

Días de Guardar
Urge un cambio de rumbo en la regulación del mercado editorial y en la promoción de la lectura, ámbitos que hoy sufren agobiante crisis.
La lectura, actividad que conduce a la edificación de la libertad, es una exigencia actual amenazada por las tecnocracias. Derecha: Germán Coronado (PEISA).
LA sociedad contemporánea abunda en manifestaciones retóricas que envilecen al lenguaje y trivializan, dramáticamente, la producción intelectual de una humanidad en tránsito hacia otra era. Es el caso de una celebración como el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor (23 de abril) que coincide, según la costumbre, con los homenajes mortuorios en recuerdo de Shakespeare, Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega. La fecha sacralizada, que pretende exaltar la importancia del libro en la evolución de una cultura, no excede los límites del remedo caricaturesco e irónico cuando el cono de sombra conmemorativo se apodera del Perú. Pese a las declaraciones tecnócraticas que elevan a los cuatro vientos la inserción del país en la modernidad y en la aldea global -vocablos igualmente desgastados por su abundante y poco inteligente uso-, el panorama del libro y de la lectura resulta, para estar en sintonía con los tiempos, apocalíptico.
Destaca, en primer lugar, la ausencia de una "Ley del Libro" concebida de acuerdo con postulados rigurosamente técnicos. Lo más cercano a ese ideal es el D.L.822 sobre Protección de Derechos de Autor, incoherente conjunto de artículos sin mayor asidero jurídico y redactado por personas que desconocen la complejísima trama de la actividad editorial. Como dice Germán Coronado (PEISA): "...la ley se coloca en una posición conflictiva: el autor actúa como cordero, mientras el editor desempeña el papel del león o del depredador". De no corregirse tan lúgubre rumbo, el resultado es previsible: colapso absoluto de una industria sin incentivos o justificadas concesiones tributarias; tirajes insignificantes; cierre de importantes sellos; precios elevadísimos que hacen del libro un bien suntuario, así como la lógica extinción de las librerías convencionales. Y, para agravar la situación, el triunfo de la nefasta piratería.
En segunda instancia, no somos un país de lectores. Las causas son múltiples, aunque el factor económico influye poderosamente. "En una economía de supervivencia, donde los jefes de familia deben diversificarse en múltiples tareas para cubrir necesidades básicas, no hay lugar para los libros", comenta Jaime Campodónico, prestigioso editor nacional. Padres que no fomentan la lectura a causa de su precariedad material, y profesores desactualizados -con sueldos miserables- que dictan clases a infantes desnutridos: tal es nuestra terrible, patética circunstancia.
Surgen alternativas como las librerías de alquiler-venta. El caso más reciente es "Minotauro", propuesta de un estudiante sanmarquino de literatura llamado Dante Trujillo. En pleno centro de Miraflores, intenta consolidar un espacio inusitado que satisfaga las carencias. Sin embargo, no queda a salvo el delicado tema de los derechos de autor, por cuanto la ley establece que sólo éste puede autorizar la explotación de su obra en modalidades que difieran de la compra-venta. Quedan, como último reducto, las ofertas de la Av. Grau o las de la Feria dominical del Museo de la Nación. Es obvio que dichas posibilidades no constituyen paliativos para la antigua enfermedad que nos aqueja.
No es, finalmente, el medio quien debe concentrar los homenajes. El concepto `libro', según Jaime Campodónico, es una limitación: "La lectura implica un horizonte amplísimo, omniabarcante: un vasto universo de vehículos y experiencias que propician el crecimiento del ser humano. Convengo en que sería más oportuno un "Día de la Lectura" que una jornada dedicada al libro...". Tanto Campodónico como Germán Coronado saben que un simple cambio de nomenclatura no disipará, de la noche a la mañana, esa bruma de ignorancia y desfase que se cierne sobre millones de compatriotas. Sólo un consenso entre la clase política y grupos de opinión involucrados será capaz de recuperar el sentido que la lectura alberga para fortalecer la libertad, tolerancia y convivencia civilizada. (José Güich Rodríguez).
La Joven Guardia
Extraordinaria agrupación juvenil difunde la lectura entre los niños más humildes del Perú.
Los niños del interior del país manifiestan sed de conocimiento.
DESDE 1993, el grupo juvenil "Escuela de la vereda" no ha cesado en sus trajines por difundir la lectura en los estratos más humildes de la población. Rompieron fuegos en el Parque Cánepa, donde organizaron una biblioteca para niños. Fueron tiempos de expectativa, que los muchachos usufructuaron para adquirir destreza en el trabajo con el exigente público infantil. Este aguardaba, ansioso, la llegada de sus desinteresados benefactores. Manuel Herrán Fuentes confiesa que en aquella época ofrecían los textos en simples cajas de cartón. Ante la gran acogida, surgió la idea del Bibliomóvil, un vehículo ingeniosamente diseñado para incentivar la pasión por los libros desde muy temprana edad. Gracias a un generoso donativo, pudo construirse un prototipo que, hasta la fecha, ha realizado incontables viajes por el Perú. Lamentablemente, el proyecto se truncó por falta de fondos. Sin resignarse, los integrantes del grupo se trasladaron a las más alejadas comunidades indígenas del país. Ahí, jóvenes como Franklin Cornejo, Luis Mario Casanova -de trece años- y el propio Manuel vivieron experiencias inolvidables junto a los pequeños comuneros y sus padres, a través del relato oral y la pintura. Hoy, buscan urgente auspicio para la "Casa de Nuestra América para Niños", plan piloto destinado a la construcción de pequeñas bibliotecas comunales. Cualquier contribución a esta cruzada será bien recibida. El teléfono es 4380834 o 4498983.
Culpables
La Galería de Arte Praxis ha inaugurado una exposición bipersonal de los artistas plásticos Sofía Belaunde Matossian y Carlos Bardales, titulada "La mujer es la culpable...y en hora buena-sin comentarios". Belaunde interpreta el tema del bien y del mal, indagando en la imagen de la mujer como origen de la culpa. Por su parte, Bardales presenta una propuesta más hermética denominada "Sin comentarios", que explora lúdicamente imágenes e iconografía medieval y de la Escuela Cuzqueña. La muestra permanecerá
abierta hasta el 9 de mayo en la Av San Martín 689, Barranco.
Cambios
De Espacio
El Museo de Arte de Lima cuenta con una
renovada Sala de Exposiciones Temporales.
Gonzalo Graña, coordinador de los trabajos de remodelación.
EL Museo de Arte de Lima se encuentra en la fase culminante de un proyecto de remodelacion. Se trata de la Sala de Exposiciones Temporales que, en pocos días, será abierta al público. Respecto al renovado espacio de exhibición, Gonzalo Graña, funcionario de esa importante entidad, resalta la altísima tecnología en el rubro de iluminación que presentará esta sala desde el 7 de mayo, así como el sistema de aire acondicionado que mantendrá el ambiente a una temperatura y humedad adecuadas. "Las muestras de origen extranjero son muy exigentes en este rubro. Con los cambios realizados, estaremos en condiciones de recibir sin inconvenientes cualquier colección de obras de arte". Graña evoca la figura del arquitecto español Carlos Baztán Lacasa, especialista de reconocido prestigio. Fue el responsable de sendas remodelaciones en los Museos de la Reina Sofía y del Prado, respectivamente. En gesto que lo pinta de cuerpo entero, el arquitecto ibérico no cobró honorarios por la valiosa asesoría que brindó a nuestra primera institución museológica. El aspecto financiero fue resuelto por un conjunto de bancos visiblemente preocupados por el apoyo a la cultura en cada una de sus manifestaciones.
Maestros Galos
En el marco de su nueva política cultural, la Embajada de Francia continúa su labor de cooperación en el campo teatral. Primero fue el distinguido profesor Laurent Gutmann, quien trabajó con 19 profesionales del teatro peruano. Ahora, el país recibe la visita de Françoise Thanas, traductora francesa especializada en teatro latinoamericano, y Michel Didym, prestigioso actor y director de teatro. Ambos han sostenido importantes encuentros con dramaturgos, actores, directores y público en general.
EL BISTURI
Micción Imposible
Cattone: el Borges de las Utilísimas.
"Los críticos son como los perros que mean a los árboles" dice Osvaldo Cattone en su didáctico segmento de "Utilísima" y achaca la cita a Borges, ese otro argentino brillante, dicharachero y todista como él, que fue amigo de Leopoldó Lugones y Bioy Casares como Osvaldo lo es de Susana Giménez y Amelia Bence. (A propósito, Susana, "gran amiga a quien he quedado en mandarle copia de mi secuencia para que me la comente", estará siempre presente en un retrato disimulado en la escenografía). Pues lanza el actor su consigna y a continuación recomienda a su público qué ver y qué no ver. "Titanic es una maravilla que no pueden perderse", "El mensajero es horrorosa, no la vean". Cattone no explica sus gustos o disgustos, no acompaña sus sentencias con comentarios de rigor. Esos morosos trámites corresponden a los críticos, cosa que él, ya nos lo refregó al comienzo, no es ni de a vainas.
La cóncava dureza de Cattone, o sea su caparazón, llega al extremo de también sentenciar con estrellitas del 0 al 5 en materia de teatro. El hombre del Teatro Marsano se da una vuelta por la competencia y, sumariamente porque el tiempo es mezquino en la Tv. y las críticas aburren, nos dice qué despreciar y qué correr a ver. Irritante espectáculo, en las mañanas televisivas, el de este aspaventoso caballero meando árboles imaginarios intentando así demostrar que la cultura es un derivado utilísimo de la frivolidad. (Américo Testino).
Carnívoros Sensibles
El oficialismo dividido por su nueva prioridad legistativa: ¿la fiesta brava es cultura? Exoneración tributaria en debate.
LOS toros siguen siendo cultura, a pesar de Jorge Trelles. La inteligencia en acción, inédita en el Congreso, se mantuvo ídem en un debate frente a un ventajista César Hildebrandt. Fue una olvidable faena en donde Trelles no pudo responder afortunadamente ni a citas de Marlon Brando, estupendo actor que de toros sabe tanto como de la Dieta Scardale.
Lo que sucede en un camal no puede equivalerse a lo que acontece en una plaza de toros, a menos que se tenga la tendencia a confundir licuadoras con helicópteros. Un matador de toros hace lo que su nombre denota -y aquí no hay eufemismos ni coartadas-, pero lo hace según una tradición, reglas y riesgo que permite la posibilidad de elevar su elemental profesión a registros más complejos que los de un matarife. Los ritos existen, los símbolos permanecen. Por eso esta tradición, anacrónica y en varios aspectos primitiva, ha sobrevivido a la modernidad y a sus carnívoros culposos. Lo lamento, no somos ángeles: reventamos el hígado de un pato y le llamamos paté.
Esta misma ley exoneró de impuestos un concierto fenicio de Phil Collins, e inclusive el mamita apretadita de El General. Resulta irónico que recaiga en los coyunturales y mayormente pintorescos padres de la patria el decidir qué es cultura o no, y que lo hagan empezando por la fiesta brava, según -previsiblemente- los trajinados lamentos de la crueldad animal. Cuidado que a Leonor La Rosa le duele cuando se ríe. La ecología será lo más cercano a una ideología que este fin de siglo les ha dejado, pero si en verdad quieren detener el brutal genocidio del ganado vacuno que nos desmerece como especie, pues para empezar dejen los bifes y Volvos con asientos de cuero para siempre. A esos los matan peor, de combazos en la cabeza. ¿Podrá vivir doña Carmen Losada sin la sazón de su piqueo Parrillero Norky´s para dos? Consecuencia, se le llama. (Diego de la Vega).