En Las Garras Del Niño


En Las Garras Del Niño
Si en el Perú existiese una conciencia ecológica mayor, los estragos de El Niño serían, sin duda, menos catastróficos.

Santa Teresa la Antigua, en La Convención, Cusco, fue borrada del mapa. Derecha, el viernes 16 la emergencia fue en la Carretera Central. Abajo, Presidente Fujimori en el Rímac.

Hasta hace cinco días, un Presidente confiado invitaba a hacer turismo a las ciudades de Piura y Tumbes. "El Niño es un fenómeno extraordinario -declaraba- con tormentas eléctricas, gran intensidad de lluvias y calor pero para irse a la playa, y un río que tiene una vista espectacular para disfrutar". La Madre Naturaleza, inmisericorde, se encargó de traerlo a la realidad.

Santa Teresa, Cusco. El martes 13 un huaico borró del mapa tres poblados.

LA Carretera Central bloqueada. El pueblo de Santa Teresa arrasado. Aguas Verdes bajo agua. Parte de Sullana también. Y El Niño recién arranca.
El primer campanazo, el más trágico hasta el momento, se dio el martes 13 en la localidad de Santa Teresa. Ocho poblados y cinco puentes fueron arrasados, dejando un doloroso saldo de una docena de muertos y 1,500 personas damnificadas. La causa del aluvión fue el desembalse de la lagunilla de Yanatile que nace del Nevado Salccantay. La forestación de las cabeceras de los cauces fluviales y la ubicación de las poblaciones en zonas menos vulnerables es una urgencia. Y no solamente en Santa Teresa.

Dolor de madre: Eva Araníbar, 45, perdió a sus 6 hijos y su marido en Huadquiña. Derecha, damnificados de Yanatile.

El viernes 16, a las 7.30 pm, un ensordecedor ruido alertó a los pobladores de la localidad de San Miguel de Viso, a la altura de San Mateo, a 85 kilómetros de Lima, de la estampida de un huaico. No hubo víctimas que lamentar, pero la docena de camiones que quedaron destrozados por la furia de la naturaleza fue, una vez más, un dramático recuerdo de la depredación de la que ha sido víctima la cuenca del Rímac.
Sin duda, si los peruanos tuviésemos una mayor conciencia ecológica, los bosques nativos que protegían la cuencas interandinas no hubieran desaparecido, o hace largo tiempo que se hubiera iniciado su reforestación. No ha sido así. Recién el año pasado, Año de la Reforestación, el gobierno se comprometió a sembrar 100 millones de árboles. Sin embargo, ello es claramente insuficiente. De acuerdo a Pronamach, la meta trazada sólo beneficia 100,000 hectáreas, cuando solo en la sierra hay 20 millones de hectáreas deforestadas, todas cabeceras de cuenca. Es obvio que en lugar de ser plan para un solo año, la reforestación debería ser un objetivo permanente, parte integral de una política de prevención de desastres a mediano plazo.
Si el huaico en San Mateo alguna lección dejaba, en menos de 72 horas otro violento torrente, esta vez en Sullana, Piura, dejó una secuela de tragedia y destrucción y nuevas interrogantes sobre la capacidad de la sociedad peruana para organizarse en estas emergencias. Después de todo, no siempre estará el presidente Fujimori listo para emprender el salvamento. Ciertamente ganas no le faltarán, pero teniendo en cuenta que recién empieza la temporada de lluvias, su agenda no se dará abasto para cubrir cada zona afectada personalmente. Salvo, claro, que posea el don de la ubicuidad, reservado hasta ahora para el Espíritu Santo. Quizás, sólo por eso, debería ir pensando en apoyar también a las autoridades locales.


Mapa Satelital
Domingo 18, 9.30 p.m. Pocas horas antes de que el Canal Vía, que atraviesa la ciudad de Sullana, se desbordase, la imagen del satélite GOES registró una gran acumulación de nubes y fuertes precipitaciones en la costa norte, la zona oriental del Cusco y en partes de la Amazonia. En Sullana, esa sola noche, cayeron 210 mm de agua, el más intenso registro pluvial desde 1983. La torrencial lluvia estuvo acompaañada de tormentas eléctricas y vientos huracanados. Ocho personas perdieron la vida.