
Mónica Chang pretendiendo hablar más claro que las otras.
Se exige un juego intenso -lleno de sospechas y falsos ecos, reverberaciones y reflejos- entre la ficción y la realidad traída a colación. El panelista cuenta una historia que se sabe real aunque adornada hasta cierto punto ¿Cuán bambeada? Tal vez más de lo conveniente en el show nacional promedio urdido por conductores aún bisoños en la materia e investigadores mal pagados pero armados de un repertorio de tretas para tener de la noche a la mañana dramas telegénicos (incluyendo un generalizado -aunque hipócritamente negado- pago por hablar de aproximadamente 50 dólares por cabeza). Se exige también -y me pongo en el pellejo de un zapo impresionable- que comprenda (con alivio) que mis vicios privados no están comprometidos en los públicos defectos de quienes se atrevieron a hablar, mientras descubro (con estupor) que he disparado un set de proyecciones y contraidentificaciones que me puede llevar fácilmente al llanto y al ataque de ira. Me alío con el auditorio para pelearme con un panelista y me solidarizo con otro para cuestionar al animador. El caos y la controversia son su divisa. ¿Qué ingenuo creyó en propósitos didácticos y en afanes de profilaxia social?
Al cabo de algunas tandas estoy saturado de la realidad-ficción de los demás. Es hora de volver a la ficción-realidad de mi privacidad, para lo que me apoyo en programas más ajenos y ligeros. Cortesía de conductores azuzadores (Mónica Chang, Laura Bozzo), chongueros (Jaime Lértora), entre afables y asépticos (Mónica Zevallos, Maritere), periodistas moderadas (Maritza Espinoza); esta salvaje baba nuestra saliva discusiones importantes (¿cuán segmentados estamos, cuán racistas somos, cuán hipócritas, cínicos y prácticos?) y por eso bueno sería que los canales pulan sus afanes en palabreros.

¿Quién manda en casa de Maritza?
Maritza Espinoza, conductora de "Pecado original".
Tulio y Los Chavos
Del 4
Tulio
Loza
contra América.
Hasta que el Canal 4 aireó lo que tanto criticó a la competencia: un reportaje donde chismeó, chuponeó y propaló declaraciones privadas magullando a terceros. El espacio elegido no fue el aséptico bloque "Farándula" del noticiero "Primera plana" sino la mismísima "Revista dominical". El motivo, golpear a Tulio Loza, querellante contra América Tv. por 5 millones de dólares desde su despido unas semanas atrás. Los argumentos aludidos aquella vez -del lado del canal, la galopante vulgaridad de Tulio Loza advertida en varios memos de gerencia; del lado del cómico, la censura política- ya los comentamos en toda su insoportable relatividad. En el canal de Susy Díaz la condena a Tulio era un capricho contra un cómico cuyos gags, antes que despertar las iras de algún poderoso, se agotaban en el unívoco sentido de plátanos, tetas y huevos. Pero ahora estamos frente a nuevas vulgaridades de las que Tulio, acusado de inducir a un trabajador de América (un tal César Hurtado) a fraguar un documento útil a su causa, acaba siendo una víctima. No sabemos cuán grave será la leguleyada que Loza pretendía pero eso no nos escandaliza tanto como oír ilícitamente conversaciones privadas que ni siquiera son de interés político (insultando, gratuitamente, a Hildebrandt, Gisela y Genaro Delgado Parker). Al poder judicial le corresponde dictar medidas cautelares para que las partes en contienda no mortifiquen al público con sus trapos sucios. Que el asunto quede en lío de Camotillos y Tinterillos.