Pan, Empleo y Fantasía


Pan, Empleo y Fantasía
El desempleo sigue siendo el permanente dolor de cabeza de la política general del gobierno.

Escribe RAFAEL HIDALGO

NO queda duda que el empleo es la cenicienta del programa económico. Mientras que el país ha crecido en un asombroso 42.3% (1993-98) la situación laboral ha ido de mal en peor. El desempleo ha subido de 5.9 % en 1991 a 9.1% en 1997 (Panorama Laboral '97 OIT).

Ministro Gonzales Izquierdo: la pelota del desempleo está en su cancha..

Colocados en el umbral del milenio, a escasos 617 días para ingresar al siglo XXI, el ministro de Trabajo Jorge González Izquierdo persiste en su intención de hacernos soñar con aquel "mundo mágico", al señalar que el subempleo es de 41.8 % (setiembre de 1997), cifra significativamente menor al 75% (1995).
No obstante esta caída en el subempleo es otro de los milagros del maquillaje estadístico y esta vez, por cierto, no le correspondió tal pirueta numérica al ministro de Economía, Jorge Camet, quien nos tiene acostumbrados a los espectaculares crecimientos de su PBI bamba, (medido a precios de 1979).
A fines de 1995 el gobierno decidió cambiar la metodología para calcular el subempleo y varió el tope de US$ 420 (que resultaba de modificar el salario mínimo de enero de 1967) a US$ 180, con base en una canasta de subsistencia preparada por el INEI.
Cierto que US$ 420 era un tope muy alto que colocaba a toda la administración pública en la condición de subempleado. Pero esa disparada se debía a la antigüedad del año base, ya que todas las series estadísticas se distorsionaron por la hiperinflación 1988-90. Empero, llama la atención esta doble lógica del gobierno que se apura en modificar este parámetro y no muestra mayor interés ni se apura en actualizar el PBI a precios de 1994.
Manejar las cifras a su libre albedrío permite al ministro de Trabajo González Izquierdo colocarnos en una realidad virtual, al señalar que el desempleo es de 7.7% . Aparentemente una mejor situación que el 12% de Francia o el 24% de España.
Sin embargo, el investigador Jorge Bernedo, de Análisis Laboral, nos vuelve a poner los pies sobre la tierra al precisar que existen hasta tres categorías de desempleo: el que tiene protección social (países desarrollados con su seguro de desempleo), el que cuenta con un colchón informal (cómo sucedía en el Perú en los ochenta) y el desempleo sin colchón informal, que es el peor de todos. No hay que ser un experto para constatar que Lima ha saturado su informalidad con sus 400 mil ambulantes.
El número de desempleados en la gran Lima actualmente bordea los 263,000 (Encuesta Nacional de Hogares-Convenio MTPS), es decir, lo suficiente para llenar hasta seis veces el Estadio Nacional. Lo dramático del caso es que la fuerza de trabajo, según el Departamento de Estudios del Sector Social del BCR, crece anualmente en alrededor de 300 mil personas. (Revista Moneda No. 107).

El salario mínimo peruano permite comprar apenas 3 K. de pan al día, el más bajo de América del Sur. Quien sueña con el auto propio tendría que trabajar casi dos años, ahorrando cada penique.

SALARIO DE COBRE

En 1995, la OIT comparó el salario mínimo peruano con otros diez países de América Latina tomando como base su capacidad para comprar pan y salimos en la cola. Mientras la remuneración de un trabajador panameño permitía comprar más de 15 kilos de pan al día, el ingreso del peruano sólo alcanzaba para comprar 3 kilogramos (ver cuadro). Si bien es cierto que el salario mínimo luego se incrementó, no sucedió lo mismo con el salario real promedio, que en realidad es el que cuenta, ya que desde esa fecha ha caído en un 11 % (Nota Semanal No. 8 del BCR).
Esta reducción biafrana de los ingresos de los trabajadores y de los puestos de trabajo ha permitido que la productividad crezca en el período 1990-96 en un promedio anual de 2.2%. En 1997 el incremento ha sido 4.2% (OIT),
Por otro lado, esta arremetida antilaboral no tiene contrapeso porque el sindicalismo anda de capa caída.
Es más, para felicidad del ministro González Izquierdo, las centrales sindicales han florecido como rosas en el pantano. Ahora existen 9 centrales. No hay interlocutor válido. Hasta los años setenta había una gran central sindical, la CTP y luego el gobierno militar autorizó a la CGTP y más tarde fueron cuatro: (CTP, CGTP, CTRP y CNT). Pero hoy la proliferación ha caricaturizado el movimiento sindical. Pruebas al canto.
Mientras que en 1986 se negociaron más de 2,500 pliegos sindicales y ahora a duras penas se puede hablar de 560. El número de las huelgas es otro indicador, de 300 huelgas anuales en 1980 se ha pasado a 60 en 1997.

LA TORTA ES DE CARTON

Quienes rugen en democracia ronronean con los gobiernos autoritarios.
Por cierto, no se podría esperar otra cosa que las remuneraciones caminen como el cangrejo en la distribución de la Renta Nacional. Si entre 1970-72 las remuneraciones equivalían a tres veces las utilidades de las empresas, para 1993 esta situación se había revertido y los salarios sólo representaban un tercio de las utilidades.
¿Cómo es en 1998 la distribución del ingreso? Nadie sabe. Peor aún, ninguna institución del gobierno está en capacidad de responder. El propio INEI, por razones que se desconocen, en el último censo de población de 1993 omitió, adrede, la pregunta sobre los ingresos de los hogares. ¿Por qué don Félix Murillo se olvidó de esta interrogante clave?
Don Germán Suárez, presidente del BCR, tampoco se quedó atrás en esta campaña desinformativa. La Tabla No. 40, que año tras año realizaba una aproximación de la distribución de la Renta Nacional en la Memoria Anual del instituto emisor, sólo fue publicada hasta 1994.
Al paso que vamos, el estudio de Distribución del Ingreso, realizado en 1967 por Richard Webb y Adolfo Figueroa, se va convirtiendo en un documento histórico e irrepetible.
En plena revolución mundial de las computadoras y del procesamiento de datos, las autoridades se resisten a iluminar a aquella inmensa economía informal del país. El que vive de cachuelos, de preparar y vender un plato de sopa, de lavar un auto, de alquilar un libro, o de tejer una chompita, es decir, la mayoría de los peruanos, sigue sin aparecer en las estadísticas oficiales.