China Tudela


Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Pucha, Gajes de La Política
HIJA, lo logramos. Después de haber luchado como unas Marías Parado de Bellido, conseguimos horrores de firmas para el referéndum y te lo juro, o sea, si bien es cierto que cuando lees los planillones te das cuenta de que en el Perú ya no hay nadie (no sabes la cantidad de Chumbiaucas con los que te encuentras), o sea, lo que hay, es bien fiel, y eso me parece regio.
Bueno, el día que entregamos los planillones decidimos el kitchen cabinet del Foro ir a almorzar juntos y ahí me di cuenta de que si te metes en política tienes que atracar inevitablemente con el populismo porque terminamos, a sugerencia de Lourdes, en una cebichería de morondanga, pucha tomando un pisco sour que parecía agua de medias de cartero, una canchita que, o sea, tendrías que haberle visto la cara a mi tío Javier cuando se la metía a la boca y tenía que hacer conciencia de que no era un Beluga negro, y un cebiche que seguro era de jurel de la semana anterior, pero todo el mundo se sentía espléndido en olor a multitud, mientras el único olor que yo sentía era el del baño de hombres, hija, que me quedaba detrás de la silla, un asco.
Bueno, a mi costado estaba el primo Javier Diez Canseco, que como tú sabes, o sea él sí se desclasó regio, tanto que tenía puesta una camisa de cholo, rayadita, en polyester, que te lo juro que la soportaba con una naturalidad que yo decía, pucha, es como si yo viviera en Los Olivos y saliera todas las mañanas a la carretilla del panadero en sayonara amarrada con pita en el dedo gordo, con bata lila, rulero y rimmel de la noche anterior y me sintiera en profundo contacto conmigo misma, qué envidia.

Bueno, la cosa fue que al segundo infame pisco sour ese que te cuento, o sea, el primo Javier me dice, "compañera Lorena, me ha dado un dolor de cabeza terrible, ¿no tendrás un Tonopan?" Yo, que no tomo pastillas, volteé donde Borea, que estaba a mi otro lado y le transmití el encargo.
Borea, que no paraba de hablar con Lourdes se metió la mano al bolsillo y sin siquiera mirarme me extendió una pastilla, que yo a mi vez se la pasé al primo, pucha, advirtiéndole que no la fuera a tomar con ese trago porque hija, o sea, muy desclasado será pero los genes de la GCU (que nunca se cholean), son muy sensibles a la mala química.
Dicho y hecho, el primo Javier se zampa la pastillita y como a los cinco minutos, o sea, cuando el tío Javier me estaba ofreciendo la cartera de Educación para, o sea, que los chicos aprendan no solamente computación y premilitar, hija, sino también valores y algo de modales, o sea, siento una manito un tanto gélida que se me posa en el muslo derecho, pero como estaba de lo más concentrada, ay no sé, o sea, lo dejé pasar. Cuando en eso la manito empieza a subir y ahí sí que volteo y me encuentro con la caraza del primo Javier, pucha, con los ojos más de carnero degollado que nunca, hija, y un gesto de microbusero en veda en la boca que te lo juro, o sea, pensé, "si nuestra común bisabuela Florencia Rey de Castro de Cisneros viera lo que yo estoy viendo, pucha, incendiaba nuestra hacienda con ella adentro", no sabes lo que era.
-"¡Javier, saca la mano si no quieres que toda la gente que repleta este bulín se entere de que estás tratando de violarme en la celebración del millón doscientas mil firmas!" -le dije chirriando la voz.
Pero nada, hija, el otro ya no solamente metía mano sino que arrimó pierna y eran unas frotaciones que te lo juro, o sea, yo estaba espantada y mientras tanto, o sea, el almuerzo iba viento en popa y felizmente nadie se daba cuenta de lo que pasaba con el primo. Lourdes en un momento se levantó (tenía puesto un modelito de percala blanca que te lo juro, o sea, se la veía más prolijita que una de esas lavadoras Hoover de los cincuentas) y propuso un brindis contra El Innombrable y su collera y yo me paré también para personalizar mi brindis por Martucha, ag, sintiéndome capaz hasta de tomar otro sorbo del pisco sour ese. Cuando qué te crees, a la hora de sentarme, pucha, sentí un cuerpo debajo del mío y era ni más ni menos el primo, pucha, que se había pasado a mi asiento para que yo le caiga encima pero ahí sí que no aguanté y lo mandé a Zumaeta a buscar un médico porque en ese plan, pucha, lo que yo hasta ese momento creía que era el shock del Tonopan con el alcohol, iba a liquidar al primo.
Cuando qué crees, en eso Borea voltea y me mira, pálido como una raspadilla sin jarabe. Se mete la mano al bolsillo como buscando algo con desesperación y me dice:
-"Chinita, cuando te di la pastilla, ¿te fijaste si era una azulita en forma de rombo, bien chiquita?"
-"Sí, Tito", -le contesté adivinando lo que se venía- "creo que vamos a tener que darle una licencia sin goce de haber al primo hasta que se le pase el efecto de tu Viagra porque si no, o sea, las damas de este luchador movimiento político tendremos que caminar apoyadas contra la pared, no sé si me entiendes".
Menos mal, hija, que el efecto de la pastilla sólo duró una hora y regio, o sea todo volvió después a la normalidad. Pero que la política es complicada, lo es, qué duda cabe. Ya te cuento. Chau, chau.