Montesinos Crimen y Fastidio


Montesinos Crimen y Fastidio
En realidad, el candidato ideal.

Dos de las caras de Vladu: los pañuelos y sobre todo McCaffrey lo denunciaron.

Si hubo trucaje en la presentación del video que daba cuenta de una sesión especial para recibir a nivel ministerial al Zar Antidrogas de los Estados Unidos, general Barry McCaffrey, ése es un asunto menor para el gobierno de Alberto Fujimori. Si esto molestó al dirigente norteamericano peor para él. El Perú es soberano, aun para sus propios bochornos. Lo que queda en pie es la importancia por sobre toda medida de Vladimiro Montesinos, el hombre más importante de la jerarquía fujimorista. Tal resguardo a su nombre y sus funciones, explica el por qué se le pueden atribuir atrocidades, venganzas, complots de enloquecida índole. A nombre de las acciones psicosociales, se le atribuyen desaforadas virtudes. ¿Por qué no pensar que desencadena tareas que conmueven a la población y la pliegan a causas punitivas como el combate del crimen por sobre la función policial, municipal y ciudadana? Es el máximo luchador en favor de la defensa nacional. Es natural que surja también la idea qu e debería ser, sin intermediario alguno, el próximo mandatario del país, el salvador, el unigénito.

A pesar del escándalo, ahora la Dinincri, es el nuevo reino para el Asesor. Ha logrado ya sembrar el edificio de agentes propios.

CUANDO uno quiere que se cumpla un deseo anuda un pañuelo e invoca a San Benito de Palermo, Patrón de los Imposibles.
El "responsable de los servicios de inteligencia" Vladimiro Montesinos apela también a los pañuelos, pero no los amarra sino que los duplica y, a veces, mira de reojo a Nicolás de Bari, patrón de los impasibles.
Esta broma que corretea en los cuarteles a propósito de un asunto muy serio da la medida de la familiaridad con que los peruanos abordan el caso del asesor presidencial que, quiérase o no, como ha dicho el presidente Alberto Fujimori, es motivo de murmullos porque aparece o porque no lo hace.
El caso es verdaderamente antológico.
Algunos empiezan a temer que el símil de Rasputín -condenado por los tribunales- que CARETAS acuñó hace un tiempo era clarividente. Pues sólo poderes hipnóticos o hemofílicos desconocidos por el común de los mortales podrían explicar que todo un gobierno -con mandatarios,ministros, congresistas, funcionarios, ayayeros y hueleguisos- se ponga a defender a este hombre ante el menor ataque.

Impaciencia de Barry McCaffrey y del embajador Dennis Jett ante perorata del colado Montesinos. Derecha: gélido saludo del general y untuosas maneras del Asesor.

Vladimiro Montesinos, el intocable.
Había ya ocurrido en el pasado con ocasión del descubrimiento que el asesor ad honorem tenía ingresos espléndidos al par que ocupaba un lugar de honor en la jerarquía privilegiada del régimen.
A nadie del gobierno se le pasó por la cabeza que es injustificable que una situación semejante se plantee en una administración pública, sin que suscite la convicción de que se está frente a un tráfico de influencias mondo y lirondo.
Pero en estos lares, esto constituyó una afrenta y un riesgo. Razones de Estado y de seguridad aconsejaban que no se investigara nada.
En la discusión, las flores a esta ilustre personalidad proliferaron. Oda al Asesor. Lo demás es silencio.
El incidente con el Zar Antidrogas Barry McCaffrey adquiere caracteres mayores porque se trata de un personaje de prosapia irlandesa de primer orden en la política norteamericana, oficial de alto rango, muy cercano a la Casa Blanca, con un largo historial militar y cívico.
Las reacciones oficiales aquí han sido, sin embargo, igualmente asombrosas.Hasta el propio presidente Alberto Fujimori lo ha reducido a un choque de dos personas. "No se ha pronunciado el gobierno de los Estados Unidos, es un asunto de opiniones personales", ha dicho Fujimori en Chiclayo el día martes, rompiendo el silencio de una semana en la que, por lo demás, hizo malabares para que el foco de atención se dirigiera al asunto con el Ecuador.
El Presidente no contento con eso ha dirigido sus baterías a los propios Estados Unidos y a los organismos defensores de derechos humanos. "Lo que digan en los Estados Unidos nos tiene sin cuidado", ha sentenciado, recordando no ya una gesta libertaria a lo Fidel Castro sino una rabieta que, para estar con los tiempos, podría suscribir también el acosado presidente indonesio Suharto.
Ha desafiado a la prensa, apoyándose en los que cubren sus actividades habituales, para que señalen un caso de violación de derechos humanos en el que esté involucrado el Asesor. "¿Díganme alguno?... No lo hay", ha sentenciado un mandatario también ofendido.

Presidente Alberto Fujimori, en un martes chiclayano.

Los altos méritos de Montesinos lo colocan ahora en la cúspide de la lucha contra el crimen. Y para que no se diga que está ensoberbecido, apareció el 19 de mayo llegando al edificio de la División Nacional de Investigación Criminal (Dinincri) en una camioneta sin lunas polarizadas, deportivo, sonriente, esclarecido. El hijo de las sombras reconocía el día.
Todo indica que sentará plaza allí, con su espectacular corte de agentes por pisos,pasadizos,ascensores.
En estas dos semanas, en medio del incidente con McCaffrey, el asesor Vladimiro Montesinos ocupa las primeras planas y recibe los mayores elogios que jamás haya recibido un funcionario de "segundo o tercer orden", al decir del presidente del Congreso Carlos Torres.
Supongamos por un momento que todo esto no es una pesadilla. Que, en efecto, el Asesor es un ser excepcional, capaz de diseñar políticas para derrotar al terrorismo, cambiar leyes, modificar sistemas, combatir males y regenerar escenarios, pasando por derrotar golpistas, amansar timoratos y chuponear indiscretos.
¿Para qué tanto lío con la reelección? El candidato ideal es el propio Vladimiro. El hombre que el Perú necesita. Hasta podría tener un movimiento y una sigla definitoria: MEA. Montesinos en Acción. El propio Alberto Fujimori resulta un pálido Presidente ante este hombre predestinado que nos garantiza un futuro magnífico. Su símbolo: escarapela.