
Los Idus De Mayo
A 30 años de la revolución que paralizó París, dos generaciones redescubren su significado.
Mayo del '68 es más que un recuerdo en estos tiempos sin utopías. La revuelta juvenil que tuvo su génesis en la universidad de Nanterre y que luego -con el apoyo del movimiento obrero- hizo tambalear al gobierno francés, pretendía derribar lo establecido. El sueño, sin embargo, fue breve. Algunos peruanos vivieron en París el furor de aquellos días. Otros sintieron desde aquí el remezón. Treinta años después dan su testimonio. Y sus hijos, los jóvenes de hoy, sacan sus propias conclusiones.
Tumultuosa manifestación de universitarios parisinos. El 13 de mayo se suman a la revuelta los sindicatos obreros y provocan una huelga general de 24 horas. La Plaza de la Revolución congregó entonces a un millón de manifestantes. El 30, todo había terminado.
Tiempo para uno mismo. Santiago y Claudia Pedraglio. Derecha, Javier y Pancho Diez Canseco. Marcada pero afectuosa distancia entre padre e hijo.
Pancho Diez Canseco tiene 23 años y estudia sicología. Lo que ha hecho y hace su padre le bacila. Sólo que él no lo haría. Así de simple. "Las formas de expresión han variado y si algo nos fastidia lo canalizamos de otra manera. A través del arte o de nuestra propia profesión", dice. "Creo que nuestros padres engendraron un montón de sueños bacanes y luego se los comieron, no nos dejaron nada".
"Lo que pasa -interrumpe JDC- es que nosotros vivimos un período de ascenso y ellos están viviendo uno de derrota. Se ha destrozado el ideal de la solidaridad, equidad e igualdad. La izquierda y las más viejas ideologías modernas están en crisis. Los jóvenes de ahora son apáticos, descontentos pasivos. Pero tienen sus propias preguntas y piden cuentas. Al fin y al cabo cada generación tiene sus responsabilidades frente al país que construyó o destruyó".
"Nunca se me ha pasado por la cabeza militar en algún partido político. Los partidos están fritos. Lo que no quiere decir que los jóvenes seamos unos huevas. Somos capaces, cuando las circunstancias lo requieren, de aglomerarnos en torno a un objetivo común", sostiene Pancho.
El cine y la sociología llevaron a Santiago Pedraglio a París. Llegó justo en los días previos a mayo del '68. Tenía 22 años y en Lima había sido secretario general de la FEPUC. En Francia era sólo un espectador impresionado. "Se trataba de cuestionar radicalmente la autoridad del típico patrón. El afán de identidad de los jóvenes frente a los viejos saltaba a la vista. Ellos querían quebrar el guión ya anunciado. Exigían un rostro propio", dice.
Para Pedraglio, lo resaltante fue la capacidad del movimiento laboral de negociar, de imponer cosas. Como que consiguieron reivindicaciones democráticas importantes. "Y en la universidad, el cuestionamiento permanente se convirtió en un deporte". Finalmente, los que mejor capitalizaron la revolución fueron los comunistas y socialistas.
No obstante, todo se ordenó de manera diferente. "Se luchó contra un tipo de desarrollo del capitalismo para que al final triunfe el liberalismo".
Claudia Pedraglio, 22, estudiante de sicología, considera que "la onda de mayo del '68 así como el movimiento hippie" son parte de su historia. Aunque no haya sido ella la protagonista. Y el rollo social le pone la carne de gallina pero no es lo suyo. "Creo que lo que nos ha quedado de todo eso es la libertad para enfrentarnos a la autoridad. Para discutir, para que se respeten nuestras ideas".
A ella, más bien, nunca le gustó que su padre estuviera involucrado en la política. "Me parecía monstruo lo que hacía para los otros, me enorgullecía pero a la vez me preocupaba él. Que hiciera bilis, que lo mojara el rochabús, que de repente hasta lo mataran".
Fue cuando Claudia ingresó a la universidad que se dio cuenta que los tiempos habían cambiado. El centro federado que tanto entusiasmó a su padre se ocupaba de organizar eventos culturales y punto. "Eso me parece normal. Y es que es más importante estudiar mucho y ser buena en lo que uno ha elegido que lanzarse a protestas inútiles. Así colaboramos con la sociedad. Nosotros hemos crecido con la violencia y el poder divertirnos sin miedo se ha convertido en algo primordial".
"Los jóvenes -añade por su parte Santiago- son hoy más libres en términos de sus opciones. Estudian más de lo que nosotros lo hacíamos porque la presión de la competencia es fuertísima. Pienso que tienen dificultades para articular sus quejas y demandas. Quizá se preocupan demasiado por ellos pero están obligados a hacerlo. Los viejos estamos en lo mismo. Los chicos alzan los hombros con mayor frecuencia, son definitivamente más tolerantes y no esgrimen la verdad en la mano. Es probable que con los años encuentren una representación política propia. Que creen sus propios líderes".
"Se transmiten los valores no las ideas", dice Enrique Beltrán. Su hijo Kike está de acuerdo.
"¡Cuchillo, cuchara, que viva el Che Guevara!", gritaba Kike Beltrán cuando era pequeño y participaba con sus padres en las marchas callejeras. Ahora tiene 25 años, es economista y trabaja en un banco. "Me encantaba lo que veía, disfrutaba sobre todo de la solidaridad. Todos eran recontraunidos". Eso se acabó. Ya no le interesa para nada.
"La meta que tengo a corto plazo es la de ganar plata. Me parece más efectivo. Para muchos jóvenes el futuro económico es fundamental. Después nos pondremos otras metas. Tal vez si hubiera ido a una universidad nacional pensaría diferente.", asegura.
Su padre, Enrique Beltrán fue uno de los peruanos que estuvo en París en 1968. También acababa de llegar para hacer un posgrado en ciencias sociales. El se sintió tocado por el mito de la imaginación. Por el culto a lo creativo. Por lo posible que es derribar barreras. "Aunque solamente me dediqué a observar pasivamente, mayo del '68 me enseñó a no tenerle miedo al vacío social, económico o político. Además, a apreciar la libertad y a mirar con amplitud las relaciones mujer-hombre".
"A mi hijo -añade- le abrí todos los escenarios posibles para que él eligiera su camino. El está encuadrado dentro de lo que es el perfil de un economista. Hace bien lo que tiene que hacer y eso es coherente. Los jovenes tienen otra manera de conceptualizar lo que nosotros a nuestra manera hicimos. Y es un criterio abusivo ese que les achaca no tener expectativas".
Dany Cohn-Bendit envejeció. Devino en librero y hasta actuó en el cine. Pero mayo del '68 marcó a toda una generación. Abolió por lo menos el conflicto entre padres e hijos. Y "Prohibido prohibir", uno de los famosos eslogans que se pintó hasta el cansancio en los muros parisinos tiene, sin duda, vigencia entre la juventud de fin de siglo.