Izquierda Del 2000


Izquierda Del 2000
Nancy Fraser, profesora de Teoría Política del New School for Social Research de Nueva York, estuvo en el Umbral del Tercer Milenio planteando alternativas al neoliberalismo para el próximo siglo.

Fraser: "No puede haber reconocimiento genuino sin redistribución, y viceversa".

Entrevista
CARLOS DE LA PUENTE

DESPUES de 1989, parece difícil imaginar una opción opuesta al liberalismo económico. "Salvo el mercado, todo es ilusión" podrían repetir Fujimori, Menem, los republicanos que gobiernan el Congreso de Estados Unidos, y más de un gobernante de Europa del Este. En este contexto, es refrescante escuchar una voz contestataria como la de Nancy Fraser, profesora de Teoría política en el New School for Social Research de Nueva York, que estuvo en el Perú para el congreso de El Umbral del Milenio. Identificada en sus primeros escritos con las causas feministas, la doctora Fraser es de las pocas voces que hoy insiste en la importancia de las políticas destinadas a redistribuir ingreso y oportunidades al tiempo de luchar para que la izquierda incorpore en su discurso la importancia de reconocer las diferencias culturales y las particularidades de los grupos y los individuos.
-Ciertos filósofos sociales enfatizan la necesidad psicológica por el reconocimiento, incluso sobre los intereses económicos, para explicar la motivación de los conflictos sociales y para formular teorías sobre qué es una sociedad justa. ¿Está usted de acuerdo?
-Sí y no. Creo que cuando un ser humano siente que su identidad (cultural, étnica, sexual, etc.) no es respetada por otro u otros en su comunidad o en su país, sufre una experiencia traumática; un trauma que es una motivación muy fuerte para criticar un sistema -o parte de él- que podría motivar una acción política o social para reformar o cambiar completamente ese sistema. Sin embargo, la desigualdad económica es también una forma de negar reconocimiento y por lo tanto una desvalorización. Los problemas culturales no son la única fuente de esa herida narcisista (es decir esa herida a la autovaloración) que lleva a las personas a la protesta y que pueden ocasionar revueltas sociales.
En América Latina no es de los segmentos más pobres de donde han surgido los contingentes revolucionarios. No ha habido revoluciones en Haití pero sí en Cuba y en el Perú parece que los que lideraron los grupos insurgentes no eran tampoco quienes estaban en la parte más baja de la escala de la distribución del ingreso.
-¿Por qué cree que en Estados Unidos, de las únicas injusticias de las que se habla son las injusticias en el campo simbólico o cultural y no en el económico?
-Creo que por varias razones. Se ha desconectado, erróneamente creo, los problemas económicos de los simbólicos o los culturales, del mismo modo que la izquierda cultural y la izquierda social se han distanciado. En este contexto, a algunos puede parecer más fácil proponer soluciones en el terreno simbólico o cultural que en el campo económico. Yo creo que esta separación es equivocada y que no puede haber reconocimiento genuino sin redistribución, del mismo modo que la redistribución tiene que ir acompañada del reconocimiento de las diferencias culturales o las particularidades de los grupos o individuos. También es cierto que ciertos grupos redistributivos, como los sindicatos, han adoptado, en esta época de liberalismo económico, una actitud defensiva y además no han prestado suficiente atención a los problemas originados en las diferencias culturales.
-Los argumentos del neoliberalismo son básicamente dos: uno técnico, que se refiere a la eficiencia y otro moral que alude a la restricción de la libertad que supondría intervenir en los mercados.
Cierto. Primero está la cuestión de la factibilidad de un cambio, por ejemplo, hacia un planeamiento democrático de la economía y la inversión. Yo no soy economista y por lo tanto no puedo considerar la cuestión desde un punto de vista técnico. Mi posición es que hay ciertas decisiones económicas que afectan a buena parte de la sociedad, que tienen que someterse a un proceso de discusión democrática. No como sucede ahora que muchas decisiones económicas que tienen importantes efectos sociales las toman los empresarios. En cuanto a los supuestos derechos sobre la propiedad, el lucro, etc., creo que la libertad es importantísima, la libertad individual. Tan importante como la justicia económica. Pero lo que se debe buscar -y éste es el ideal liberal- es el de una libertad igualitaria para todos los ciudadanos. Es decir una libertad combinada con la igualdad de oportunidades.
-La gente, en general, se siente pesimista acerca de la posibilidad de un cambio.
-En parte por el colapso del socialismo ideal la gente de izquierda no sabe qué decir en el campo de la economía política. Creo que todavía hoy nos estamos acomodando mentalmente a 1989. Lo estamos digiriendo. Es decir, aún no tenemos una idea clara de lo que esos cambios significaron y creo que en parte es bueno. Creo que una cosa clara es que el socialismo, o el ideal socialista no puede ignorar las diferencias culturales. La moda liberal ciertamente no es el mejor escenario para los movimientos sociales, pero yo confío que los ideales de una sociedad más igualitaria están todavía vivos.