El Sucesor


El Sucesor
Emerretistas presos en Bolivia confirman que Hugo Avellaneda se encuentra al frente de lo que queda del movimiento terrorista.

Juan Carlos Caballero y Martín Serna Ponce son dos emerretistas peruanos presos en Bolivia desde hace 2 años por el secuestro del industrial y político Samuel Doria Medina. Cuando el MRTA tomó a los rehenes en la residencia del embajador japonés en Lima exigió la libertad de todos sus presos, incluyéndolos a ellos en su demanda. El gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada no aceptó el chantaje terrorista, pese a que entre los cautivos en la residencia nipona se hallaba su embajador en nuestro país, Jorge Gomucio. Este finalmente tuvo que sobrellevar los 126 días de cautiverio que duró la toma de la embajada. El colega Martín Balcázar Martínez, del periódico Presencia de La Paz, entrevistó en exclusiva para CARETAS a los subversivos peruanos presos en el Penal de Chonchocoro.

En prisión: Juan Caballero, cerebro de los secuestros del MRTA en Bolivia, y Martín Serna, quien al ser capturado (derecha) lucía como un Punk.

DETENIDO en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro, ubicada a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar y a 30 kilómetros de La Paz, Juan Carlos Caballero no da muestras de haber perdido la "moral revolucionaria" y menos la fe en el MRTA, organización que aparentemente había dado su último estertor con la toma de la embajada del Japón, el 17 de diciembre de 1996.
Ataviado con un polo sencillo y un blue jean por el fuerte calor de mediodía que quema el altiplano boliviano a causa del fenómeno de El Niño, alza la mano derecha y muestra la "V" de la victoria como aquella vez que fue presentado ante la prensa cuando cayó en manos de la Policía, luego de ser identificado como uno de los secuestradores del industrial Samuel Doria Medina. Mientras tanto saborea una sajta de pollo, comida tradicional boliviana, preparada por otros reos que atienden pequeños quioscos en el mismo penal.
Caballero, quien a diferencia de los emerretistas detenidos en el Perú tiene la libertad de caminar por toda la cárcel e incluso, en las tardes jugarse una partida de billar, deja discurrir su pensamiento.

TRES COSAS

"El asalto a la residencia demostró tres cosas: primero, el inhumano trato carcelario que padecen cientos de emerretistas; segundo, la profunda crisis económica política y social que azota al Perú; y tercero, que golpear a la dictadura de Fujimori no es difícil", luego echa una mirada a sus compañeros de reclusión que comparten con sus familias un día de visita.

Samuel Doria, empresario boliviano cuyo rescate financió la toma de la residencia japonesa.

El jefe de secuestros del MRTA en Bolivia contribuyó a la toma de la residencia nipona con un aporte de 1.4 millones de dólares, pagados por el rescate de Doria Medina, quien un año antes a la acción emerretista había estado cautivo en manos de una célula del grupo subversivo peruano.
Sintiéndose parte de la acción armada encabezada por Néstor Cerpa Cartolini, Caballero explicó que "como organización destacamos la toma de la residencia y seguimos llevando adelante una lucha política; esto se demuestra con la realización de acciones político militares".
El resto de presos, que lucían semblantes distintos por el día de visita, y la guardia boliviana, que parecía algo más "relajada" de lo habitual, no tenían la remota idea de que la conversación giraba en torno a aquel hecho que conmovió al mundo durante cinco meses.
"Tiene que seguir la lucha para liberar a todos nuestros compañeros, ése fue el objetivo (de la toma de la residencia del embajador japonés) y será el de las próximas acciones que se emprendan en el Perú", dice, en una de sus tantas reflexiones, luego de haber saboreado su sajta de pollo.
Pese a estar detenido desde hace dos años sin sentencia, Caballero, considerado como uno de los principales hombres del MRTA, insiste en mostrarse firme en exhibir su fortaleza ideológica al asegurar que la toma de la embajada se constituye en el hito más alto de la lucha del pueblo peruano y, sobre todo, de los valores humanos éticos y morales.
"Gente que estando en libertad arriesgó su vida, todo lo que tenía, por sus compañeros presos, por aquellos que están muriendo en las cárceles-tumbas", dice melancólico y agacha la cabeza.

Hugo Avellaneda estaría actuando desde Bolivia.

Después de tomar aire, pero aún afectado por los recuerdos, explica lo que se logró con aquella acción que costó la vida de los 14 tupacamaristas, "se denunció que con la caída del Muro de Berlín no terminó la pobreza, que en el Perú, donde aparentemente se vivía una democracia y una situación de aparente auge económico, no se vive más que el aumento de la extrema pobreza, la violación de derechos humanos".
A unos 300 metros de uno de los pabellones aparece Martín Serna Ponce, también detenido por el secuestro del ex candidato a la vicepresidencia por el MIR, Samuel Doria Medina.

"GENOCIDIO"

"Hola pata", saluda y se une a la conversación. Mantiene silencio mientras se compenetra en la misma. "La batalla es dura, pero debemos seguir adelante, aunque ellos (los del gobierno) crean y sigan creyendo que con el genocidio que cometieron (cuando retomaron la residencia nipona) estaban ganando y que habían derrotado al MRTA; nosotros sabemos que no fue así", reflexiona Caballero.
El joven emerretista, vestido con un jean negro y un polo blanco con la imagen del comandante "Che" Guevara en el pecho, interrumpe las palabras de su compañero: "Lo que hizo Fujimori fue una masacre, no se puede calificar de otra manera porque traicionó las negociaciones que se sostenían; mató a nuestros compañeros cuando ellos se rindieron."
Su rostro no puede ocultar el resentimiento que siente contra el gobernante de su país, aunque intenta expresar lo contrario y asegura que la lucha del MRTA, ahora comandada por Pedro Hugo Avellaneda, no es de venganza sino de continuidad para acabar aquello que comenzó hace más de 10 años.

NUEVA ESTRATEGIA

Sin embargo, de inmediato hace suyas las palabras del comandante "Evaristo" y le dice a Serna: "mientras haya un tupacamarista fuera no vamos a ser derrotados, el pueblo va a seguir peleando ya sea con otro nombre porque no es una lucha del MRTA contra el Estado, es de una parte del pueblo peruano".
Como quien le levantaba la moral a su compañero, le recuerda que si bien está preso tiene libertad de pensamiento, "nos van a meter en las cárceles-tumbas pero jamás van a poder aniquilar nuestra mente".

Embajador Jorge Gomucio, ex rehén del MRTA.

Es cuando aprovecha para anunciar que el MRTA está realizando cambios en su estrategia de lucha, que no precisamente está enmarcada en la toma del poder.
"¿Cómo?", le pregunto y rápidamente responde: "no vamos a hablar del asalto al poder como en la época del `70, cuando existía la polaridad en el mundo; ahora existen problemas como el de derechos humanos, de autonomía de los pueblos, la falta de desarrollo del país". Caminamos un poco más, cuando en el altavoz del penal se escucha que el tiempo de visitas ha terminado. Caballero y Serna Ponce, quienes esperan que algún abogado los defienda en el proceso que tienen en la justicia boliviana, se despiden haciendo la "V" de la victoria y musitando sus consignas de combate.