Pruebas Que Delatan


Pruebas Que Delatan
Sangre, micas y rúbrica. El caso Paredes en el laboratorio de la Policía.

Ilegible, sencilla y de presión regular. Así definieron los peritos grafotécnicos de la Policía, la firma del fenecido congresista Mario Paredes Cueva impresa en el testamento Nro. 3162875. Con esto, se trae abajo uno de los principales cuestionamientos de María Luisa Paredes -acusada de ser autora intelectual del crimen de Camacho- en torno a la herencia dejada por su padre. La Policía logró también, a través de un cuidadoso trabajo técnico, la captura de uno de los vehículos utilizados la noche del asesinato. Se alista la detención de los autores materiales.

UN rasguño blanco impreso en el auto que transportó por última vez a Diana de Gales y a Dodi Al Fayed marcó el inicio de la investigación. Siete meses han pasado desde la muerte de la princesa ocurrida en París y la Policía londinense continúa infatigable la búsqueda del Fiat Uno que habría colisionado contra el vehículo de la pareja provocando el siniestro. Aún no hay resultados.

Sospechosa María Luisa Paredes. Firma cuestionada, auto utilizado por los sicarios e identificado por insopechada evidencia y trabajo de investigación digno de Sherlock Holmes.

Pesquisas similares ocurrieron en nuestro país luego de que el pasado 3 de enero, 74 balas acabaran con la vida de Nora Ruiz de Paredes y de su pequeña hija Melissa en una silenciosa calle de Camacho, aunque en este caso el resultado de las investigaciones resulta más alentador.
Una riega de casquillos provenientes de fusiles AKM, un auto negro abaleado con ensañamiento, un cuerpo sin vida (el del chofer y seguridad, SOPNP William Isidoro de la Cruz Morales) y partes de armas de fuego conformaban la escena del crimen.
Tras acordonar la zona, la Policía inició la inspección técnica. Dispersos, pero cercanos al Volvo de la viuda de Paredes fueron hallados seis pequeños pedazos de una mica amarilla pertenecientes a otro vehículo. A un par de metros, casi imperceptible -incluso algunos curiosos habían pasado sobre ellas-, restos de fibra de vidrio negro y rumbo a la avenida Las Palmeras, gotas de sangre que desaparecían abruptamente. Esto llevó a la conclusión de que uno de los delincuentes había sido herido por el agente De la Cruz Morales, segundos antes de que lo victimaran.
Lo siguiente fue la interpretación del procedimiento delictivo. Para esto, la Policía volvió al lugar hasta en 15 ocasiones. Se conoció así la distribución de los tiradores y de los vehículos utilizados -un auto oscuro, otro más de color blanco y un tercero, color lila- para el doble asesinato. Luego vendría la investigación sobre los antecedentes de las víctimas y de sus conocidos, las hipótesis y los primeros sospechosos, entre quienes aparecieron los hijos mayores de Mario Paredes Cueva, los hermanos María Luisa y Luis Alberto Paredes Paredes.
Paralelamente se supo que días antes del asesinato, ambos habían presentado una denuncia ante la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Dinincri) acusando el posible fraude del testamento dejado por su padre, Mario Paredes Cueva. Dudaban de la autenticidad de la firma registrada en dicho documento, el cual les legaba beneficios inferiores a los adquiridos por Nora Ruiz y sus dos menores hijos. Finalmente, fueron los exámenes grafotécnicos los que determinaron la legalidad de la rúbrica, para lo cual se analizó también el acta de matrimonio de los esposos Paredes Ruiz signada con el Nro. 009494.
La investigación prosiguió y decenas de agentes empezaron a recorrer no sólo las zonas más tórridas de La Victoria (donde se alojan vendedores informales de autopartes y a donde concurren elementos de dudosa reputación), sino también distribuidores autorizados de vehículos. Bajo la misma consigna, los efectivos policiales debían identificar el tipo de automóvil al cual pertenecían los restos materiales hallados en La Molina, determinándose luego que se trataba de un Toyota Corona. Desde entonces casi 90 personas, propietarios de autos similares, fueron visitadas.
Nueve días después del asesinato, el 12 de enero, el tan buscado vehículo apareció en medio de una balacera entre secuestradores (que lo conducían) y Policías, siendo dejado por los malhechores a la altura de la cuadra 14 de la avenida Velasco Astete en San Borja. La policía pudo determinar entonces que el auto -robado a una dama asiática en setiembre de 1997- tenía reconstruido el faro posterior izquierdo y presentaba un agujero de tamaño regular "producido por impacto de cuerpo duro" en el alerón del mismo lado, el cual había sido cubierto con pintura negra. Al interior del vehículo, otro hallazgo, balas encamisetadas homólogas a las utilizadas la noche del crimen.
Los próximos pasos de la investigación apuntan a la captura de la "chata Marlene" -conviviente de Luis Paredes Vaudenay, uno de los implicados- quien habría intentado huir del país sin mayor éxito, así como a la detención de Alfonso Zegarra (en octubre de 1997 salió en libertad del penal de Lurigancho), a quien se le señala como uno de los ejecutores del asesinato. Por lo pronto, las estrías de sangre halladas en el lugar han revelado un tipo sanguíneo ajeno a las víctimas. La investigación continúa. (Rosa Vallejos).