Voz y Figura...


Voz y Figura...
15 de mayo de 1998, día aciago para los fans de Sinatra.

La Voz siguió tronando hasta que las energías del octogenario Frank se lo permitieron.

EN medio de las odas y los panegíricos cantados y los pésames de la Casa Blanca, el bruto de Ernest Borgnine fue el más elocuente: "Pucha, se nos ha ido uno de nuestros mejores productos". Borgnine y la colonia de Hollywood lo vieron resurgir de las cenizas de su matrimonio con Ava Gardner en 1953, afinar su laringe devastada y seguir gorjeando medio siglo. Lo vieron aspirar todos los chismes sobre su vida licenciosa, inflar el pecho y cantar con más aplomo que las estrellas del rock.

Su voz, espectacular e intensa, no dejará nunca de maravillarnos pero la muerte de Frank Sinatra de un paro cardíaco el pasado 15 de mayo a los 82 años, sí puso punto final a una vida espectacular e intensa. Patriarcal, bohemio y fiel a sus amistades licenciosas, el chico de Hoboken creció hasta ser objeto de un culto universal.

Sinatra fue el gran ídolo venal de la Primera Potencia. Fue amigo de todos los presidentes demócratas hasta que -tremendo giro que disimuló cantando- se pasó al bando republicano. (Quedó mal en la tienda demócrata cuando lió al presidente Kennedy con una amiga del mafioso Sam Giancanna). Así que Nixon lo recibió con los brazos abiertos para su campaña triunfal. Y "La Voz" siguió tronando hasta que encontró un republicano a su medida: Ronald Reagan, viejo cuate de los días del cine. Sinatra frecuentó la Casa Blanca hasta que se llegó a rumorear un affaire con Nancy, la primera dama. Pero el septuagenario Frank, al menos en las lides sentimentales, ya había sentado cabeza al casarse en 1976 con Barbara Marx. Musicalmente, su excepcional fraseo-que hasta el trompetista Miles Davis emulaba-se consolidaba como genial aporte, mas alla de cualquier etiqueta, a la cancion.

Francis Albert Sinatra fue un niño mimado en un barrio pobre (Hoboken, frente a Manhattan). Vio un filme con Bing Crosby y quiso emularlo. Derecha: con su amiga íntima Lauren Bacall.

Old Blue Eyes fue el guardián del rancio patriarcado americano y en cumplimiento de ese deber declaró que quería patear en el trasero a Sinead O'Connor por burlarse del himno nacional. Y que le rompería las piernas a Woody Allen por haber sacado la vuelta a Mia Farrow (esposa de Frank entre 1966 y 1968) con su hija adoptiva. Pero eso no es nada en comparación a lo que le quería hacer a Kitty Kelley por haber expuesto en el best-seller "A su manera" ( obvio juego de palabras con su emblemática canción "A mi manera") la ristra de chismes sobre sus francachelas orgiásticas con el Rat Pack (Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford) y sus relaciones peligrosas con la mafia. La voz tronaba para todos.
Imposible despedir a Sinatra sin evocar estas controversias que lo humanizaron demasiado y lo encumbraron tanto. Imposible no oír el contrapunto con esa voz eterna, diáfana e impoluta que sobrevive cualquier habladuría. (Fernando Vivas)