Cine-TV

Luces y Secretos
El confuso panorama de la telenovela nacional
Por FERNANDO VIVAS
ANTE la profecía autocumplida del "Apocalipsis" (unas semanas de magra audiencia adelantaron su día del juicio) el aparatoso lanzamiento de "Luz María" parece un acto de demostración de fuerzas. Ambientación prolija para los stándares televisivos, cast panamericano (Perú, Colombia, Venezuela, México), Delia Fiallo reciclando un viejo hit y amplia difusión de la bucólica escena sobre la que desenrollará la gorda madeja: Señorito Christian Meier, entre lascivo y divertido, jugando con los trapos de la campesina Angie Cepeda mientras se baña en el río. En una novela brasilera la chica hubiera estado calata pero no importa, aquí pesa la época (Perú, 1894), la pacatería de doña Delia y el pudor de la noviecita de Diego Torres. El agua del río Chillón estaba tan fría que se congeló parte de la coquetería indispensable del momento, pero los extractos que hemos visto, muestran, más adelante, intercambios más convincentes con la venezolana Rosalinda Serfaty y la peruanísima Teddy Guzmán.
Denise Novell, Simón Pestana y Daniela Serfaty, triángulo de "Secretos".
Mientras el 4 confirma que la inversión sustantiva sólo la justifica el mercado regional, Iguana Films busca reponerse de su mayor trapiés de los '90. "Apocalipsis" demostró que cualquier desviación de los finos parámetros de casa -novelitas juveniles rosa o intrigas en ambientes liberales- puede acabar mal. Así que salen este lunes sus últimos "Secretos" con affaires en salones de belleza, bufetes de abogados pitucos y el mundo de la música, retomando los cauces de "Escándalo". En menor escala que José Enrique Crousillat, Iguana también apunta al mercado regional. Una ironía más de Frecuencia Latina ha sido que el equipo de Michel Gómez lograra -firme este sí en sus parámetros melodramátcos de clase media arribista- cautivar a la clientela del mediodía con "La rica Vicky" para entrar luego en un receso creativo.
Por su lado, Humberto Polar en el 5, ha intentado remozar su blando enfoque del género condimentando su "Gabriela" (basado en viejo proyecto "Cría cuervos") con intrigas de ascenso social y amores a destiempo (la titular se enamora del hijo de su padrastro que a su vez...) aunque se extraña todavía la frescura y el desenfado de otros competidores. Confuso panorama con picos inadvertidos y caidas avisadas del que se puede sacar una lección de perogrullo: Para hacer telenovelas en el Perú no hay más que ponerse en contexto.

Por CHRISTIAN MEIER
"Veo cueros y duermo como un ángel".
Cuando trabajo tengo muy poco tiempo para ver tv. Despierto a las 6a.m. con "Primera edición", me baño y cambio mientras escucho a Federico y a Sol (soporto los chistes de Trisano sólo porque espero a que pase los goles de la jornada). A las 7a.m. salgo al trabajo, en el que permanezco todo el día hasta que llego de nuevo a casa a las 9p.m. De 9 a 10 como, paseo a Oliver (el perro) y estoy con mi hijo. Si puedo ver tv veo a Hildebrandt. De 11 a 12 es la hora del zapeo: paso por HBO Olé, por Music 21 que pasa música buena y ad hoc para la hora que es, un poco de E! (menos el "Gossip show" porque todas las huevadas que dicen ahí son palo). "Inside the Actors Studio" en Films & Arts es un buen manual de trabajo para los actores. Los sábados trato de no perderme "Magaly TV" porque es entretenido y no salgo antes de las 10p.m. porque tengo que ver "Risas en América". El domingo sólo veo a Gonzalo Quijandría por la mañana y a Nicolás Lucar por la noche, a menos que haya un buen estreno nocturno en HBO Olé. Y, por último, para dormir programo el televisor en sleep, pongo el Canal 33, veo "Cueros" y duermo como un angelito.
Tiempo de Pelotas
Micki Rospigliosi, el comentarista destemplado.
El Veco y la dosis de templanza.
Si no hay una copa hay un clásico y si no hay un clásico hay un amistoso. Las pelotas no cesan nunca de rodar y ahora -Dios coja confesados a los que no somos afectos al bombo futbolero- se nos viene un Mundial. Ocasión para volver a poner sobre el tapete el tema de la prepotencia cultural de los que creen que a todos nos importa por igual aquello que los vuelve locos. Desde el barrista bravo que lo persigue la ley (sin convicción) y lo apaña la prensa deportiva (con disimulo) hasta el ciudadano que alza el volumen de la voz y de su televisor alterando la rutina ajena, sólo porque se esta jugando el prolegómeno de una predefinición que ni siquiera es un desempate, hay un abuso de confianza a la que también provoca decirle !basta ya! Y la tv es el principal vehículo de este abandono a las patadas. Vean sino a Micki Rospigliosi, con todas las ínfulas que se pueden almacenar en su buche sagrado (porque lo heredó de su padre, el intocable Pocho que es el non plus ultra de la tradición pelotera nacional y, serrucharlo, ha sido para el Veco su indeleble estigma) quejarse de que, en el último clásico U-Alianza, hubieran tantos policías en el estadio ¿Qué pretendía? ¿Qué se confíe en el noble espíritu de la hinchada, qué se de patente de carnaval a las barras bravas para que salgan a expandirse alegremente por el barrio, qué linchen al árbitro que según él no vió nada de lo que él vió? Disculpen la diatriba que ella no es contra el deporte -espléndido y zanahoria en sí mismo- sino contra el bombo oficial y a la vez bárbaro que lo acompaña. Y lo menos que se puede exigir a los profesionales de la prensa deportiva -entre los que hay varios que saben administrar responsable y creativamente sus pasiones- es que se comprometan a no azuzar a la hinchada destemplada.
Picotazos
-"Ay Naamin, Naamin, ¿tú usas mochita o suspensor?
Carlos Alvarez, en imitación de César Hildebrandt, entrevistando a Naamin Timoyco.