Comandos de La Embajada


Comandos de La Embajada
Una fuerza de élite acabó, tras126 días, la pesadilla iniciada el 17 de diciembre del año pasado por el MRTA.

Antes de la operación "Chavín de Huántar", sabiendo el riesgo que corrían, los comandos dejaron a sus familiares cartas de despedida por si algo les su cedía. En la misión cayeron el comandante Juan Valer y el capitán Raúl Jiménez, quienes no pudieron celebrar con sus camaradas el éxito de la misma.

HABIANpasado apenas 24 horas de la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, Morihisa Ahoki, por parte de un puñado de emerretistas encabezado por Néstor Cerpa Cartolini, cuando, el 18 de diciembre del año pasado, un grupo de comandos egresados de la Dirección de las Fuerzas Especiales (DIFE) del Ejército se presentó ante sus jefes. Ellos solicitaron ser tomados en cuenta en una eventual intervención militar de rescate a los numerosos rehenes del MRTA, entre los que se contaban diplomáticos, ministros y generales.
Mientras tanto en la Dirección de Fuerzas Especiales (DIFE), jefaturada por el general Jaime Patiño, se culminaba un nuevo curso de comandos y el alto mando había dispuesto inmediatamente la selección del personal mejor calificado para la tarea ya mencionada. Similar orden se recibió en la Marina y en la Fuerza Aérea.
Desde un inicio se consideró la intervención como un acto sumamente arriesgado. Es así como en las reuniones de comando se acordó que, por lo pronto, lo más importante era conocer al enemigo: determinar el tipo de armamento y explosivos que poseía, el verdadero número de sus efectivos y hasta dónde estaban éstos capacitados para luchar.

Camuflaje especial, armas con silenciadores, explosivos y equipos de comunicación fueron utilizados por los comandos para rescatar a los rehenes en poder de la gavilla emerretista.

Conocidos los detalles claves, una de las primeras órdenes fue la de iniciar la construcción de los túneles. También se alquilaron cuatro casonas cercanas a la residencia del embajador Aoki. Una de ellas sirvió como base, pero el cuartel general se ubicó en las instalaciones de la Marina en la Avenida Salaverry, también próxima al lugar.
Por lo que ahora se ha podido saber, al promediar la primera quincena de enero ya se tenía al personal seleccionado. Eran comandos especializados en intervenciones rápidas y con amplios conocimientos en el manejo de explosivos.
Otros eran expertos francotirados y hábiles en la lucha cuerpo a cuerpo. Paramédicos y hombres de comunicación también serían de la partida. A todos ellos se les dio una preparación especial, amén de la orden terminante de no comentar con nadie, ni con la persona más cercana, la operación en marcha. Era obvio que cualquier fuga de información podía poner en peligro la intervención y la vida de los rehenes.
Para conocer el terreno donde tendrían que actuar, los comandos debieron recurrir a usar uniforme policial y pasar horas de vigilancia en patrulleros. A diario recorrían los alrededores de la residencia y sabían perfectamente, gracias al trabajo de inteligencia, dónde estaban ubicados los explosivos, los subversivos y los rehenes.
El estudio de las fotografías de los cautivos, con las lógicas transformaciones provocadas por el prolongado cautiverio, como el cabello largo, bigotes y barba, era obligatorio para no cometer ningún error fatal en el decisivo, violento y necesariamente rápido momento de la intervención. A diario los l60 comandos seleccionados tenían que reconocer ante sus superiores, sin fallar, quién era quién entre los rehenes.
El presidente Fujimori conocía perfectamente el plan. Incluso estuvo presente en el ensayo del rescate que se realizó en una residencia construida de forma idéntica -aunque de otro material-, a la de San Isidro. En esa oportunidad, la operación duro unos doce minutos. El tiempo se podía mejorar, supuso el comando, si es que se tenía la colaboración de los rehenes, lo cual se logró.
Sin embargo, la toma real duró más del tiempo calculado. Se pensaba que no iba a producirse ninguna víctima, pero, como se recuerda, hubo tres. El vocal supremo Carlos Giusti, el comandante Juan Valer y el capitán Raúl Jiménez. A los comandos se los ascendió y, aunque hubiera sido importante que este nuevo grupo "Chavín de Huántar" se convirtiera en un batallón de intervención rápida antiterrorista, no fue así. Los comandos regresaron a sus unidades, y el grupo quedó disuelto.