Secos Bajo La Lluvia


Secos Bajo La Lluvia
El aguacero de las cifras y el triunfalismo oficial contrastan cada vez más con los apremios del ciudadano común. ¿Cómo hablar de las virtudes de la macroeconomía?

Por más que el ministro Jorge Camet también puso su cuota de fantasía en el Congreso al defender el presupuesto de este año, no pudo explicar la imagen cotidiana del contraste entre opulencia y miseria.

El jueves 20, el Primer Ministro Alberto Pandolfi batió el record del optimismo. En tan sólo tres años, el Perú crecerá 25% y abatirá la pobreza en un 50%. El país de Jauja. Estas son sólo las perlas de un conjunto de declaraciones ministeriales sobre éxitos, esperanzas y futuro de la actual administración.
El único problema es que el público se ha cansado de estos malabarismos que los economistas llaman la macroeconomía. Si todo está tan bien, ¿por qué estamos los peruanos tan mal, con la excepción de una minoría? Wong S.A abre un supermetro en Comas y se inunda con frenesí, como ocurrió meses atrás en Independencia.
Proliferan las tarjetas de crédito, los préstamos para vivienda, el carrusel financiero, pero al mismo tiempo crecen las carteras pesadas de los bancos y el hombre de la calle, de pronto, siente que ya no puede más. En una fase como la que vive el Perú, hay la ilusión de que nos incorporamos al consumo, la modernidad y el desarrollo. Pero también la dura constatación que éstos pueden diluirse como pompa de jabón.
Los malestares no sólo provienen de la escasez del dinero.La primera campanada de alerta fueron los servicios. Se han extendido, pero los costos de las tarifas son insostenibles. Salud, educación, decrecientes oportunidades de trabajo son las otras vallas que hay que enfrentar cotidianamente.
¿Qué es lo que falla, en el supuesto que vivimos en un régimen y bajo un modelo que permite el crecimiento y la lluvia benéfica que eleva el ingreso?
Hay cientos de explicaciones. Unas aducen que se concentra la riqueza en pocas manos (y es verdad,el 20% más pobre se distribuye el 5% de los ingresos, mientras que el 20% más rico aprovecha el 60%).Otras que además de la indiscriminada concentración hacia arriba, falta transparencia en el mercado y no hay,por tanto, real igualdad de oportunidades.
El BID extiende la mirada sobre el continente y concluye en que la década del ajuste requiere más pericia y un reenfoque que acentúe las vías democráticas, porque estas son ahora la garantía del crecimiento menos volátil y más redistribuidor. Curiosa conclusión para un gobierno autoritario que recorta y enfrenta a los gobiernos locales. Los industriales son sólo un sector, de los muchos que en el Perú de 1997, más que recusar el modelo, plantean su mejora y su restablecimiento democrático. Las aguas políticas se juntan con las económicas y, ambas, piden seguridad, servicios, participación en las decisiones. La hora del cajero que deja los bolsillos vacíos está pasando. A continuación los reflejos internos y las reacciones externas que refuerzan esta percepción.

Industriales:
Sube la Marea

UN indeseable regalo por su 102 aniversario institucional,parece haber recibido la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) con un abrupto incremento en sus costos de producción vía alzas tarifarias.
Si bien el gobierno ha ofrecido un retroceso en el alza, lo cierto es que, en promedio, la tarifa industrial se elevará en 11% o 16%, según César Gutiérrez de Electrometric.
Estas cifras son preocupantes si bien distan mucho del alza de 90% y 58 % que denunció el fin de semana pasada el ingeniero Eduardo Farah, presidente de la SNI. El fue más lejos, dando la impresión de que el movimiento empresarial se radicalizaba, cuando instó a sus asociados a no pagar las facturas eléctricas.
¿Resistencia civil? En rigor, era una prudencial recomendación, pues ya tenía noticia que el gobierno se disponía a corregir la resolución de la CTE (Comisión de Tarifas Eléctricas).
La denuncia de Farah también incluyó al cambio de facturación en las llamadas locales, dispuesto por OSIPTEL (en vez de facturar 3 minutos a 21 ctvos. de sol, cobrar cada minuto a 11 ctvos.). Según Farah este cambio elevará los costos telefónicos de las empresas en un escandaloso 47%.
Las quejas de los industriales, sea porque no están bien moduladas, sea porque el interlocutor prefiere tentar la sordera, no son correctamente interpretadas por el gobierno.
Por ejemplo,el ministro de Industrias Gustavo Caillaux en el debate presupuestal de la semana pasada señaló que las ventajas competitivas no se construyen en base a subsidios sino mediante instrumentos que incidan en la elevación de la eficiencia y la productividad. Pero el tema no es teórico. Nadie niega que se precisa un salto cualitativo en la modernización industrial (que por lo demás se intenta en algunas ramas), pero hay costos locales, superiores al promedio latinoamericano, que lastran al proceso productivo y le minan su competitividad.
Gobierno e industriales semejan un viejo matrimonio mal avenido. Lejos están los días de la breve luna de miel a raíz del incondicional apoyo de su expresidente Luis Vega Monteferri al golpe del 5/4/92. Entonces, hubo industriales que creyeron que aupándose al carro golpista recibirían su cuota de gratitud como en los viejos tiempos.

Hay un esfuerzo importante.US$ 4,500 millones de importación de bienes de capital.Pero no es suficiente.

El actual modelo económico no conoce sentimientos. Carlos Boloña le bajó los aranceles a Salvador Majluf sin que medie un saludo ni una sonrisa. Ruegos y trompicones realmente no hacen un verdadero plan de desarrollo. Las presiones y las respuestas oficiales juegan muchas veces al corto plazo y a la coyuntura.
Los altos costos son una realidad. Pero entrar a la globalización y al libre mercado implica arreglar la casa, cambiar cañerías, mejorar los servicios, ser más eficiente, tener colaboradores bien formados. Capital, gerencia, tecnología, reingeniería.
Que el sector manufacturero ha sido el principal afectado por la apertura comercial dispuesta en 1990 no es un secreto para nadie. Se han perdido más de 250 mil puestos de trabajo en el sector, agrega Farah.
Un asesor del MEF, que prefirió las sombras del anonimato, sostiene que el verdadero problema es que los industriales se tomaron mucho tiempo para colocarse las pilas y atribuye esta demora a la modorra que les provocaron las leyes de promoción industrial, la elevada protección arancelaria, las licencias previas, las prohibiciones de importar y los créditos a tasas de regalo que otorgaba el desaparecido Banco Industrial.
Hay que convenir que el proceso de reconversión y de adaptación a los nuevos tiempos ha sido lento y se ha extendido prudencialmente. Los US$ 4,500 millones que se han importado en bienes de capital (maquinaria) en el período 1992-95 demuestran que ha habido inversión, tenacidad y deseo de modernización por parte de algunas ramas y empresas peruanas.
Basándose en estas cifras, Farah afirma que la productividad del sector industrial se ha incrementado en más del 50%, y cita su caso como uno de los ejemplos.
Antes fabricaba 1.5 millones de conos para hilado mensuales, ahora ha bajado a 400 mil, pero, si antes fabricaba 8 toneladas de bolsas, ahora, en cambio, ha pasado a 150 toneladas.
Ha bajado su producción en un producto pero ha multiplicado por 20 en otro, gracias a haberse modernizado.

Presidente de la SNI, Eduardo Farah: Costos, cuántos cierres se producen en tu nombre.

La situación industrial: entre cierres y despidos, se han perdido un cuarto de millón de puestos de trabajo.

Farah sostiene que los industriales no necesitan gollerías sino incentivos. Y cita el caso de Chile, que es el espejo económico en que se suelen mirar los liberales del MEF.
La industria de nuestros vecinos del sur no paga más que una tasa de 15% de impuesto a la renta. En el Perú se paga el doble. Si los empresarios reinvierten las utilidades se exoneran de este pago.
No sólo eso. Gracias a sus acuerdos comerciales con diversos países, casi todos los insumos industriales ingresan con 0 % de arancel, lo que les otorga una clara ventaja. La maquinaria ingresa sin pagar aranceles, siempre y cuando suscriban contratos de compromiso de exportación.
El embate de la apertura comercial, por otro lado,ha sido vivida de distinta manera por el sector manufacturero. Las que producen bienes transables soportan los mayores daños y quien no haya conseguido rebajar costos, manejar sus deudas con el sistema financiero y modernizarse se ha visto en serios problemas, más tarde o más temprano puede terminar en la cola de Indecopi.
Farah argumenta, sin embargo, que no se puede generalizar y pone cómo ejemplo que no pocas empresas del ramo textil han dado un importante salto exportador (Universal Textil, Nuevo Mundo, Hilandería Peruana, Nettalco, entre otras).
En el caso de la industria que casi no compita con la importaciones porque el flete es muy caro (no transables) como la industria de cemento, la cerveza, los plásticos y otras, se les augura un mejor futuro. En muchos casos las fusiones y una gran cuota de modernización han permitido que muchos puedan ofrecer un precio en el mercado interno que desaliente a los importadores.
No hay desarrollo sin industria. No sólo porque el sector industrial aporta el 24.1% del PBI (según el año base 1979), sino también porque otorga ocupación a más de un millón de trabajadores y contribuye asimismo con más del 50 % del total de la recaudación. Pero hasta hoy sigue recibiendo golpes y nuevos sobrecostos (incrementos tarifarios en electricidad y teléfonos), a tal punto que no sabemos si el próximo 3 de diciembre don Eduardo Farah se anime a tomarse una copa de vino. (Rafael Hidalgo)