sea la razón científicamente comprobada, así la tenga el Perú o el Ecuador, la que dé una solución como resultado. Veo que usted no es amigo de una solución...
-Yo soy periodista.
-Pero está emitiendo juicios como peruano y veo que son juicios subjetivos y prejuiciados, me parece.
-Dejemos que la ronda de conversaciones en Brasilia llegue a la decisión que tenga que llegar. Mientras tanto en los mapas ecuatorianos Iquitos aparece en el lado de Ecuador. ¿Iquitos es ecuatoriano?
-No hay mapas ecuatorianos que hagan aparecer a Iquitos como ecuatoriano. Yo no conozco ese mapa. Hay mapas que por disposiciones de ley simplemente reflejan, no con sentido de realidad jurídica sino de rememoración histórica, lo que fue el Ecuador conforme al Tratado de Guayaquil. Sería absurdo que implique una pretensión de soberanía sobre el dibujo.
-El ministro ecuatoriano de Educación Jaramillo ha dicho que se debe modificar la enseñanza de la historia de Ecuador porque se están diseñando tesis que resultan frustrantes.
-Creo que la historia tiene que recoger los aspectos positivos y negativos, y debe sacarse enseñanzas de lo negativo para que no se repita. No se está enseñando a la juventud una actitud antiperuana si simplemente se recuerda la historia. Fuimos invadidos en 1829, la batalla de Tarqui fue en Cuenca y no en Piura; la guerra de 1941 no se dio ni siquiera en Tumbes o Aguas Verdes, sino en nuestro territorio, que fue ocupado, en Machala, Puerto Bolívar, Santa Rosa, y nuestras ciudades bombardeadas. Esa es la verdad.

Tras la faena de Enrique Ponce, Alberto Montagne, embajador del Perú en Ecuador, en tendido "sombra" de la Plaza de Toros de Quito.

-No había una línea fronteriza entonces.
-No, pues. Nuestro territorio fue invadido y ocupado. En 1859 el mariscal Castilla ocupó Guayaquil para imponer la firma del Tratado de Mapasingue. ¿Alguna vez una fuerza militar ecuatoriana atacó Tumbes, Sullana? Jamás.
-En 1981 y 1995...
-Es igual. Yo soy actor en esta ocasión y puedo asegurarle bajo juramento que pedimos, casi imploramos, sensatez a los mandos peruanos para evitar la confrontación. Pero de esto también se escribirán dos historias. En la ecuatoriana los ruines serán los peruanos y en la peruana será al revés. Mientras no seamos capaces de sincerar nuestra historia, de aceptar que hemos cometido mutuos errores, no llegamos a nada. Tenemos que empezar a escribir la historia del próximo siglo, de integración, cooperación, amistad, hermandad.

TERRITORIO E INTEGRACION

-¿Qué papel juega el aspecto territorial en ese marco?
-Creo que es el elemento fundamental de la mala relación. Si logramos superar con inteligencia, con flexibilidad, creativamente este problema, ecuatorianos y peruanos comenzaremos a reconocer nuestras afinidades, que son mucho mayores que nuestras diferencias. Por eso es importante que tengamos éxito, no los ecuatorianos sobre los peruanos, sino que tengamos éxito los dos pueblos en hallar una solución.
-Felipe Ortiz de Zevallos planteó ayer que con mecanismos económicos podría establecerse un flujo comercial que beneficiaría a los dos países, pero esto no parece satisfacer al Ecuador. Lo que Ecuador aspira no se limita al establecimiento de un marco económico fluido, dinámico...
-Creo que debe ser revisada la relación total entre los dos países para que seamos capaces de inscribir a los dos pueblos en una posición moderna.
-El presidente Fujimori estuvo tres veces en Ecuador. Luego Bucaram llegó al Perú. Ha sido poco menos de una década de esfuerzos sin precedentes y, sin embargo, una década que al mismo tiempo ha estado signada por uno de los conflictos bélicos más graves en 50 años. ¿Qué es lo que ha pasado?
-Del Ecuador han visitado al Perú el presidente Borja, el presidente Sixto Durán y el presidente Bucaram. Una cosa importante que noto como un avance es que los tres llevaron el mismo mensaje de parte del Ecuador. A pesar de la inestabilidad política interna, ha habido una sana y sincera política en la relación binacional de encontrar la solución a un problema que es una lacra para América Latina. Toda solución es factible cuando usted se pone en el sitio de la otra parte.
-Pero en el período que le menciono, ¿no se registró una doble diplomacia, la de los sables y la de los políticos? ¿No ha sido así en Ecuador?
-No. El Ecuador no es un país militarista, belicista, por más que se haya creado esa imagen infelizmente a través de algunos medios en el Perú. Nosotros somos un pueblo amante de la paz y queremos una solución pacífica.

LA GUERRA Y LA PAZ

-Sin embargo, Ecuador conforma también una sociedad jalonada por tensiones. En estos días es clarísima la fragmentación política. Hay una situación compleja, con opiniones muy discrepantes.
-Pero muchos menos graves que las que ha vivido el Perú. Nosotros no hemos tenido un cuestionamiento radical al Estado como el que hizo Sendero Luminoso, no hemos tenido una guerra interna matándonos entre ecuatorianos. Hemos salido de una crisis tan grave como la de febrero (en la que cayó Bucaram) sin un muerto. En el Ecuador hay mucha más coherencia y más vínculos de unión entre los elementos de la sociedad, aunque usted por las expresiones de la política podría creer que no. Nunca vea la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
-Sin embargo, cosas tan elementales como el de la privatización de las empresas públicas, o un proceso político como el de la Asamblea Constituyente, están actualmente en cuestionamiento...
-El Ecuador es un país diverso y democrático, no tenemos una tradición autoritaria y hemos supervivido y avanzado así.
-¿El tema fronterizo con el Perú ha sido un factor de cohesión?
-Puede haber sido, por supuesto, pero si usted observa a la sociedad ecuatoriana en su conjunto verá que son muchos más los elementos de coherencia y de unidad que las fuerzas centrípetas. Compare Ecuador con lo que está pasando en Colombia, que vive una guerra interna donde hay zonas "liberadas" con ejércitos particulares. Aquí el ambiente es de paz y quizá la paz es fruto de esa capacidad de desacuerdo que tenemos, y si alguien le impone a esta gente un punto de vista, una verdad ajena, entonces sí puede venir una explosión violenta.
-La democracia es tan joven en Ecuador como lo es en buena parte de Latinoamérica. También el Ecuador ha sido objeto de golpes de Estado militares y civiles y el péndulo es parecido al del resto del continente.
-Por suerte no hemos tenido una guerrilla violenta, no hemos tenido guerra interna, o subversión. Hemos sido más bien un país de paz.

ADIOS A LAS ARMAS

-¿Pasará usted al retiro definitivamente en febrero?
-Pero por supuesto. Aquí no rompemos la leyes. La ley dice que cumplo mis dos años con el grado general de gestión y se acaba.
-¿Qué hará el general retirado Moncayo?
-Gracias a Dios tengo una propuesta para incorporarme al cuerpo docente de una prestigiosa universidad nacional.
-Es innegable que usted es una figura pública en Ecuador. ¿Se va a resignar a un papel de docente?
-He sido un militar que ha cumplido felizmente mi carrera habiendo ocupado todos los altos cargos y habiéndole servido a mi país a lo largo de 40 años.
-¿Qué edad tiene usted?
-57 años. No creo que tenga que aspirar a otra cosa que a un trabajo decente en la vida que me quede.
-He conversado con diversas personas en Ecuador, y se resisten a creer que una figura con el ascendiente e interés que despierta en muchos sectores se vaya a resignar a dictar clases en una universidad y a cortar el pasto de su jardín, teniendo apenas 57 años.
-Sócrates, Platón, y lo digo por decirlo, Santo Tomás de Aquino, son recordados mucho más y mejor que los generales que vivieron en sus épocas. No creo que la cátedra y la docencia no sean la mejor actividad a la que un ser humano pueda dedicarle su tiempo.
-¿Y la política?
-Creo que la política es una profesión en la que hay que saber desempeñarse. Es toda una práctica, un discurso. Yo no estoy preparado para eso. No sucede igual con la cátedra porque he sido profesor durante toda mi carrera militar en todas las escuelas de las Fuerzas Armadas.
-¿Es usted sociólogo?
-No, soy doctor en Ciencias Internacionales.
-Ayer el catedrático norteamericano John Coastworth esbozó una tesis fuerte. Dijo que Ecuador "no es un país amazónico".
-Fue una tesis muy "simpática". Es como si yo hubiese ido a dar una conferencia en los Estados Unidos en la época de la Guerra Fría y les aconsejara que salgan tranquilamente de Vietman. Es fácil venir acá a darnos consejos como peruanos y ecuatorianos y decirnos: olvídense, la Amazonia no vale nada, los recursos naturales no sirven para nada, ésa es la causa de que no progresan.
-Insisto, ¿no hay solución militar?
- El problema entre el Ecuador y el Perú no tiene solución militar porque en el supuesto no consentido de que el Perú tuviera éxito y pusiéramos los hitos de la frontera en base a ese éxito militar, estaríamos retrotrayendo la historia hacia 1942. Comenzaríamos otra vez a reclamar que hemos sido invadidos y sería volver a abrir la herida. Si al revés, nosotros tuviéramos el éxito militar crearíamos en el pueblo peruano un ánimo mucho más rígido incluso que el actual para lograr una solución negociada. No hay solución militar, la única solución es la política, la diplomática y allí es donde hay que esperar la flexibilidad de ambas partes.
-¿Y la potencia bélica no es tentadora?
-Si lo fuese tanto, los Estados Unidos deberían haber ganado la guerra en Vietnam o los rusos en Afganistán. Es un factor, pero hay muchos otros elementos en una confrontación. De manera que no hay que equivocarse jamás en la lógica fría de los números.
-¿Un conflicto entre Perú y Ecuador hoy día no sería bastante distinto al de 1995?
-Para desgracia de ambos países.
-¿Por qué sería distinto?
-Usted dice que sería distinto. Lo que podría hacerlo distinto es que no hubiese la inteligencia que hubo en 1995 de no ampliar el conflicto, sino mantenerlo limitado. Imagínese usted una guerra en los días que vivimos, entre dos pueblos latinoamericanos. Sería una gran tragedia para América Latina, no sólo para Ecuador y Perú. Y como no hay opción de una victoria rápida y fácil para ninguna de las dos partes, esto significaría una enorme sangría para los dos pueblos, para las dos economías.
-De uno a diez, ¿cuál es el riesgo de un nuevo conflicto bélico con el Perú?
-Por parte del Ecuador, cero. Ecuador no iniciará una confrontación, no provocará ni caerá en una provocación. Eso está en el ánimo y la conciencia de los peruanos, pero creo que el Perú es un pueblo hermano y no creo que quiera iniciar una guerra que sería mutuamente destructiva, ya que sentaría las bases de otros 50 años de enemistad.