

Por AUGUSTO ELMORE
¡Qué satisfacción debe haber tenido el presidente Fujimori al recibir la adhesión en bloque de la oposición con motivo de la rebeldía a Dios gracias sólo verbal de los mandos militares -como parte de la telenovela que trata acerca de quién es el verdadero padre de la Toma de la Embajada! ¡Ni que lo hubiese planeado!
(¿No lo habrá planeado?).
Con motivo de la Navidad el Presidente debió hacerle el regalo al Perú de dar forata a Hermoza y Montesinos. Mismo Papá Noel.
Al escribir esta página me informan que alguien me ganó de mano en algo que tenía pensado hace días: mencionar como Hombre del Año al alcalde Alberto Andrade Carmona, cuya labor en favor de la ciudad es tan notable como la que en su momento llevó a cabo Alberto Fujimori dominando la inflación y la pacificación del país, valgan verdades.
Como un capítulo más demostrativo de la recuperación de Lima, ocurrió hace poco la representación del auto sacramental "El Gran Teatro del Mundo", de Calderón de la Barca, en una majestuosa, extraordinaria, apoteósica, puesta en escena llevada a cabo en el atrio de la Catedral, que se convirtió en un escenario magnífico en el que los espectadores fueron testigos de la imaginación, fuerza y brillo que fueron las características principales de la misma. Y voy a repetir el adjetivo apoteósico para referirme al gran final, con zarabanda general y fuegos artificiales. Aplauso a la Pontificia Universidad Católica por auspiciar un evento de tanta calidad, y sobre todo a Luis Peirano, su creador, por la capacidad de llevarlo a cabo.
Toda fiesta tipo Navidad tiene sus pros y sus contras, como la de someternos a la reiterada visión en televisión de esos mamotretos sentimentalones acerca de papanoeles, niñitos que esperan un juguete que sólo les llega al final de la película, etc. Año tras año se repiten las mismas candideces y uno termina por apagar el televisor muerto de aburrimiento.
Vivimos esperando ansiosamente una señal de cambio en la política peruana. De cambio, digo, del autoritarismo, y de punto final a las decisiones dictatoriales del Parlamento (como la última ley que iguala a los jueces provisionales con los permanentes). De cambio de la actitud de boicot permanente contra el alcalde de Lima, cuando de pronto, como un regalo para la Navidad, el Primer Ministro, Alberto Pandolfi, se hizo presente en la inauguración que hizo éste de las obras de terminación definitiva del Trébol de Caquetá. Y no sólo eso: inusitadamente -y con nobleza que obliga- hasta alabó la labor de Andrade. Un gesto digno de encomio, que ojalá continúe. Por un momento parecimos un país civilizado.
Hablando de alcaldes: coincidentemente con el movimiento de burgomaestres que encabeza el de Huancavelica, Luis Salas Guevara, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, acaba de destacar el rol de las alcaldías en el proceso de reformas de la natalidad, basada en los errores o probables excesos que se hayan podido cometer en la esterilización voluntaria -aunque sugerida- de algunas mujeres. De lo que se trata en verdad es de acabar con la intervención del Estado en la difusión de los métodos anticonceptivos, desprestigiándolos. Esperamos, eso sí, que el Estado no obligue a nadie a adoptarlos, tal como la Iglesia hace con sus feligreses que los utilizan so pena de excomunión.
Hubo una vez que los almanaque estuvieron de moda: las empresas se disputaban la calidad y el diseño de algunos, que distribuían entre sus clientes y amigos. Hoy casi han desaparecido. Salvo uno hermoso que ha editado la firma Impresso y que está felizmente dedicado a Lima, de la que se publican doce láminas con excelentes fotografías que hablan del renacimiento de la capital del Perú. Uno a uno, doce lugares selectos de Lima se lucen en todo su actual esplendor. Felicitaciones por la iniciativa. Ojo que esto no es un comercial.
Para terminar: una esperanza que nunca se pierde, aunque ya nadie crea en ella: ¡Feliz Año para todo el mundo!