Mentes y Minis


Mentes y Minis
Las "manuelas" cumplen veinte años y afrontan el reto del nuevo milenio: el postfeminismo.

Susana Galdos, fundadora de Manuela Ramos, "manuelo" José Bautista del área de cómputo y cuantioso personal de profesionales .

FEA o hermosa la mujer no es una cosa, gritaban las manuelas veinte años atrás por calles y plazas. Por esos días la palabra feminismo, francamente, causaba pánico. Especialmente entre los hombres. Más aún cuando la bulla la ocasionaba la inminente realización de un concurso de aspirantes a miss Perú.
Pero el tiempo ha transcurrido y el prejuicio por el feminismo ha sido largamente superado por la realidad. Aunque los certámenes de belleza se hayan multiplicado. Y es que la lucha por la equidad de géneros, según las manuelas, es mucho más profunda que lo que acontece en una rutilante pasarela de mujeres bellas.
Y ahí está Alejandro Bardales para ratificarlas. Alejandro trabaja en el área de evaluación de reprosalud del movimiento Manuela Ramos, proyecto que se relaciona con los problemas de salud reproductiva que afectan a las mujeres de zonas periurbanas y rurales. El dice que comparte totalmente la "legítima preocupación de las feministas por encontrar la equidad de géneros". "La mujer -afirma- sigue siendo discriminada".

Victoria Villanueva, coordinadora general y fundadora del movimiento, asegura que las manuelas han contratado a varones porque "necesitaban personas capacitadas para cubrir ciertas áreas y las mujeres todavía no destacan en carreras como las de economía, administración o informática".
Sin embargo, ¿qué se puede decir del significativo número de féminas que sobresalen exitosamente tanto en el ámbito público y privado y que además no dudan en exhibir los encantos propios de su género?. "Nosotras no estamos en contra de la realización personal de cada una -sostiene Victoria- lo que pasa es que no planteamos una reivindicación individual sino global. El feminismo es un movimiento político que busca la igualdad de oportunidades para todas las mujeres. Y hablaremos de postfeminismo cuando nuestra propuesta pueda tener una incidencia a nivel macro".
"En política, por ejemplo, -sostiene por su parte Susana Galdos, otra de las fundadoras- las mujeres son más vulnerables que los varones. Son más criticadas por los medios de comunicación que se ocupan primordialmente de su vida personal mientras que el resto de personas creen que han llegado a ocupar un cargo político porque tiene vínculos y eso, sinceramente, da mucha rabia".
"Nos alegramos no obstante -añade Victoria- que mujeres triunfen y ocupen un espacio valioso en la sociedad".
Casada y con tres hijos, Victoria Villanueva es una de las tres fundadoras de Manuela Ramos que sigue al pie del cañón. Hace dos décadas ella conformaba el comité central de Vanguardia Revolucionaria. Había estudiado sociología y fue precisamente en el interior del partido que percibió que la problemática de la mujer era ignorada.

Símbolo del postfeminismo. "El triunfo individual no significa que las cosas hayan cambiado".

Entonces, ella y otras correligionarias como Susana Galdos y Alicia Villanueva comenzaron a reunirse en lo que llamaban "el café de los martes". Encuentros casi secretos en los que conversaban sobre sus propias historias y expectativas. Después, se trasladaron hasta los pueblos jóvenes para confrontar con las mujeres migrantes sus experiencias. Dejaron entonces la militancia partidaria para asumirse feministas. Así nació Manuela Ramos, un movimiento que sin duda ha alcanzado importantes logros en temas como violencia, salud, sexualidad y educación.
Solamente en salud reproductiva y en los últimos dos años, las manuelas han capacitado a más de ocho mil mujeres y cerca de dos mil varones de las zonas rurales del Perú a través de sus 55 organizaciones comunitarias de base distribuidas en distritos y poblados de Huaraz, Huancavelica, Ayacucho, San Martín, La Libertad, Puno, Ucayali y Lima. Esta labor es encomiable considerando las escalofriantes cifras arrojadas por la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES '96): "La mortalidad materna en el país es de 247 defunciones por cada cien mil nacidos vivos". Una de las tasas más altas en América Latina.
"Las mujeres no se sienten sujetos de derecho y por lo tanto no exigen una atención de calidad en salud ni en educación. Están en desventaja permanente", puntualiza Victoria Villanueva.
Es indudable que las manuelas han ido derribando mitos a lo largo de estas dos décadas. Son feministas, es cierto, pero también expertas en salud y derechos humanos. Han incorporado hombres a su militancia. Y su búsqueda es, finalmente, la de todos. (Teresina Muñoz-Nájar)