Culturales




Reglas del Juego
Proyecto de ley desencadena justificada polémica a propósito de un patrimonio histórico que pertenece a todos los peruanos.

Centro Ceremonial El Brujo, que se constituye en modelo de cuál debe ser la participación privada en la conservación de restos arqueológicos. Derecha, congresista Marfa Ofelia Cerro, defensora de la intangibilidad.

LA sombra de un erróneo criterio privatizador se desplaza hoy sobre el ingente patrimonio cultural e histórico del Perú. De prosperar cierta iniciativa parlamentaria, extensos restos arqueológicos ingresarían, absurdamente, al ámbito tutelar y administrativo del sector privado, merced a generosas concesiones que sólo benefician a poderosos inversionistas y operadores del ámbito turístico.
La historia comienza con la propuesta de la Comisión de Turismo del Congreso de la República, orientada a una "Ley Marco para el Desarrollo de la Actividad Turística". Según la congresista María Ofelia Cerro, de Unión por el Perú, el proyecto mencionado presenta una serie de alarmantes vacíos y defectos, entre los que cabe mencionar la ausencia de normas acerca de una autoridad administrativa que defina la política turística general; la promoción de la imagen del Perú como destino turístico; la seguridad integral del turista; la actividad cultural en todas sus manifestaciones y la calidad total del servicio. Sin embargo, lo que agudiza las preocupaciones de la congresista y de todo ciudadano comprometido con la preservación de los monumentos es que ese proyecto implica un grave peligro para la herencia de una nación como la nuestra, que hunde sus raíces ancestrales en civilizaciones y culturas milenarias.
El argumento esgrimido por los legisladores de la mayoría es insostenible, ya que no ofrece ningún asidero fundado en precedentes objetivos. Basta mencionar la inexistencia de impedimentos o de obstáculos legales que dificulten el concurso del empresariado en labores de conservación -e investigación- cuyos beneficiarios inmediatos sean los restos arqueológicos distribuidos por todo el territorio nacional. Por el contrario, entidades como la Fundación Wiese participan activamente en el rescate de El Brujo, un antiguo centro ceremonial localizado en La Libertad. El 10 de enero de 1996, Wiese suscribió un convenio con el Instituto Nacional de Cultura y la Universidad Nacional de Trujillo. Desde el principio, las partes involucradas delimitaron sus funciones: la Fundación financiaría las investigaciones y el INC aportaría la dirección técnica en conservación; por su parte, la Universidad pondría a disposición del convenio sus laboratorios, en el caso de que se requiriesen análisis específicos. Además, los estudiantes de los últimos años de arqueología podrían efectuar prácticas profesionales en esa locación.
El proyecto posee tres codirectores, que representan a las entidades participantes. Las decisiones no son unilaterales: cada miembro de este "triunvirato" cuenta con idénticas prerrogativas en el manejo del centro ceremonial. Todos los programas de investigación cuentan con la autorización del INC, que a su vez solicita el parecer de la Comisión Nacional de Arqueología. Si bien es cierto que la Fundación Wiese auspicia las tareas de investigación, no tiene poder de decisión sobre aspectos exclusivamente técnicos. Lo expuesto corrobora que la empresa privada, dentro de límites razonables, tiene la posibilidad de apoyar investigaciones y proteger valiosas huellas del pasado. Ello, naturalmente, dista mucho de entregar el acervo de todos los peruanos -y del mundo- a concesionarios con un norte claramente definido: el lucro.
Otro ejemplo ilustrativo es el Proyecto Huaca de la Luna, que se ejecuta a través de acuerdos suscritos entre la Universidad Nacional de Trujillo y empresas como Pilsen e Hidrandina. Las reglas de juego son precisas y, posiblemente, más severas que en El Brujo, sobre todo en materia de fiscalización. Sintomáticamente, los dos centros religiosos parecen ocupar el primer plano en los arrebatos privatizadores de la mayoría.
La congresista Cerro ha elaborado un proyecto sustitutorio que intenta remediar las imperfecciones del primero. Su horizonte esencial es dinamizar la lucha contra la pobreza a partir de los ingresos generados por el turismo y, al mismo tiempo, garantizar la intangibilidad de los testimonios que las viejas culturas legaran a la posteridad. Tarea ardua que es responsabilidad de la sociedad civil en pleno (José Güich Rodríguez).


Ciudad Perdida
Arquitecto cusqueño publica un valioso aporte al estudio del Trujillo histórico.

Luis Ernesto Marmanillo, destacado investigador.

HACE diez años, Luis Ernesto Marmanillo -arquitecto y restaurador nacido en el Cusco, con maestrías en Italia, Cuba y Brasil- arribó a la ciudad de Trujillo, en el norte del Perú. Casi sin percatarse, quedó profundamente impresionado por el Centro Histórico de esa ciudad, en el que sobrevivían a duras penas testimonios arquitectónicos sumamente valiosos. Acicateado por su deseo de contribuir al mejor conocimiento del pasado y de nuestra identidad, emprendió una cuidadosa investigación que se prolongó cinco años. Alternó esta actividad con la cátedra en la Universidad Privada Antenor Orrego, donde es profesor principal en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Fruto de estos denodados esfuerzos es "Trujillo monumental: una revisión del Centro Histórico", volumen de llamativo formato cuya publicación fue solventada por esa casa de estudios. Marmanillo y su equipo de colaboradores han consignado una vasta información respecto al estado que hoy presentan los diversos inmuebles. Un estudio preliminar acucioso complementa las numerosas fotografías y planos que ilustran el texto. Trujillo aún espera la reivindicación de su patrimonio monumental. Este libro es el primer eslabón de la cadena.


Los Dioses del Diseño
El Centro Cultural de España presenta una singular muestra de arte gráfico contemporáneo.

Un afiche de Alberto Corazón. Derecha: Personajes de Javier Mariscal.

EL Centro Cultural de España ha inaugurado la Exposición "Diseño Gráfico Español" que describe con eficacia el panorama de una especialidad reconocida por sus innegables logros. Durante la década de 1980, el diseño experimentó un fuerte desarrollo que transmitió al orbe una imagen de modernidad. Luego, en los años '90, el arte gráfico peninsular consolidó un altísimo nivel, que situó a España entre los países líderes en creatividad visual. La muestra reúne a cuatro grandes maestros quienes, desde estéticas muy diferentes, articulan un valioso conjunto de opciones sumamente representativas del contexto actual. Alberto Corazón encarna el grafismo pasional y rotundo. Es un auténtico pionero del diseño y uno de los introductores del concepto de imagen corporativa. Pepe Cruz Novillo ha sabido crear un universo propio desde una perspectiva geométrica y sobria. Javier Mariscal es un auténtico monstruo creativo cuyos trabajos se caracterizan por una desbordante imaginación. Completa el cuarteto Peret, verdadero camaleón, ya que es capaz de trabajar en cualquier estilo hasta superarlo largamente. La exposición puede visitarse en el Centro Cultural de España, Natalio Sánchez 181-185, Santa Beatriz. Ingreso libre.


Cuadernos de Saramago
El gran escritor portugués recorre, con lucidez y poesía, el territorio de sus grandes motivaciones vitales.

EN estos tiempos que nada puede tomarse a ciencia cierta, la palabra "sabiduría" a más de uno puede generarle desconfianza. Pero en el caso del escritor portugués José Saramago, la sabiduría no significa clarividencia, sino una sencilla convicción en ciertas certezas que nos alejan de la estupidez. En 1993, Saramago, recién mudado a la isla española de Lanzarote al verse obligado a abandonar Portugal tras la publicación de su libro "El evangelio según Jesucristo", empezó a registrar por escrito cosas que le iban sucediendo. Como él dice, "trató de contar los días con los dedos y encontró la mano llena". A sus 74 años el escritor portugués José Saramago tiene un humor envidiable, mucha salud, una gran vitalidad y una tremenda rabia contra los torpes responsables de las patinadas del mundo. Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) (Alfaguara), no es un libro de memorias, ni siquiera un conjunto fragmentario de reflexiones, es el día tras día del escritor, la explicación de sus opiniones y de su relación con el tiempo.
La idea de escribir este libro surgió en enero de 1993 cuando sus cuñados le regalan un cuaderno de papel reciclado para que escribiera sobre sus días en la isla canaria. Y así lo hizo desde el 15 de abril de ese año hasta el 31 de diciembre de 1995. Con esta anécdota, Saramago ha creado una circular comunicación en sus cuadernos, y se puede decir que hasta una obra colectiva. Muchas voces, todas ellas refrendadas a la luz de su experiencia.
Una narrativa sencilla, contenida para registrar estos años críticos en España, las elecciones francesas, el socialismo, las muchas cartas que recibe de sus lectores, las invitaciones a premios, viajes y conversatorios que él acepta o niega, e incluso, los perros que poco a poco van llenando su casa atraídos por el aroma del cariño de un viejo escritor que entre animales vuelve a ser un niño. Los peruanos, además, podemos leer a Saramago no sin cierta complicidad. Desde sus críticas a posturas teóricas de Vargas Llosa o Bryce Echenique, hasta los desatinos del presidente Fujimori y su corte. La mentada Sabiduría de Saramago cautiva por su afecto con el lector. Un viejo escritor que desde una isla, quiere decir lo que está pasando con él, en estos años que lleva lejos de su tierra. Un nuevo Robinson Crusoe, sin un Viernes que lo sirva, pero sí con un teléfono siempre sonando. (Enrique Planas).