CHINA TE CUENTA QUE...



¡Guaj, Los Nuevos Monstruos!

AY, no sabes, la semana pasada estuve en Londres porque hubo un congreso de sicoanalistas para, ay no sé, o sea, darle una vueltita epistemológica al tema ese de la ablación simbólica del pene en los grupos nacionalistas musulmanes bosnios, ¿ya?, que como verás, pucha, es un asunto de prioridad A-Uno para el pensamiento científico nacional, cómo te explico. La cosa es que una noche en el hotel me dio un insomnio horrible porque tuve por un momento la fantasía de que Inglaterra pudiera elegir alguna vez a un presidente como El Chinajo, hija, dentro de este horrible bricolage de probabilidades absolutas que es el mundo en el umbral del tercer milenio, y me angustié hasta sacarme sangre de las cutículas a punta de mordiscos, pucha, tanto que para distraerme tuve que prender la televisión y te podías morir: un especial de la BBC sobre la evolución del color añil en las cráteras griegas del período jónico tardío y te lo juro que sentí en ese momento que la televisión sí podía corresponder a un ethos como el mío y me reconcilié de tal forma con la vida gracias a esa constatación que, pucha, o sea, para no pasar por eurocéntrica, decidí que a mi vuelta a Lima iba a buscar conectarme con la tele nacional con el mismo afán y claro, acá me tienes con un brazo en cabestrillo porque al tercer intento, no sabes, me terminé tirando por la ventana del departamento con tan mala suerte que justo caí encima de Bláder, el nuevo jardinero del edificio; al pobre cholo le rompí un fémur y yo acabé con una cojuda luxación a la altura del codo, para qué demonios será una tan sensible, ¿no? Mira, empecé mi búsqueda con una telenovela nacional cualquiera, y elegí una poblada de unas mocosas oligofrénicas de ésas que hablan asá can la baca abiarta para decir huevada y media, hija, y te puedes morir del lípoli con las pretenciones cuando, pucha, los productores aspiran a retratar a las familias de la clase alta limeña y te lo juro que el resultado no pasa de un sanborjazo con su mano de Hogar más, atroz. Estaba tratando de entender lo que veía cuando en eso me llamó la atención un personaje con cara conocida, "pucha, pensé, pero si es la señorita Canuta de los chistes de Archie", ¿Te acuerdas de la señorita Canuta?, sí, la asistente del director del colegio de Riverdale, esa vieja flaca con una nariz que parece un apio saliendo de la bolsa, ¿no es cierto? Bueno, yo estaba ya agarrando bacilón con la señorita Canuta cuando en eso me fijo bien y me doy cuenta de que en realidad no era Canuta sino Xavier Barrón, hija, el congresista ese de los viejitos, que gana 21 mil soles al mes (salidos de mis impuestos), y estaba ahí el muy mamerto divirtiéndose como una lombriz en tierra de gusanos y una hecha una pelópidas pensando en que se iba a reconciliar con su país gracias a la pantalla corruptora. Patada al control remoto, cambio de canal. Pues nada, era un talk show ("top show", cholae dixit) conducido por una flaca rarísima, hija, que parecía una lagartija con hipotiroidismo, tratando el tema de, ay no sé, o sea, los stripers que se empelotan para sobrevivir y a mí me tuvo que tocar ver a cuatro cambistas mal empaquetados enseñándole la joya de la familia a un auditorio de gordas placeras cachondas que te lo juro, o sea, ahí me ratifiqué en la certeza de que, ay no sé, o sea, como decía Maud Mannoni, "el cuerpo es la esencia de la posesión del uno-mismo", a lo que yo añado que cuando se trata del cuerpo de la lorchería lo mejor es pasar al rabioso zapping y no parar hasta encontrarte con algo a la altura de la calidad de tus ojos, qué quieres que te diga, porque dicho sea de paso, o sea, a mí nadie me saca de la cabeza la idea de que esta epidemia de conjuntivitis no es otra cosa que una defensa inconsciente, pucha, contra esa invasión de fenómenos que se te meten a la casa vía la televisión. Aserrín para ese talk show y de nuevo cambio de canal. Ahí me detuve fascinada: era una especie de cajera de botica, pucha, vestida por el APRA rebelde, con una boca más grande que el bufadero de San Bartolo, hija, entrevistando a un mocoso adefesiero que tenía el tupé de decir que le había hecho el amor a Jaime Bayly (¡ay no, Jaime, eres demasiado GCU como para estar en manos de cualquier improvisado!) y te lo juro que ahí fue que se me hizo un black out en la cabeza y juácate, acabé sin darme cuenta encaramada encima de los hombros del pobre Bláder, sumida en un nido enorme de matas de helecho babilónico y nenúfares, y ahí pensé, si hasta ahora no me he vuelto loca del todo es porque existe la BBC, así que a la Clínica El Golf a vendarse el brazo y si de televisión se trata, pucha, prefiero tomarme un Rohypnol y ver en la pantalla de mis sueños a Jaime Yoshiyama, que me han chismeado que se ha comprado un periódico nacional y déjame decirte que si es así, pucha, vamos a estar todo el día él y yo dándole a la rotativa, que no te quepe la menor duda. Chau, chau. (Rafo León).