CHINA TE CUENTA QUE...


¡Pucha, Las Tres Gracias en Miami!
Por LORENA TUDELA LOVEDAY
MIRA, yo no sé si tú has escuchado hablar de la condición humana, la angustia existencial, la desesperación del vivir y la sed de absoluto, ¿ya?, pero déjame decirte que si te encuentras, como me pasó a mí, en el aeropuerto de Miami con tres paisanitas del mainstream político nacional, pucha, regresando de un shopping desmadrado de fin de año, pucha, créeme que es como para suscribir la Estrategia Mesmer y andar por la vida diciendo "sí, soy yo pero desconozco señor Juez", porque no sabes, todo lo que te cuente es poco al lado de la cruda realidad que me tocó vivir.
La historia es como sigue: no sé si recuerdas que, pucha, o sea, yo me fui a Washington a mediados de diciembre para ver varios bisnes allá, ¿okey?; y en todos ellos, pucha, me fue regio, de modo que por estar tan ocupada, hija, ni me enteré de las pendejadas que hacía por acá El Chínico, ni de las mojaderas de El Niño, ni menos de las choladas de la televisión nacional, hija, porque a la hora que estás arrimada en una cama triple, pucha, con el funcionario del Banco Mundial coordinador de Quaga Dugu haciéndote piojito/piojito en la cabeza para que te duermas mirando en la tele una película de Kurosawa, pucha, mientras en la calle ardillas alfabetizadas saltan de rama en rama entre los cerezos congelados, es como para que a July Pinedo le tires maní la siguiente vez que la veas en la pantalla corruptora, no sé si me entiendes.
En fin, pero como todo lo bueno en la vida se acaba en algún momento, pucha, había que regresar y bueno, of course, me preparé al máximo para el Síndrome de la Cholada, que me da cada vez que tengo que reinsertarme en el seno patrio, hija para lo cual saqué mi ticket en primera, contando con todos los VIP Clubs de los aeropuertos, pucha, no tanto porque me guste esa cultura cagona de los gringos cuando se las dan de exquisitos y te sirven caviar de linóleo, sino porque prefiero eso mil veces a darme de bruces en el aeropuerto de Miami con esas frecuentes nubes de peruanas con poto cuadrafónico, hija (tú me entiendes, ese totorrete que se desdobla sobre el muslo como si fuera un parlante adicional), llenas de unos hijos gordezuelos y sebosos que toman helados con sus shorts enormes y sus trinches como erizos con miedo, tú me entiendes.
Pero hija, en Washington me avisan que el avión en el que había sacado mi boleto se malogró y no me quedaba sino volar a Miami en uno de esos democráticos mamarrachos que tienen clase única y te puede tocar al lado un violador guatemalteco y regio, adelante que todos debemos tener igualdad de oportunidades. Te imaginarás que yo, pucha, hecha una noche negra del valle de lágrimas atraqué con viajar así, sin darme cuenta que lo peor de todo recién estaba por venir, y era que con el cambio de avión, pucha, también perdía mi derecho a encerrarme en los VIP Clubs, y no me quedaba sino sentarme como una Chumbiauca cualquiera, o sea, en una butaca de ese burdel color gelatina de fresa con leche que es el aeropuerto de Miami, hija, y cuando me di cuenta de que el resto de mi existencia iba a ser así, pucha, te juro que casi me tomo el frasco de jabón líquido del avión para llegar cadáver a Lima y quedar como un testimonio de lo que significa para la GCU lidiar con este mundo que se desbarranca por la pendiente de la lorchada sin límite, hija.
En esas estaba, pucha, esperando mi conexión para Lima a punta de novelas de Kafallo y ensayos sicoanalíticos de la Rudinesco, cuando veo que un grupete de tres porongas típicamente nacionales, pucha, ojonas, caderonas, piernicortas, congas y guatonas, pucha, llenas de paquetes como ekekos que se sacaron la Tinka, se acercaban para sentarse a esperar un vuelo... ¡al lado mío! Te juro que casi me da un ataque de edema crónico cuando además, pucha, me di cuenta de que Las Tres Gracias que te menciono eran ni más ni menos que Martucha, ag, la zamba Losada y la gorda Salgado, hija, las tres bermudas en fucsia, rosa y turquesa-piscina, respectívamente, con unos polos, hija, que en K - Mart (ahí donde compran las muchachas), te los dan cuando alquilas una película en video.
Fue demasiado para mí, sobre todo cuando Martucha, ag, que es vivísima, o sea, me descubre de reojo y se pone a chismear con las otras dos sobre quién era yo y te lo juro que desde detrás de mis Armani de carey color caramelo, pucha, pude ver cómo les iba saliendo tiña, caspa y seborrea de la pura envidia a las tres paquetonas, no sabes, pucha, de verme flaca, regia y vestida como una diosa de jeans, pucha, en medio de tanto caribeño horroroso que una se encuentra en esa entrada al país de todas las oportunidades.
Claro, la Losada no pudo con su metejonería y haciéndose la papanatas, pucha, como para arrimarme letra y salir de dudas sobre si yo era yo, pucha, se me acercó con un cigarro en la boca y me preguntó, "Madame, ¿yu jaf fair?", a lo que yo, pucha, hecha un cuete con anfetaminas, le respondí: "Uri saaanama paavo grundigt biehl", que en finladés significa "zafa lorcha, que soy de Helsinki y hoy no atiendo caseríos", con lo cual les eché un baldazo de agua fría a las tres gordas, pero yo quedé destrozada, hija, de constatar a lo que estaba regresando, no lo podrías creer.
En fin, ya estoy acá pero no te creas que muerta de ganas. Lo único que me da aliento para seguir viviendo, hija, es un chimento que me han pasado, sobre la inminente boda de El Chinaco Maloso. Con decirte que no solamente sé quién es la afortunada elegida sino, pucha, hasta qué flores de qué plástico va a llevar en el bouquet, ¿te puedes imaginar? Enchanteé de estar otra vez contigo y seguimos el juevescito. Chau, chau. (Rafo León).