
El estrógeno televisivo ha enardecido la pantalla, la ha hecho trémula y celosa. A los hombres también les gusta esta telenovela de juanas bravas y participan entusiastas de chismes y reality shows, pero son las mujeres las que empujan los índices de violencia audiovisual hacia arriba, las que ejecutan con más empeño el mandato competitivo. Dueños y productores las alientan y ellas se sueltan las bridas. ¿Qué hará Gisela Valcárcel cuando se lance al ruedo en un canal como el 13 que tiene una secuencia, "Paparazzi", en la que, si no fuera porque está en la misma casa, hubiera sido ya zarandeada, calateada y batida por marketear su vida privada? Tendrá que asimilar el golpe trocando zalamerías por chismes, convirtiendo sus tímidas entrevistas en impromptus de talkshow. Más efecto y menos baba si no quieren resbalar por la pendiente de July Pinedo.
Las utilísimas cayeron en la cuenta, hace ya buen tiempo, que sólo servían como parodia de sí mismas. Imposible tomárselas en serio como hace Canal 11 importando el Utilísima Satelital argentino, pero hoy, la parodia también está gastada. Habría que imitar a Chibolín imitando a Camucha (o arañando a Jaimito Bayby) a ver si del regodeo sacamos algo de original. La vulgaridad está de moda y, para que los Crousillat y Laura Bozzo no se rasguen las vestiduras al discutir de ella, aquí va una definición: El relajo de la creatividad. Vulgar es lo fácil y repetido, lo que, por no tomarse el trabajo de ser complejo, es simple y llamativo. Lisuras, potos y tetas no son vulgares en sí mismas sino cuando con unívoco sentido (ojalá fuese siquiera doble) se usan para activar los reflejos del espectador. Hay quienes definen como vulgar a todo aquello que gusta a las mayorías, pero esos snobs, por fortuna, no mandan en la tv.
Estas féminas tendrán que beber, pero sin golpearse el pecho ni buscar tantas excusas como antes, de las fuentes de la vulgaridad a ver si reenganchan el afecto de las mayorías. En realidad ellas fueron pioneras del boom del chisme y la intriga que hoy explotan los canales chicos que quieren ser grandes. O insisten, con nuevo filo, en la materia o se pasman antes de madurar. Por supuesto, existe la alternativa del programa que impacta por ceñudo y profundo y de las conductoras que usan su inteligencia como un arma de seducción. Tomenselo con calma.

Rugrats, Denegri y Pataclaun.
Roberto del Aguila, director de Buenos Días Perú.
HE bebido televisión desde mi más temprana infancia, y aunque el tiempo es ahora escaso, siempre puedo darme algunas escapadas para ver qué me ofrece la vieja amiga. Y localmente me ofrece poco: trato de no perderme un capítulo del disparatado e inteligente chongo de Pataclaun, sigo fielmente la lucidez y gestualidad de Marco Aurelio Denegri y, cuando el horario lo permite, aprendo con Tomás Unger. Por las noches, 24 horas es de visión obligada. Y nada más. Aunque, en ocasiones, encendí el televisor para ver otras producciones locales y comentar. Sin comentarios... En el cable cambia el panorama, aunque el tiempo sigue siendo corto. Debo decir que la oferta es amplia, por lo que puedo omitir algunas que veo, pero en este momento no recuerdo. De las series cómicas me gustan Mad About You, News Radio, Ellen, La Nana. Entre los programas periodísticos prefiero los de América de Argentina: Planeta Caníbal, Las Patas de la Mentira, Caiga quien Caiga, Zoo 2000, La Biblia y el Calefón. En cuanto a series, trato de seguir algunos realizadores: Stephen Bochco (Hill Street Blues, NYPD Blue), Chris Carter (X Files, Millenium -esta me encanta-). Y recuerdo una, inglesa creo, muy buena: Cracker. También veo, por supuesto, fútbol -detesto los partidos en diferido-, películas y dibujos animados. De estos, La Vida Moderna de Rocko, Rugrats y cualquiera que guste a mis hijos. También veo series y dibujos antiguos, pero por ahora basta de TV: hay un libro y un par de discos nuevos, y el televisor debe enmudecer.
La Vida Es Fútbol
El balón de los sueños de Efraín Trelles.
-César Hildebrandt en "Hildebrandt en vivo".