
Loca Carrera
El precipitado final de Ernesto Ramón Carrillo, presunto organizador de las llamadas "burriers"
TRAS la violenta muerte de Ernesto L. Ramón Carrillo (37), más conocido como "Loco Ramón", la Dirección de Narcóticos está preocupada ahora por saber quién asumirá el control y distribución de la droga a través de las llamadas "burriers", función que habría desempeñado la víctima, según declaración de Paola Bisso, quien fue capturada en Dallas el 25 de agosto del año pasado con 4 kilos de cocaína (Ver CARETAS 1486).
Temperamental "Loco Ramón" vivió en un ambiente de drogas, tráfico, chicas guapas y dinero fácil. Muerto tras una persecución policial, su Porsche quedó calcinado y con él se fue más de un secreto.
Versiones policiales sostienen que Luis Ramón había sido citado en octubre último, luego de que la Bisso asegurara, ante las autoridades americanas, que él le había entregado la droga. La DEA, por su parte, había pedido sus antecedentes.
Sin embargo, la Policía ya manejaba información en el sentido de que el "Loco Ramón" era el responsable de reclutar a las burriers, especialmente en las playas y discotecas del sur. Para lograrlo, se mostraba dadivoso y encantador. Una vez ganada la confianza de las jóvenes, les ofrecía el gran negocio de su vida: una ganancia de 3 a 5 mil dólares, además de pasajes, viáticos y alimentación.
Desde hace cinco meses la Policía buscó infructuosamente a "Ramón". Según algunos de sus allegados, había decidido refugiarse en un balneario del sur mientras pasaba el escándalo. Reapareció el 30 de diciembre de 1997, cerca del mediodía, cuando llegó en su Porsche color guinda a saludar a su madre -domiciliada en Monterrico- por fin de año. Luego enrumbó hacia Chaclacayo. "Iba con una chica delgada, alta, de cabellos castaños. Una amiga que siempre lo frecuentaba; creo que era modelo", recuerda uno de sus vecinos. Para algunos se trataría de la conocida Verónica Alcalá, mencionada anteriormente como amiga de Ramón.
Todo hace suponer que en Chaclacayo la joven bajó del auto. Una hora después, ya de regreso a Lima, en la Carretera Central, una camioneta de la comisaría de Chaclacayo intentó detener el Porsche, el que además de tener lunas polarizadas, carecía de placa.
Ernesto aceleró y fue a la altura del kilómetro 11 de la Carretera Central donde un efectivo policial de la delegación de Santa Clara se interpuso en su camino para intentar detenerlo. El policía tuvo que lanzarse a un lado de la pista para no ser arrollado. El resto de agentes disparó contra el auto y uno de los balazos impactó en el tórax de Ernesto, quien perdió el control del vehículo. Este fue a estrellarse contra un poste de luz y se incendió.
Ramón fue conducido entonces al hospital de Ate- Vitarte donde llegó sin vida. Al día siguiente, vísperas de Año Nuevo, fue sepultado en los Jardínes de La Paz. De ser ciertas las versiones que circulan sobre sus actividades, con él se habrían ido los secretos sobre quiénes le proporcionaban la droga, quiénes eran sus contactos en el exterior y quiénes le otorgaban protección.
Aficionado al motocross, a Ramón Carrillo no se le conocía oficio ni profesión. Incluso sus amigos no saben explicar de dónde provenía su dinero.